Juan Espadas | Alcalde de Sevilla “En turismo no vamos a cometer los mismos errores que Barcelona”

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, posa en el balcón de su despacho tras la entrevista. El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, posa en el balcón de su despacho tras la entrevista.

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, posa en el balcón de su despacho tras la entrevista. / Juan Carlos Muñoz

Está en estas fechas en ese ritual, ya tan clásico en política, de cumplir los cien primeros días en la Alcaldía tras su victoria en las elecciones municipales del 26-M. Cien días que hay sumar a todo el mandato anterior. Juan Espadas revalidó el cargo. Y con la idea de que lo dejará cuando acabe este segundo período lo ha emprendido con el objetivo de culminar –o al menos dejar encarrilados– proyectos clave para la ciudad. Pero antes, hay que darle más lustre a Sevilla. La limpieza –o su falta de ella– ha sido protagonista de la bronca política y del debate ciudadano en estos primeros cien días.

–¿Comparte la idea de muchos de que Sevilla está más sucia?

–Todo es mejorable, pero la alarma social que algunos intentan crear, principalmente el PP, no es cierta. ¿Significa esto que el alcalde se pone de perfil o se conforma con la situación? No, el alcalde es un inconformista nato y piensa que cualquier servicio que prestamos a los ciudadanos es mejorable.

–Y el de la limpieza lo es.

–Para eso hacen falta dos cosas, sin duda más recursos y los que tenemos organizarlos con más eficiencia. La limpieza de la ciudad es una cuestión de percepción y que se puede objetivar. Desde 2014 el Ayuntamiento tiene mensualmente contrastado con una consultora externa, en un análisis basado en la percepción de los ciudadanos, calle a calle, barrio a barrio, que la media de la limpieza en la ciudad ha mejorado. Si como alcalde siguiera estrictamente este dato no me preocuparía. Porque es mucho más exhaustivo que cualquier barómetro o encuesta puntual. Pero el modelo de limpieza viaria que impuso el anterior gobierno de Zoido y que nosotros intentamos mejorar con más personal hasta donde la limitación legal lo permite y con negociaciones con los sindicatos, ha tocado techo.

–¿Qué va a hacer entonces?

–Hemos aceptado propuestas de los representantes de los trabajadores, que no sabemos si serán la solución. Pero hemos de aceptar el reto. Y lo aplicamos en la zona Norte. Y lo evaluaremos, no sólo la dirección de Lipasam, sino sobre todo los vecinos, que son los que nos van a decir si hay que cambiar el sistema.

–¿No cree que el PP, como grupo de la oposición, ha hecho lo que debía, alertar de la situación?

–Introducir el debate de la limpieza de la ciudad, si se hace con honestidad política, es positivo. Porque se abre un debate y un análisis sobre la conciencia cívica, la gestión de los residuos, el reciclaje, cómo manejar la cultura urbana en el mantenimiento de los espacios públicos, etcétera. Así se consigue una ciudad medioambientalmente más correcta, pero no es un arma para embarrar el terreno. Y esto es lo que hace el PP. Ya lo intentó en la campaña electoral. Pero le ha salido mal la jugada de crear una atmósfera bajo la que la ciudad está sucia y plagada de ratas. Eso no se lo cree nadie.

–¿Una posibilidad de mejora puede pasar por externalizar parte del servicio?

–Cuando el PP da esa mala imagen de Lipasam lo que hay detrás es una apuesta por privatizar el servicio de limpieza. Aunque hagan creer que sus críticas es sólo un ataque al alcalde. Nosotros defendemos férreamente que el servicio sea público al 100%, pero es factible y así lo planteamos a los representantes de los trabajadores y en el seno de esa comisión que he citado antes, que si no se va a flexibilizar la contratación de empleos para Lipasam y tenemos que seguir contando con la misma plantilla, probablemente debamos externalizar ciertos servicios, como la limpieza de contenedores o el desbroce de solares, y así Lipasam se concentraría en la limpieza viaria. Se trata de una reorganización, pero ojo, sin prescindir de nadie, y desde luego sin privatizar Lipasam.

Entrevista con Juan Espadas (Lipasam) / ANTONIO PIZARRO

–Uno de los objetivos de su anterior mandato, la ampliación del tranvía, se frustró por diversas razones. ¿Saldrá adelante en este?

