Calle Rioja

El alma entiende del corazón y del estómago

  • La Caixa de Andalucía aporta 175.000 euros para el proyecto Comedores con Alma del que se beneficiarán cuatro mil niños de 35 centros repartidos por toda Andalucía

Rafael Herrador, director territorial de la Caixa en Andalucía, abre una olla simbólica. Rafael Herrador, director territorial de la Caixa en Andalucía, abre una olla simbólica.

Rafael Herrador, director territorial de la Caixa en Andalucía, abre una olla simbólica. / José Ángel García

RAFAEL Herrador, director territorial de la Caixa en Andalucía, fue rey Gaspar en la Cabalgata de 2015, junto al cardiólogo Víctor López García-Aranda y Eduardo Herrera, presidente de la Federación Andaluza de Fútbol. Tres años y medio después, debió recordar las vivencias de aquella Cabalgata cuando ayer traspasó las puertas de la Casa del Niño Jesús con un presente muy especial. Una mezcla simbólica del oro, incienso y mirra materializados en una ayuda de 175.000 euros para alimentar a cuatro mil niños a los que van a atender en 35 comedores sociales de toda Andalucía.

Comedores con Alma es el nombre de esta iniciativa. Su filosofía la resume una religiosa del comedor social San Juan de Ávila de Montilla. “No se trata sólo de asistencia material, sino de escucharlos, valorarlos como personas, darles calor humano”.

La Casa del Niño Jesús atiende todo el año a 70 niños y adolescentes entre tres y 18 años que pertenecen a familias desestructuradas o con pocos recursos económicos, la mayoría procedentes del entorno de Tres Barrios (Madre de Dios, Candelarias, Pajaritos). Esta asociación benéfica particular la fundó en 1960, un año antes de la riada del Tamarguillo, el jesuita Bernabé Copado, y casi medio siglo después sigue en las mismas instalaciones en la calle Alejandro Collantes, que une el estadio del Sevilla con la antigua prisión de Ranilla.

Antonia García Romero, de Torreblanca, es la cocinera de la Casa del Niño Jesús. Cristina Remezal, del Cerro del Águila, es la que sirve en el comedor las tres comidas: desayuno, almuerzo y merienda-cena. Ayer estaban de descanso: los mayores se fueron de campamento y los más pequeños disfrutaban de la piscina portátil, paraíso acuático junto a la avenida Cruz del Campo.

El alma en este caso es más importante que el dinero. “Aunque se cuenta que la economía va mejor”, explica Rafael Herrador, “los que estáis aquí sabéis que hay bolsas, colectivos donde la recuperación económica no ha llegado y posiblemente no llegará por sus circunstancias y por su problemática”.Ese diagnóstico lo palpan a diario las hermanas Carmen y Concepción Lucena, directora y subdirectora, respectivamente, del colegio, presidenta la primera de la Asociación Casa del Niño Jesús. No es frecuente que cuatro generaciones se dediquen a fomentar la educación como herramienta de transformación social. Miguel Lucena Márquez, el abuelo de Carmen y Concepción, cordobés de Montilla, abrió el colegio San Miguel, el primero de Nervión. Era militar y por un destino castrense nació en La Coruña Miguel Lucena Ruiz de Enestrosa, padre de las hermanas Lucena, fundador del colegio San Francisco Solano. “Es el patrono de Montilla”.José Manuel y Alfonso, hijos de Carmen, y Laura, Inmaculada y Tomás, hijos de Concepción, también forma parte del claustro de educadores.

En verano, abren las puertas de la Casa del Niño Jesús para el refuerzo de alumnos que han suspendido o la atención de aquellos que tienen a sus dos progenitores trabajando. Al principio, los niños pernoctaban en lo que nació como casa-hogar. Ahora es un Centro de Atención de Día al Menor homologado por la Junta.En la presentación de los comedores con alma se le dio la bienvenida a dos nuevos centros que se suman a esta iniciativa de la Caixa, el Nuevo Hogar Betania de La Línea de la Concepción ¡y el Comedor Social San Juan de Ávila de Montilla, localidad donde nació el pionero de esta estela de generosidad y donde falleció –el mismo día que Cervantes– Garcilaso el Inca. “Nosotras no tenemos a nadie contratado, todos son voluntarios y tenemos que cerrar dos meses en verano. Cerramos con dolor”, dice una de las religiosas de este último centro. “Algunos de los chicos me dicen: hermana, cuando vengamos nos vuelve a pesar”.

Las hermanas Lucena, sevillanas con ascendencia cordobesa de Montilla, tienen dos familias: la biológica y ésta que les creció de forma exponencial en la que desarrollan una labor encomiable al servicio de los más desfavorecidos. De los que están en las escalas invisibles de las listas del desempleo, en los márgenes de la bonanza económica. Los apestados de las estadísticas en una zona donde se pasa de chalés unifamiliares, allende el Tamarguillo, a barrios de viviendas humildes.

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