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Incendio Vilima

"Echaron el resto ese día, el Casco Antiguo se habría volatilizado"

Juan Carlos del Toro, por la calle Lineros, con Vilima al fondo. Juan Carlos del Toro, por la calle Lineros, con Vilima al fondo.

Juan Carlos del Toro, por la calle Lineros, con Vilima al fondo. / Víctor Rodríguez

Bombero, hijo y yerno de bomberos, Juan Carlos Del Toro (Sevilla, 1968) cumplió 50 años el 29 de junio. No tenía el mes cuando perdió a su padre, Joaquín del Toro Anta; junto a Francisco Rivero Pérez, que también tuvo un hijo bombero, murió en el incendio de Vilima del 27 de julio de 1968.

–¿Cómo los ve ahora?

–Echaron el resto ese día; el Casco Antiguo se habría volatilizado. Con los medios y la red de aguas de aquella época.

–¿Por él se hizo bombero?

–Soy el pequeño de cinco. Mi hermano mayor lo intentó, mi madre le quitó la idea y terminó en la banca. Yo a mi madre no le contaba casi nada. Tuve un accidente en mi segundo salto de paracaídas, me quedé atrapado en una grúa de Tablada, y se enteró porque se le escapó a un hermano.

–¿Iban juntos en la vida?

–Eran dos familias humildes. El otro bombero vivía en la calle Tordo, barrio de Los Pajaritos, y nosotros en la calle Candela, en las Candelarias. Las familias iban juntas a la playa.

–¿De quién parte la idea de una plaza con su nombre?

–No soy persona de homenajes ni de despachos. Tuve un accidente en el servicio, 12 de febrero de 2015, caí de una cuarta planta a una segunda apagando un fuego en las Tres Mil Viviendas, en esos bloques que son trampas. Pasé tres veces por el quirófano, salí con ocho fracturas diferentes y seis semanas de rehabilitación. Mi madre se enteró por la radio sin oír mi nombre. Tienen un sexto sentido.

–Su madre se quedó al cuidado de cinco niños...

–Estuvimos a punto de no ir el día del acuerdo plenario de la plaza. Estaba muy delicada, tenía una hemiplejía del día anterior. De hecho, eso fue el 26 de febrero, ella murió el 10 de mayo y la plaza sigue durmiendo el sueño de los justos.

–¿Se lo comentó al alcalde?

–Se lo recordé cuando nos distinguieron por rescatar a una chica en una viga de cuarenta centímetros de la Ronda Urbana Norte. Me habría hecho ilusión que se hiciera el 8 de marzo, San Juan de Dios, patrón de los bomberos.

–La plaza con su nombre irá junto a la estación de Cádiz...

–Mi primera propuesta era en la calle Rastro y la fachada del Parque en Demetrio de los Ríos, pero dijeron que afectaba a un número por lo de la memoria histórica. No lo entiendo, cambian el nombre del general Merry, que estuvo en la guerra de Cuba, por el de Pilar Bardem, afecta a un montón de bloques y en nuestro caso se resisten porque le afecta a un número. Con motivo de una remodelación del Parque, estuvieron a punto de quitar la placa. Monté en cólera. Había una propuesta para darles calles separadas. Murieron juntos y tenían que estar juntos.

–¿Qué distinguía a su padre?

–Fue de los primeros buzos profesionales de Sevilla. Sus compañeros pensaban encontrárselo ese día agarrado a un saliente, tenía una agilidad felina.

–¿El espejo en el que se mira?–Siempre me he mirado en él, pero estar a la altura de mi padre es muy complicado. Ese día lo llamaron, no se quedó fuera, entró. Estuve tres semanas en Haití después del terremoto y el día del derrumbe del Bazar España me vine desde la Sierra de Alájar.

–¿Dejaron escuela?

–Yo he empezado a conocer a mi padre después, mi madre no soltaba prenda. Entré de bombero en 1989, gente de su quinta me contaban lo bromista y arrojado que era. Eran del pañuelo en la boca y el hierro para adentro.

–El 11-S fue el Gólgota de muchos bomberos.–Murieron 343 bomberos. Hubo unidades como la de Rescate de Manhattan que cayeron todos. Parece un tópico, pero cuando la gente está saliendo por la puerta, tú estás entrando. A mí no me gusta la palabra héroe. Somos profesionales que conocemos nuestros riesgos. Por eso me hace mucha ilusión estar de guardia el 27, cincuenta años después.

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