–Hay en la Junta un Gobierno del PP y Ciudadanos, y hay que hablar con él. Ahora se verán las veleidades del grupo municipal del PP a la hora de bloquear un proyecto como el tranvía, que sólo persigue culminar un proyecto que estaba en marcha. Su prolongación debe culminar en el casco antiguo y permitir un anillo como en las principales ciudades europeas. No es una innovación de este alcalde. Es completar y hacer eficiente una infraestructura que lo será cuando tenga el volumen pasajeros que le corresponde.

–¿Está convencido entonces de que saldrá adelante?

–La desagradable sorpresa de febrero, antes de las últimas elecciones municipales, se va subsanar: ahora con quien tengo que pactar un acuerdo de infraestructuras para Sevilla es con un Gobierno en la Junta del PP y Ciudadanos. Y tengo buenas perspectivas. Mi principal objetivo es que en Sevilla las infraestructuras dejen de ser de una vez por todas motivo de confrontación política. Lo que hay que hacer es definir una hoja de ruta con las líneas prioritarias del Metro, cómo financiarlas, cómo conectar la red de autobús y de tranvía con esa red de Metro, el Cercanías y la conexión con el aeropuerto...

Entrevista con Juan Espadas (Tranvía y Metro) / JOLVID20190921_0010

–Parece pues que hay buena sintonía con la Junta a pesar de ser de otro color político.

–Eso está por ver. Pero el diálogo ha sido constructivo y espero que se refrende en un acuerdo que veo viable. Y esto va a sacar fuera de juego al grupo municipal del PP. El cambio es que el PP es ahora Gobierno, no oposición. Y cuando uno está en el Gobierno y tiene responsabilidades deja de referirse a cosas inejecutables como por ejemplo que construyamos todas las líneas de Metro a la vez, que ni siquiera las prioricemos. Esto se ha oído en el salón de plenos del Ayuntamiento y esto va a inhabilitar al grupo municipal del PP. Creo en la altura de miras del presidente de la Junta y estas cuestiones van a dejar de ser motivo de debate en los plenos del Ayuntamiento.

–La financiación para la ampliación del tranvía iba a llegar a través del Banco Europeo de Inversiones (BEI). ¿Esa puerta sigue abierta?

–Sevilla se ha convertido en una de las ciudades más atractivas de la Unión Europea para captación de inversiones en fondos europeos. Es la ciudad española con más proyectos con financiación europea, en cuantía, en marcha. Pero con el BEI hemos preferido priorizar ahora la vivienda y en los próximos días voy a firmar un préstamo por 40 millones de euros para financiar una buena parte del Plan Municipal de Vivienda. Esto es una prioridad para nosotros. Y hemos preferido que también lo sea para el BEI con respecto a Sevilla. ¿En infraestructuras? Lo primero es alcanzar un acuerdo político. No se puede ir a Bruselas a pedir dinero sin un acuerdo político. Allí hay que llevar un plan concreto del Metro, del tranvía, del cercanías, de movilidad eléctrica... Y esto necesita el acuerdo de todas las administraciones, del Ayuntamiento y de la Junta, pero también del Estado.

–¿Y para el Metro, llegará ese acuerdo en este mandato?

–Está en marcha una comisión técnica con unos primeros contactos entre el viceconsejero de Fomento y el delegado de Hábitat Urbano para fijar criterios técnicos y económicos, al margen del debate político, para analizar cuáles son las prioridades.

–¿Se puede hablar de plazos a los sevillanos?

–El acuerdo en materia de infraestructuras puede estar cerrado a nivel político en los próximos seis meses. Es perfectamente factible si la comisión técnica es capaz de priorizar qué tramos son los más acertados. La Junta tiene que actualizar proyectos, y necesitará los años 2020 y 2021, y hay que ver cuáles son los prioritarios. Yo me conformaría con un documento firmado por el presidente de la Junta y el alcalde con la conexión con el aeropuerto, la SE-40, la línea 3 y la conexión de la 2 hasta tal o cual punto. Esos son los elementos capitales. A partir de ahí la comisión técnica fijará el cronograma, plazos presupuestarios y prioridades para poder ir a Bruselas...

