Sevilla

Gobernar a fuerza de inercia

  • PSOE e IU superan sus primeros doce meses de gestión con un saldo irregular · Casi todos los hitos de su agenda política devienen del mandato anterior · La pugna orgánica de los socialistas concentra las energías

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Un gobierno local que circula a ralentí. Con el motor todavía en marcha. Pero cada vez con algo menos de intensidad por efecto reflejo del acelerón electoral al que fue sometido en la última etapa del anterior mandato municipal. El balance político que arrojan los doce primeros meses de gobierno de la coalición PSOE e IU, que gobierna Sevilla desde 2003, es del género agridulce. Prácticamente no ha conseguido salir de la atonía en la que entró casi nada más constituirse formalmente, con Monteseirín presumiendo de haber pasado a la historia -como único regidor ejerciente hasta en tres ocasiones; victoria electoral sólo ha tenido la de hace cinco años- y los ediles de IU jugando el papel de guardianes de las esencias de un pacto de gobierno -Por la mayoría social de Sevilla- cuyos compromisos no se han hecho realidad en este tiempo.

Tienen todavía por delante tres años más, aunque lo visto en este tiempo no induce al optimismo, ya que en sólo doce meses el ejecutivo que preside Monteseirín no ha sido capaz siquiera de cumplir en tiempo y forma con la ejecución de muchos de los proyectos que procedían de su anterior etapa de gobierno. Entre ellos los más simbólicos: las reformas de la Encarnación y la Alameda, que suman retraso tras retraso (en algunos casos, como el del bulevar, del todo inexplicable); el viraje dado en el proyecto global de transformación del entorno de la Alfalfa (que llegará al Salvador con una estética distinta) o el parón que padece el proceso de peatonalización de ciertas zonas de la ciudad (el centro, pero también la calle Asunción, en Los Remedios) o la incapacidad del ejecutivo local para convencer a comerciantes y vecinos de que el cierre al tráfico del casco histórico únicamente les traerá beneficios. Un proyecto éste, además, que ha quedado congelado hasta que el contexto político mejore y el Consistorio sea capaz de armar las alternativas de movilidad de su propio Plan General.

Iniciativas nuevas apenas si se conocen. Incluso las ocurrencias -como la creación de un nuevo acceso al Alcázar por la calle San Fernando- han quedado en el tintero. Tangenciales son en todo caso logros como que se inicien los estudios técnicos de la SE-35 -ningún Consistorio ha abordado por sí mismo grandes infraestructuras viarias desde 1992- o el inicio de las obras de Fibes, a las que poder calificar de éxito se antoja harto difícil debido al dilatadísimo retraso que acusa este estratégico equipamiento. Lo que está en marcha viene de atrás y, en muchos casos, acusa una demora excesiva.

El discurso oficial, sin embargo, no se ha modificado un ápice. A falta de cimientos más sólidos con los que poder argumentar que el nuevo mandato municipal supone una etapa renovada en la vida de la coalición PSOE e IU -que al tiempo que este mismo aniversario celebra ya el lustro de vida- Monteseirín señaló ayer que durante estos doce meses el tiempo se ha usado en fijar "las bases del cambio" y volvió a echar mano del discurso del "modelo de ciudad" que dicen tener los socialistas y los ediles de la federación de izquierdas. Extraña sin embargo tal aseveración si se tiene en cuenta que este canon urbano ya se fijó entre 1999 y 2003 con el Plan Estratégico y el inicio del Plan General de Ordenación Urbana, sancionado durante el pasado mandato. Un Plan para quince años. Sobre lo que se reflexiona ya está escrito.

¿Qué explica pues esta falta de pulso? Aparentemente no hay otra causa a la vista más que la pugna orgánica en la que viven inmersos los socialistas. IU vive relajada. No puede alegarse un periodo de encaje entre los equipos de gestión. Casi todos proceden del mandato anterior. Episodios expresivos a este respecto ha habido varios: el más sonado, la salida del Ayuntamiento del secretario general del PSOE de Sevilla, José Antonio Viera, al que Monteseirín redujo a un papel secundario. Viera se fue. Pero dejó en Plaza Nueva a fieles que, aunque en apariencia integrados, juegan un papel bastante menos activo. Desde entonces toda la atención municipal, al menos desde el prisma socialista, se ha centrado más en usar la institución para intentar ganar el próximo congreso provincial de julio que en gobernar. De ahí que no haya balance posible que hacer. Todo es pugna orgánica. Ahora toca.

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