Metrópolis | Barriada de Amate

Estreno en tecnicolor contra la Sevilla negra

  • Aluvión. En el segundo distrito más poblado de la ciudad, Amate tiene estación de Metro y carril-bici, pero en sus hechuras se perciben todavía secuelas de la ciudad que en lugar de un Ensanche optó por planificar la indigencia y el desarraigo social

a la derecha, árboles del Parque de Amate. a la derecha, árboles del Parque de Amate.

a la derecha, árboles del Parque de Amate. / Víctor Rodríguez

PAPÁ, me voy a tu barrio, le dice Ana Almuedo muchas veces a su padre, el historiador José Almuedo Palma (Montellano, 1956), cuando ella va a trabajar junto a la antigua Hytasa, en el Centro de Ayuda al Refugiado. Su hermana María va en Metro o en bicicleta a la Olavide y también pasa por el barrio de su padre. Una relación que establecen las hermanas Almuedo desde que su progenitor publicó Al este del Edén, título literario de un trabajo científico cuyo contenido va en el subtítulo: Estudio demográfico del crecimiento urbano en el sector oriental de Sevilla: Nervión, Ciudad Jardín, Cerro del Águila y Amate (1922-1935).

“Lo hice por tres motivos: los tenía muy cerca, tenía los datos censales y eran cuatro barrios muy diferentes”. En la época de estudio, Nervión era el barrio burgués, con el nombre del marquesado del filántropo benefactor, que lo recuperaba por otros conductos; Ciudad Jardín, de una clase tirando a media; Cerro del Águila, barrio proletario; y Amate, destino de indigentes y desahuciados sin rumbo.El distrito, Cerro-Amate, es el segundo más poblado de la ciudad, con 89.000 habitantes, sólo superado por Alcosa-Torreblanca. El segundo sumando alude a una zona que en tiempos estaba muy degradada. Ahora tiene estación de Metro –parada en Amate, entre La Plata y Primero de Mayo– y hasta un parque con su nombre en el que llegó a entrenar el plusmarquista nacional Reyes Estévez. Pero todavía se aprecian en la hechura de algunas casas o el alineamiento irregular de algunas calles –Aguadulce, Lucena– los signos de la degradación.

“Cuando salen en televisión las imágenes de los chicos de La Manada se ven las viviendas de autoconstrucción típicas de la zona”. Es una aguja mediática en un pajar de buena gente. El barrio adoptivo del historiador y de crianza del delegado de distrito. Juan Manuel Flores nació en la casa de su abuela en el Tardón, pero muy chico vivió la diáspora de tantos vecinos y fue vecino de la calle San Juan de la Cruz “hasta que me casé con 22 años. No me fui muy lejos. Me marché a Rochelambert”. El más moderno de los barrios del entorno.

De niño, el concejal jugaba al fútbol en la plaza de Las Moradas, donde se encuentra la iglesia de Santa Teresa de Jesús. La presiden dos imágenes, una del Gran Poder en recuerdo a la misión de 1965 que llevó la imagen de Juan de Mesa a estos barrios –volverá a visitarlos en 2020– y otra de la santa de Ávila con la leyenda Sólo Dios basta. En la plaza desemboca la calle Cine Candelaria, en recuerdo al cinema de verano que se encontraba en terrenos del actual parque, compartiendo superficie con el legendario canódromo.Todo es muy místico por estos derroteros. La vía principal es San Juan de la Cruz, donde todos los días hay colas en las oficinas del Servicio Andaluz de Empleo, el transferido Inem, y los miércoles las colas de la metadona en el Centro de Salud. Calles para Lorenzo de Cepeda, uno de los hermanos de la santa que guerreó en América y financió sus misiones, y para mujeres recias como Beatriz de Ahumada, Guiomar de Ulloa o Luisa de la Cerda.