–¿Cómo es posible que una ciudad como Sevilla –la cuarta de España– carezca aún de esa conexión con el aeropuerto?

–Es incomprensible que esta obra no se haya priorizado ya por la Administración del Estado. Pero esto ha sido porque este gobierno municipal ha sido el primero en creer que el aeropuerto podía alcanzar las cotas a las que ha llegado. Esto tengo que reivindicarlo. La apuesta por el turismo en esta ciudad, que algunos todavía ven con recelo, es el auténtico motor económico. Es el faro que está haciendo que Sevilla sea conocida y atractiva, una ciudad de la que se habla porque se están haciendo cosas. Y una mayor conectividad aérea es clave, ha convertido a un aeropuerto mortecino y sin interés al que no se quería conectar con la ciudad en algo imprescindible. Antes no se creía en la capacidad de atraer pasajeros al aeropuerto de Sevilla, y ahora está en 7 millones. Esa obra se va a hacer, y pronto. Va a ser la primera que va a salir del acuerdo con el Ministerio de Fomento, el Cercanías con el aeropuerto.

–Turismo. La polémica de la limpieza queda en nada si la comparamos con la de este fenómeno por las dimensiones que está tomando en una ciudad como Sevilla, donde no son pocos los que critican que se fomenta el turismo mochilero y sin control.

–Hay en marcha 15 proyectos de hoteles de primer nivel, de cuatro y cinco estrellas. ¿Eso es promover turismo mochilero Eso es lo que algunos dicen, los que disfrutan de una ciudad –ojo, a la que aman– si vienen menos visitantes de los que están viniendo. Es un prototipo de sevillano que ven la ciudad en sepia y la quieren seguir viendo así, porque creen que así está mejor conservada, que no ase alteran sus esencias. Lo puedo comprender, pero no lo comparto.

Entrevista con Juan Espadas (Turismo) / JOLVID20190921_0009

–¿No corre Sevilla el riesgo de acabar como Barcelona o Venecia, de ahogarse en ese éxito?

–No vamos a cometer los mismos errores que Barcelona o que Venecia. Es imposible conseguir algo que queríamos hace tres años y pensar que ya nos ha desbordado. Esto no ocurre en Sevilla. Eso es lo que piensan algunos sevillanos, pero estoy seguro de que la mayoría está a favor de lo que está ocurriendo y de ver cómo la ciudad se mueve y está en condiciones de atraer inversión, y de la mano del turismo está consiguiendo ser un foco internacional. Además, las inversiones que se han hecho en el casco urbano, en buena parte para alojamientos hoteleros y de restauración, se han acercado a los 70 y 100 millones de euros. Si no se hubiera invertido eso tendríamos un montón de inmuebles para demoler y tendríamos un casco urbano mucho peor del que tenemos en la actualidad.

–¿Entonces sólo se rehabilitan edificios para convertirlos en hoteles?. ¿No va a haber una saturación? ¿Y para vivienda?

–No hay saturación de hoteles. Estaba todo parado y bloqueado en materia de gestión urbanística. ¿Cuántas licencias de obra hubo entre 2010 y 2016? ¿Eso es lo que queremos? Ha habido un proceso de recuperación de seis años en los que no hubo en materia de rehabilitación y de construcción ni una licencia. Ahora hay la posibilidad de invertir en establecimientos hoteleros de primer nivel y en alojamientos turísticos. Pero estos no son los únicos usos que queremos para el centro. No queremos que se pierda más población residencial ni que se expulse al residente original, básicamente en el centro y en Triana, y por eso vamos a defender una ordenanza que limite los alojamientos turísticos.

–¿Por eso, entre otros motivos, defiende la tasa turística?

–Los ayuntamientos tienen que financiar los servicios que prestan. Si el turismo crece, genera una mayor prestación de servicios, así que la ciudad necesita más recursos. Y esa tasa es una figura impositiva para los municipios turísticos con unas características especiales que debería permitir la propia Ley de Haciendas Locales, según la comisión de expertos que auspició el propio Cristóbal Montoro. Es una habilitación legal disponible para las ciudades que la necesiten. Mírese el caso de Lisboa.

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