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El Cerezo, un estallido que se veía venir

Años de problemas de seguridad, peleas, tráfico de drogas, ruidos, consumo de alcohol y suciedad derivan en la formación de patrullas vecinales contra los ‘gorrillas’

Un homicidio ya pudo provocar una explosión similar hace tres años

Más de cien vecinos del Cerezo patrullan contra los aparcacoches ilegales

La patrulla urbana del Cerezo. / M. G.

El Cerezo es un polvorín que finalmente estalló por donde siempre suelen hacerlo estas situaciones de tensión social: por la parte más débil. Y ésta es la de los gorrillas, los aparcacoches ilegales endémicos en Sevilla desde hace décadas que ningún alcalde ha podido eliminar pese a los numerosos intentos por hacerlo. La práctica de pedir dinero a cambio de señalar un lugar para aparcar está tan extendida en toda la ciudad que ya no sorprende a nadie.

Los ciudadanos pagan a disgusto este impuesto revolucionario por temor a que los aparcacoches no les arañen el coche o les rompan alguna luna o el espejo retrovisor. Algunos le tiran el euro para no tener siquiera que rozar la mano de estos señores, generalmente muy sucios y con evidentes signos de drogadicción. Hasta ahí bien. Es obvio que a nadie agrada pagar unos céntimos o un euro por tener que apagar su coche en la calle. Pero, ¿es ésta por sí sola una razón para que más de cien personas organicen una patrulla ciudadana que se eche a la calle a expulsar a los aparcacoches ilegales del barrio? Cuesta creer que sea así.

Lo de los gorrillas parece más bien la punta de un iceberg que permanece oculto y que tiene que ver más con el progresivo empobrecimiento de la población y la degradación de la mayoría los barrios de Sevilla en los últimos años.

El caldo de cultivo

De hecho, los mismos miembros de la patrulla antigorrillas han ido relatando una serie de problemas que padecen en el barrio desde hace años: ruidos por la música de los bares hasta altas horas de la madrugada, indigentes que acampan en espacios públicos y jardines y terminan haciendo sus necesidades en la calle, la existencia de numerosos pisos que esconden burdeles clandestinos, que atrae al barrio un público poco o nada recomendable, consumo de alcohol y estupefacientes en zonas donde al día siguiente deberían jugar los niños, robos, peleas, inseguridad, tráfico de drogas, falta de limpieza, abandono de espacios públicos, venta de alcohol a deshoras y una larga lista que serviría para llenar las páginas de un periódico.

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Patrullas vecinales contra los gorrillas en la Macarena / JUAN CARLOS VAZQUEZ

A ello se le une un componente específico y particular de esta zona de la ciudad: la inmigración. El Cerezo y los barrios colindantes es el territorio con más presencia extranjera de Sevilla, y estas comunidades no siempre se han integrado bien con la población local, e incluso hay tensiones entre los distintos colectivos. La situación ya pudo irse de madre hace tres años, cuando un ciudadano marroquí fue asesinado por un colombiano al que la víctima fue a pedirle un porro. No se lo dieron y se inició una pelea que acabó con el norteafricano muerto de una puñalada.

La víctima era precisamente uno de los gorrillas de la zona, que dormía en un viejo Citroën Xsara abandonado en una bolsa de aparcamiento que hay en la avenida de San Lázaro, junto a la calle Doctor Jaime Marcos. Aquello ocurrió el 3 de mayo de 2023. El día siguiente, este periódico hizo un reportaje en la zona que llevaba por título el siguiente: "Esta muerte era algo que se veía venir". Los vecinos ya decían que el deterioro del barrio en los últimos tiempos era más que evidente, con zonas en las que era notorio el abandono y la suciedad, y que las peleas en las que estaban involucrados los aparcacoches eran continuas. Aseguraban también que no había habido un proceso de integración multicultural, sino que se había dado una "cohabitación", y que los enfrentamientos entre magrebíes y latinos eran frecuentes.

Un homicidio hace tres años

El mismo día del crimen, tres horas antes, otro ciudadano marroquí, vecino de la barriada del Rocío, al otro lado de la avenida de San Lázaro, resultó herido grave tras recibir una puñalada en el pecho asestada presuntamente por un vecino con el que mantenía unas rencillas. Una semana después de estos dos sucesos, se celebró una asamblea vecinal para hacer llegar a las autoridades una serie de peticiones.

La primera de ellas era la necesidad de una mayor seguridad para acabar con la delincuencia a corto plazo. La segunda, la puesta en marcha de programas de intervención social comunitaria para trabajar con la población afectada por la falta de oportunidades, desempleo, vivienda y adicciones. La tercera era la redistribución de los centros sociales por la ciudad de Sevilla, pues la gran mayoría de albergues se concentran en el distrito Macarena.