En la Avenida Juan XXIII, que no está en la barriada del mismo nombre, son vecinos pero no parientes los bares La Gitana Loca y El Gitano Travieso. “El gitano es mi padre y el travieso soy yo”, dice Javier García. Su padre, sevillano, se fue de vacaciones a Colombia y allí conoció a Rosalba. Sus tres hermanos nacieron en la patria de García Márquez. Javier es el único que nació en Sevilla, en 1981. En las mesas del bar, un ejemplar del Diario de Sevilla.

Si en el PSOE quieren encontrar una explicación a la abstención que los puede dejar sin Gobierno casi cuatro décadas después, Almuedo insinúa que parte de la explicación puede estar en este barrio, una cantera fiel de voto socialista, aunque el reportero y el historiador van a toparse con un camarero votante de Vox. “Aquí les han fallado”.

A diferencia de Madrid, Barcelona, Valencia o San Sebastián, en Sevilla nunca hubo un Ensanche. “Hubo varios proyectos. El más serio, el de Aníbal González de 1911”. Preparaba la ciudad para la Exposición de 1929. entre ésta y la del 92, justo en la mediana de esas fechas, tres décadas arriba, tres décadas abajo, hubo una Expo dramática que condicionó la urdimbre de la ciudad: la riada del Tamarguillo de 1961. “Supuso inversión económica y una mayor sensibilización”.

La época que abarca el libro del historiador, discípulo de Antonio Miguel Bernal y Horacio Capel, presenta una ciudad de grandes asentamientos chabolistas. “El más grande era el del Campo de los Mártires, junto a Santa Justa, conocido como Villa-Latas. Queipo pretendió quitarlos, pero no había dinero para construir viviendas nuevas, ¿dónde los metía?”. Ni sus moros pudieron con estos milicianos de la intemperie.La Exposición de 1929 aportó una nomenclatura utópica, casi futurista: Ciudad Jardín, Porvenir. El vulgo, “con cierta guasa”, replicó a la grandilocuencia de quienes planificaban la precariedad llamando a este barrio Estados Unidos de Amate. La crudeza de la situación de posguerra la fijaba el nombre de uno de los núcleos más singulares, finalmente demolido: Regiones Devastadas.

Terrazita Rosario debe el nombre a una mujer nacida en Puerto Serrano y afincada en el Plantinar a la que le tocó la lotería. El bar lo lleva su hijo, José Antonio Montesinos. Como el gitano travieso, también nace en 1981. El mismo año que Joaquín, “soy bético como él, tan dicharachero como él, y tengo cuatro días más que Joaquín”. “Pues te pareces más a Messi”, le dice un cliente. También de la quinta de Pablo Casado. “¿Ese quién es?”. Roberto y Antonio, brasileño y sevillano, son compañeros en el bregar diario. Ya no es Regiones Devastadas. “A mí me lo ofrecieron como Residencial Nuevo Amate”.

El concejal acude con frecuencia a la Casa Consistorial de la Plaza Nueva, pero le gusta seguir con los pies en el suelo. “La Sevilla patrimonial y monumental está muy bien, pero yo también revindicó la Sevilla de la periferia, que nos ha transmitido unos valores no tangibles que no tienen nada que ver con esa Sevilla negra que sale en los telediarios”.

Amate da nombre a una farmacia, una óptica, el parque y la estación de Metro. El medio que solía utilizar el historiador Almuedo cuando acudía a la Universidad Pablo de Olavide. Nombre de un ilustrado limeño cuya cuna visitará el investigador. Anteayer fue su cumpleaños y lo celebra viajando con su esposa, Encarna, sevillana de Morón, a Perú. Nochebuena en Lima, Nochevieja en Sevilla. Ha vuelto por sus barrios, como le dicen sus hijas.

“¡Las ciudades tienen una fuerza...!”, dice Almuedo, paisano de cuna del ex alcalde pancipelado Juan Ignacio Zoido, colega del geógrafo Florencio Zoido. “Las ciudades son como palimpsestos. Debajo de una ciudad hay otra y otra más abajo y es un sujeto vivo y dinámico que está reescribiéndose continuamente”. El munícipe Flores viene de visitar con Antonio Gil, vecino de Palmete, el Centro de Formación y Empleo de Cáritas en la calle Chucena.

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