Plaza Nueva | Aurora Atoche

“Abrimos un colegio en las antiguas cocheras de Tussam”

  • Diputada en tres legislaturas, Monteseirín la llevó de número dos en 2003 l La ley de Grandes Ciudades le dio facultad para presidir los plenos l Implicada en la erradicación de la pobreza en Honduras

Aurora Atoche, en la sede de Caixabank, donde fue a hablar del proyecto de Honduras. Aurora Atoche, en la sede de Caixabank, donde fue a hablar del proyecto de Honduras.

Aurora Atoche, en la sede de Caixabank, donde fue a hablar del proyecto de Honduras. / Víctor Rodríguez

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ESTA profesora de Francés fue primero concejal en Alcalá de Guadaíra y veinte años después en Sevilla. Entre tanto, Aurora Atoche (Utrera, 1948), fue diputada autonómica en tres legislaturas. Tres hijos. Seis nietos.

–De pueblo y del mundo...

–Con Manuel del Valle fuimos a Guadalajara, México, para el hermanamiento con Sevilla. Llevamos en la delegación a Manolo Sanlúcar,Isarel Galván, Pedro Robles. La llave de Guadalajara la traje yo y está en el Ayuntamiento.

–Fue de número 2 en las listas.

–En las autonómicas también. En 1994 fui la primera mujer delegada de Asuntos Sociales, eran todos señores. Lo que después he hecho en Honduras lo hacía en los tres barrios más pobres de Sevilla. Seguía los principios del paradigma crítico. Investigación-acción.

–¿Llevó el francés a la política?

–En Alcalá de Guadaíra hermanamos la localidad con Questembert, en la Bretaña francesa. El intercambio lleva ya 35 años.

–¿Por qué no agotó toda la legislatura?

–Me fui seis meses antes, a finales de 2006, por una propuesta de la Iglesia como directora de la Obra Social y Cultural de Cajasur. Dejé la familia en Alcalá y me fui a Córdoba. Pero antes tenía que terminar mi labor en el Ayuntamiento.

–¿En qué sentido?

–Sevilla Este no tenía ningún centro público y abrimos un instituto y dos colegios con todos los servicios de comedor, bilingüismo. Abrimos un colegio en las antiguas cocheras de Tussam. La educación es el motor que transforma la sociedad. No tengo ninguna responsabilidad política, pero mi compromiso social sigue intacto.

–¿Qué cambios introdujo como delegada de Innovación?

–Creamos el teléfono 060, la página web, la firma electrónica. Con Paula Garvín conseguimos en los centros cívicos la alfabetización digital de los vecinos. Organicé Tecnimap, un evento tecnológico que trajo once mil visitantes que dejaron seis millones de euros.

–Dicen que es una pionera.

–Fui hasta rey Gaspar, reina maga, en la cabalgata de Villanueva del Río y Minas. Al aprobarse la ley de Grandes Ciudades, fui la primera mujer que presidió un pleno en ausencia del alcalde.

–¿Cómo surge su vínculo con Honduras?

–Gracias a Aguas Santas Ocaña, una sevillana de Brenes que llegó a ser primera dama de ese país. Se puso en contacto con la alcaldesa de su pueblo, Elena Nimo, que había sido delegada de Educación, y con ella, Nazaria Moreno y Tina González, que en paz descanse, viajamos a aquel país. Nos enseñó la cruda realidad. Después ella vino y estuvo con su marido en el Corpus. Aguas Santas está en Argentina y preside una Fundación para Honduras. Ahí seguimos. Con instituciones y justificando hasta el último céntimo. Ahora todo el mundo dice que hay que actuar en el origen y no en el destino, yo llevo 17 años diciéndolo.

–La mayoría de los que van a Estados Unidos son hondureños.

–Salen de su país huyendo de las maras. En nuestra última visita íbamos con un coche blindado delante y otro detrás.

–¿Coincidió con Mauricio Domínguez-Adame?

–No sólo me ayudó en asuntos del protocolo, sino en los valores de la cultura sevillana. Mi cariño y mi respeto a su familia. Mauricio decía que mis bodas eran muy requeridas, que tenía mucha clientela. Y es verdad. No sé a cuántos casé. Les ponía poesía y música.

–¿Hoy verá las elecciones desde la barrera?

–Nunca se retira una del todo. Soy con Amalia Gómez una de las dos vicepresidentas de la asociación de ex diputados andaluces que preside Bernardo Bueno. La única comida a la que fueron todos en el Ayuntamiento, que no quedaban ni para verse en Navidad, fue en mi despedida. Jaime Raynaud me dedicó un discurso precioso.

–¿Y su apego al francés?

–Es una historia muy bonita. Con ocho años volvió a Utrera un vecino que en la guerra se exilió a Francia. Le decíamos don Blas y daba clases de francés a los universitarios en la calle. Me sentaba en un poyete a escucharle y le dijo a mis padres que tenía mucha facilidad. En el colegio las niñas decían: Aurorita sabe hablar francés.

–¿Alguna pena municipal?

–La historia del asentamiento de los Bermejales. Lloré mucho. Los trabajadores municipales de Servicios Sociales y Educación hicieron un trabajo formidable que se desbarató cuando se les dio el dinero a los chabolistas. Se fueron al Polígono Sur y también fastidiaron el proyecto de ese barrio. Un plan muy ambicioso que llegaba hasta el Vacie. Soy persona de gestión con método, y eso en política no es muy frecuente. Estaba al frente de la alcaldía cuando se produjo la explosión de las Letanías el 14 de agosto de 2003.

–¿’La Cartuja de Parma’ o ‘Madame Bovary’?

–Siempre La Cartuja.

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