Obituario

Muere Hugo Galera, el catedrático, médico y emprendedor

  • Fue un profesional de la Medicina que apostó más por la gestión que por el trato directo con el paciente. Exquisito en las formas, presumido, galán y orgulloso de su condición de bético

Hugo Galera, catedrático, médico y emprendedor Hugo Galera, catedrático, médico y emprendedor

Hugo Galera, catedrático, médico y emprendedor / M. G. (Sevilla)

Catedrático, médico, empresario y muy bético. Se murió Hugo Galera Davidson (Tenerife, 1938), el canario que se afincó en Sevilla y arraigó en todos sus círculos sociales. Falleció en el hospital Infanta Luisa de la calle San Jacinto. Fue hombre enérgico, que siempre se tuvo por guapo y, por lo tanto, con una innegable veta de presumido. Jamás pasó desapercibido. Ni por su fondo ni por su forma. Unos lo vieron siempre como una persona segura y arrolladora, otros como distante y con cierta arrogancia. Estuvo activo hasta poco tiempo antes de morir, acudiendo a encuentros con amigos y atento a la actualidad, sobre todo de su amado club verdiblanco. Le encantaban los almuerzos con sobremesa con profesionales de la información o de su gremio de galenos.

No hace mucho tiempo mantuvo uno en el Aeroclub con médicos prestigiosos como Ramiro Rivera o Carlos Infantes. Entonces sufría una enfermedad que no le impidió estar lúcido y emitir valoraciones ajustadas sobre la evolución de la sanidad privada y otros aspectos de la actualidad. Galera jamás perdió el acento canario ni la capacidad de los hombres trabajadores que están en planta antes del comienzo de los principales informativos de radio. Su vida ha dado para multitud de leyendas. Lo propio de alguien hacendado, elegante y tenido por muy agraciado. Suya es la frase con la que explicaba su fama de acaudalado: “Vivo exclusivamente de mi trabajo”. E incluso su éxito como médico y empresario: “Tengo el mejor hospital privado de Despeñaperros hacia abajo”.

Hugo Galera Hugo Galera

Hugo Galera / M. G. (Sevilla)

Ser catedrático de Anatomía Patológica no le generaba proyección social en una ciudad que para el triunfo definitivo parece exigir cierta proyección en los medios y en determinados ámbitos. Su actividad profesional se basaba en mucho trabajo en laboratorio, mucho microscopio y numerosas horas de estudio e identificación de las células y la observación de su comportamiento.

Galera ha tenido siempre mucha fuerza personal, un ego que ha sido siempre su motor. Sus compañeros le reconocieron siempre una innegable capacidad para elevar el grado de conocimiento de una especialidad o incluso de una institución por medio del tirón de su carácter, ese valor añadido por el que, por ejemplo, la Academia de Medicina disparó su actividad en los años en que fue presidida por este catedrático. Por cierto, pagó el precio de no apoyar al cónyuge de una importantísima política de PSOE andaluz. La Academia perdió la subvención de la Junta. Sus relaciones con Rafael Álvarez Colunga y el doctor Jesús Loscertales fueron claves para entender su faceta como empresario. Galera compró la clínica trianera de la Cruz Roja, invirtió una ingente cantidad de dinero en su modernización y terminó por venderla. Presumía en los almuerzos con amigos de que sus servicios médicos tenían más encargos al año (biopsias, citologías, etcétera) que el Hospital Virgen del Rocío.

Hugo Galera Hugo Galera

Hugo Galera / M. G. (Sevilla)

Lo suyo siempre fue la gestión más que el trato directo con el paciente. Siempre necesitó vivir con pasión, con intensidad. No era de los médicos que dedicaba tiempo a dar una mala noticia a un paciente. Su pasión siempre fue el Betis. Cuando quiso buscar la relevancia social que no daban las células, eligió el mundo del fútbol en lugar de la presidencia del Colegio de Médicos, como hubiera sido el deseo de algunos de sus compañeros. Hasta hace poco ha comprando acciones del club del que fue presidente, de cuya junta directiva salió huyendo ante los modos y el estilo personal del entonces ya inquietante y emergente Manuel Ruiz de Lopera. Galera nunca disimuló el placer que le producía ver a Lopera arrinconado por el poder judicial.

Vecino de la Avenida República Argentina, aficionado a navegar e innovador al apostar por la primera mujer académica: Salud Borrego, experta en Genética. Nunca perdió la relación con su tierra natal de Canarias, donde tenía terrenos que destinó a construcciones inmobiliarias y playas para turistas. Aficionado a las camisas de manga corta, a las monterías y a ser llevado por un chófer.

Siempre cuidó de su imagen, usando la báscula con frecuencia. Ha sido de los últimos personajes de Sevilla en usar pisacorbatas. Una de sus penas fue no haber podido contar con un aparcamiento subterráneo en la plaza de San Martín de Porres, un equipamiento vital para el centro sanitario. No se conformó con la nómina de catedrático, quiso emprender. Creó riqueza, tuvo éxito y generó envidias de las que no se hubiera librado ni siendo sevillano.