De hecho, las quejas de los residentes en las zonas más próximas a los albergues (en las inmediaciones del Parlamento y en la calle Perafán de Ribera) por las continuas peleas de las personas sin hogar hizo incrementar la presencia policial en este entorno. Esto se tradujo en un movimiento de este colectivo problemático hacia otros barrios del distrito, como el Cerezo, la Carrasca, las Avenidas o las Golondrinas, entre otros. Todos ellos viven del dinero que recaudan aparcando coches en el entorno del hospital Virgen Macarena.

Tensiones

Un año más tarde, en mayo de 2024, los vecinos de La Carrasca, un barrio ubicado entre el Polígono Norte y el Cerezo, alzaron la voz para advertir de que estaban hartos de los numerosos problemas cívicos y de seguridad que padecen en sus calles. Aseguraban que la situación no era nueva, pero sí había empeorado en los últimos meses, tras varios atracos en establecimientos comerciales del barrio. Coincidía la queja con la actividad de un pirómano que llegó a quemar hasta cinco coches en una noche en la calle Los Romeros, en la cercana Hermandad del Trabajo. En junio de ese mismo año, cinco asociaciones alzaban la voz e insistían en la falta de seguridad, el abandono, las tensiones y las peleas.

Es cierto que la Policía ha mantenido una presencia en todas estas zonas y que los índices de delincuencia tradicional han ido cayendo en los últimos años, pero falta mucho por hacer en cuanto a los programas sociales y de la redistribución de albergues. Por si todo esto fuera poco, hay otro factor que influye negativamente en la evolución de la situación social del barrio: la obra de la Línea 3 del Metro.

Al estar levantada una de las grandes arterias de la zona como es la avenida del Doctor Fedriani, el número de aparcamientos se ha reducido considerablemente, con lo que los gorrillas se pelean más por conseguir una plaza. Al no haber tráfico fluido, las calles están más aisladas, hay menos paso de personas y los vecinos aseguran tener más miedo cuando pasan por esta zona de noche.

Todo este caldo de cultivo es el que ha derivado en el nacimiento de las patrullas ciudadanas contra los gorrillas, de los que por otra parte los residentes aseguran que son cada vez más violentos, se enfrentan a la población, roban a las personas mayores y destrozan los coches de los vecinos que se niegan a pagar el "impuesto revolucionario".

El altavoz de las redes

Y hay que añadir un último factor: el altavoz de las redes sociales. La noche del lunes salieron unas veinte personas. Los vídeos se publicaron en distintas redes, sobre todo Instagram y Tiktok, y corrieron como la pólvora a través de los grupos de WhatsApp de los vecinos. La noche del martes llegaron a juntarse hasa 116 personas, según los organizadores.

Hubo momentos de tensión con algunos de los aparcacoches, que se marcharon al ver que una turba se les venía encima. La noche del miércoles llovió y la patrulla fue menor. También había más policías, que de hecho advirtieron a los vecinos que no podían echar de la calle a una persona que no estaba haciendo nada. En los días siguientes ha habido patrullas de la Policía Nacional en la zona, incluso a caballo.

Mientras, los distintos partidos políticos se cruzan acusaciones unos a otros. El PSOE pide al Ayuntamiento que incremente la seguridad y éste le responde que es el Gobierno central quien tiene que hacerlo. A su vez, el Gobierno central recuerda que la mayoría de los motivos de queja de los vecinos son competencia del Ayuntamiento. Mientras tanto, Vox trata de encontrar un caladero de votos en un barrio en el que a priori no tenían pensado pescar demasiado y no para de enfocar el asunto por la inmigración ilegal. Lo cierto es que urge una intervención integral en el barrio, que solucione a corto plazo el estallido social y a largo plazo se traduzca en una serie de medidas que mejoren la convivencia ciudadana.

Medidas fracasadas

En cuanto a los gorrillas, todas las medidas planteadas por los distintos gobiernos locales han sido inútiles. La última fue en época de Juan Ignacio Zoido, que intentó que la Policía pudiera requisar a los aparcacoches el dinero que llevaban encima. Hay que partir de la base de que la gente paga generalmente por temor a que le hagan daño al coche, pero si no hay una amenaza explícita del gorrilla, poco puede hacer la Policía.

De hecho, los vecinos aseguran que la Policía acude a diario al barrio, identifica a los aparcacoches, pero no puede hacer mucho más. Cuando se van los agentes, los gorrillas vuelven. La única solución que los ha expulsado ha sido la implantación de la zona azul. Esto ha sido un éxito en zonas de Nervión, en las que los vecinos pagan un precio fijo al año. Claro que la renta media de los vecinos de Nervión no es la misma que la de los de la Macarena.

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