Siguiendo la estela de doña Berenguela

Calle Rioja

Certamen. María Cureses, inspectora de Trabajo, licenciada en Derecho por Salamanca, recogió el premio de los séptimos relatos gastronómicos

La ganadora, María Cureses (con el lebrillo) con miembros del jurado en La Abacería de San Lorenzo.
La ganadora, María Cureses (con el lebrillo) con miembros del jurado en La Abacería de San Lorenzo. / Juan Carlos Muñoz

LA inspectora de Trabajo hizo su entrada en La Abacería de San Lorenzo. Tranquilidad en las masas. María Cureses de la Vega (León, 1965) no había viajado a Sevilla desde Madrid para pedir las licencias de Seguridad Social del local o de su distinguida clientela. Era la principal invitada del cóctel. La única cara nueva para un grupo de gente que se conocen de viejas afinidades.

La cultural y deportiva leonesa, porque el nombre del equipo de su ciudad natal se ajusta a su doble pasión por escribir y por los deportes raros, apareció por esta esquina de Teodosio con Marqués de la Mina. Venía para recoger el premio que la acredita como ganadora del certamen de relatos gastronómicos en su séptima edición. Javier Pérez Royo, presidente del jurado, le entregó el triple obsequio: un lebrillo, un cucharón y un cheque valedero por mil euros.

Como llegó antes de tiempo, la ganadora del certamen aprovechó para visitar la iglesia de San Lorenzo que da nombre a la plaza y a la Abacería donde los reunidos le pusieron cara a la autora del relato Ikizukuri. “No es exactamente un relato gastronómico”, decía su autora. “Es en todo caso una reivindicación de la cocina tradicional y un alegato no contra el sushi, pero sí contra los excesos y las modas de cierta cocina asiática, que incluye el sushi, el wok o la fusión mexicano-japonesa”. Un alegato que, faltaría más, no incluye a Murakami, el eterno candidato al Nobel de Literatura.

Esta edición del concurso de relatos gastronómicos habría dado para unas jornadas jurídicas. El presidente del jurado, catedrático de Derecho Constitucional, ex rector de la Universidad Hispalense y ponente del Estatuto de Andalucía, fue profesor de RamónLópez de Tejada, propietario de La Abacería de San Lorenzo y anfitrión de estos premios. “Entre varios profesores”, dijo Pérez Royo, “convencimos a Ramón de que el Derecho no era lo suyo”. Les hizo caso y acertó, desertor de los Aranzadis.

La que sí concluyó la carrera fue María Cureses, la inspectora de Trabajo que no vino para inspeccionar nada. La hizo en Salamanca, estela literaria de Fray Luis y Unamuno, alumna de profesores como Francisco Tomás y Valiente, “sus clases eran buenísimas”, diría del jurista al que asesinó la ETA, de Gloria Begué, Pedro de Vega o Enrique Gimbernat. Sus dos hijos mayores siguen sus pasos. Lucía terminó Derecho y está opositando, “por eso lee más que escribe”. Carrera que también hizo Alonso. Los dos nacieron en Uccles, uno de los 23 municipios en los que está dividida Bruselas, donde residió la ganadora de cucharón y lebrillo. Paisanos de cuna de Julio Cortázar. Aumentó la prole de vuelta a España. “El tercero, Diego, estuvo a punto de nacer en Marruecos, pero lo hizo en León, con las bromitas de Diego de León”. Se ha salido de la genética jurídica y estudió Publicidad y Marketing.

Vive en el castizo barrio madrileño de Chamberí, donde en su tiempo libre escribe con las ensezanzas de un Taller de Escritura que impartía Matías Cordeira. María Cureses nació en una tierra muy fértil en escritores: Luis Mateo Díaz, Julio Llamazares, Andrés Trapiello, Raúl Guerra Garrido, Antonio Colinas, Antonio Gamoneda. “Además, me gustan los que le gustan a todo el mundo... Gabriel García Márquez”. Lectora de Lobo Antunes, está leyendo a la portuguesa Dulce María Cardoso, autora de una novela, El retorno, sobre sus compatriotas que vuelven con la descolonización de Angola.

De León a Sevilla, el itinerario de los reyes que la reconquistaron. De Alfonso IX de León a Alfonso X de Sevilla con la mediación del hijo del primero y padre del segundo, Fernando III. Paisana de Doña Berenguela, la protagonista de la novela de Peridis La reina sin reino. Con las estampas del nuevo Gobierno, la vida sigue su curso. Ramón obsequió a los presentes con un cóctel y la versión digital de los relatos de la sexta edición, una iniciativa que empezó José Manuel Gómez y Méndez, “el alma mater de este certamen”.

La inspectora de trabajo practica deportes que no salen en Estudio Estadio como el cross-fit, “parecido al entrenamiento militar”, o el kick-boxing. Vino con una amiga desde Madrid y vivió una noche inolvidable de reconocimientos en una cita a ciegas donde se dan la mano la gastronomía y la literatura. Se suprimió el segundo premio “porque nadie lo recogía”. El efecto Pou-Pou (alias de Poulidor).

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