Sevilla

Rebajas: como si no hubiera un mañana

  • El primer día de las rebajas no defrauda y cumple las expectativas con un aluvión de clientes acudiendo a las tiendas

Nueve de cada diez seres vivos que iban y venían ayer de un lado para otro, arriba y abajo y de acá para allá por las calles –principalmente del centro pero no sólo del centro–, portaban y cargaban con una bolsa o un paquete, y hasta con dos y tres de una cosa y de otra, conteniendo artículos comprados en las rebajas. El décimo ser vivo, el único que no llevaba nada, era un perro. No tenía permitida la entrada en las tiendas.

Día 7 de enero. Después de los Reyes. Fiesta más Rebajas: la ecuación perfecta para el comerciante. Y para sus publicistas. Y para sus técnicos de mercado. Para sus empleados, una paliza. Pero ahí estaban, desde mucho antes de primera hora, al pie del mostrador, que es como decir al pie del cañón aguardando el ataque de la Caballería Ligera. Y en la caja, y removiendo y reponiendo perchas, y arreglando expositores desarreglados que en seguida tenían que volver a arreglar pues de inmediato habían vuelto a quedar desarreglados, y cambiando artículos –regalos inapropiados, regalos indeseados, de una talla demasiado grande, de una una talla demasiado pequeña, de otro color–, y verificando los tiques regalo, y vigilando a los listillos que ni porque sea rebajas dejan de intentar llevarse por la cara lo que les gusta...

Y si el 7 de enero, después del Día de Reyes, fiesta más rebajas, es la ecuación perfecta para el negocio, también constituye la Jornada de Vamos a Ponernos hasta las Cejas del Comprador/a Compulsivo/a. Es el Día Grande del año para ellos y ellas. La fecha esperada, ansiada. Su momento de darlo todo. La hora de dejar fundido el chip de la tarjeta bancaria, de borrarle el pin de tanto pulsarlo.

Y junto a estos incombustibles, compartiendo-compitiendo por el espacio vital y las ofertas a la baja, todos los demás. Un aluvión de gente inundando las calles, entrando y saliendo de las tiendas, bastantes personas ya saciadas pero otras muchas aún sin saciar, a la caza de otro artículo más rebautizado con el –XX% igual que si se tratara del Santo Grial y como si no hubiera un mañana. Y así, después del Día de Reyes, el festivo prorrogó el escenario navideño de calles tomadas por la marea humana.

Esa imagen vino a certificar las previsiones. En la era de internet, de la fácil y cómoda y fría compra on line, todavía abunda clientela a la que le va la marcha del cuerpo a cuerpo. Sí, muchas rebajas estaban adelantadas en las páginas web, sobre todo en las de las principales marcas y las grandes cadenas comerciales, pero el subidón que provoca la liberación en el cerebro de dopamina y endorfinas en el momento en que la pantallita del datáfono de la tienda emite la frase “Operación Aceptada” parece aún distinto –diríase que de otra calidad– al que se experimenta en la soledad del hogar frente al ordenador. Hay que añadir, además, el factor socializador de la operación en el establecimiento, cumpliendo con los ritos tradicionales y toda la ceremonia que conlleva la compra, y después se sale a la calle con el autorregalo rebajado, a la zambullida en la masa como uno más, con sus bolsas y paquetes.

La preferencia analógica estaba prevista ya en el gigante del sector. El Corte Inglés estimaba antes de la apertura de las puertas de sus centros en el país que alrededor de tres millones de personas visitarían alguno de sus establecimientos. “Las ventas en rebajas van creciendo de un año para otro y este año va a quedar demostrado. De todos los planes que hacen los españoles a principios de año, el que no falla es venir a las rebajas de El Corte Inglés y son fieles a esta cita”, señalaron fuentes de la compañía.

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