Reacción vecinal tras el crimen del Cerezo: "Tenemos muy poca seguridad"
Los residentes en el barrio en el que se produjo el último homicidio se movilizan para pedir más seguridad y políticas sociales
Denuncian además la falta de limpieza y el exceso de ruido, que contribuyen al deterioro de la zona
El crimen continúa bajo investigación y los testigos apuntan a un grupo de colombianos
Los vecinos del Cerezo y de la barriada del Rocío salieron a la calle esta semana para reclamar más seguridad, en una asamblea vecinal que se celebró el pasado lunes y en el que los residentes condenaron el asesinato de un joven marroquí ocurrido la madrugada del 3 de mayo. Son muchos los vecinos que coinciden en que el crimen era algo que se veía venir por las continuas peleas que hay en la zona, en muchas de las cuales están implicados los aparcacoches ilegales que piden dinero a cambio de señalar plazas de aparcamientos. La víctima del homicidio del Cerezo era precisamente uno de estos gorrillas.
Tres horas antes del crimen, otro ciudadano marroquí, vecino de la barriada del Rocío, al otro lado de la avenida de San Lázaro, resultó herido grave tras recibir una puñalada en el pecho asestada presuntamente por un vecino con el que mantenía unas rencillas. En este caso, el agresor fue detenido por la Policía Nacional inmediatamente. En el del homicidio, el presunto autor fue arrestado el pasado jueves en la calle Hermano Pablo, en el Polígono Norte. Es un ciudadano colombiano.
Justo después del crimen, fueron varios los vecinos del Cerezo que alzaron la voz denunciando la inseguridad que padece el barrio y la falta de integración de varias de las comunidades extranjeras que lo pueblan. "Esta muerte era algo que se veía venir. Aquí no hay integración multicultural, sino cohabitación", apuntaron, asegurando que son muchas las peleas entre los distintos colectivos. A ello se suma una gran queja de los residentes en el Cerezo, el parque infantil en el que sucedieron los hechos, y en el que paran indigentes y personas que consumen alcohol y drogas, no se cierra de madrugada cuando debería hacerlo a las diez de la noche en invierno y a las doce en verano. Dicen que el empleado municipal que debe cerrar el parque ha sido amenazado.
Estos dos sucesos han enturbiado la convivencia en una zona en la que ya de por sí se había notado un incremento de la tensión en los últimos años, de la mano de un evidente deterioro de los espacios públicos, que ha venido acompañado de una falta de limpieza y del empobrecimiento de una parte de la población de ambos barrios. Esto llevó a la asociación de vecinos de la barriada del Rocío a convocar una asamblea para trasladar este malestar a las autoridades, y hacerles llegar también una serie de peticiones.
La primera de ellas es la necesidad de una mayor seguridad "para acabar con la delincuencia a corto plazo". La segunda petición consiste en poner en marcha "programas de intervención social comunitaria para trabajar con la población afectada por la falta de oportunidades, desempleo, vivienda y adicciones, y crear sentimiento de comunidad que proteja a la vecindad desde el fomento de los valores en positivo". La tercera exigencia es la redistribución de los centros sociales por la ciudad de Sevilla, "con el aumento de medidas destinadas a la inclusión social, fomentando la participación de estas personas con el resto de la vecindad para el mantenimiento de la buena relación vecinal".
Estas tres peticiones están incluidas en un manifiesto que redactaron los vecinos y que lleva por título La Macarena: por una convivencia con futuro. En el texto, los residentes expresas su "tristeza y condena" por el asesinato del marroquí, "que se dedicaba a señalar aparcamientos de coches para sobrevivir a la lacra de la droga", y por el apuñalamiento del vecino del Rocío.
"Nuestro barrio lleva muchas penas y alegrías pasadas, fruto del encuentro de personas venidas de todas partes de Andalucía, la península y el mundo, lo que ha marcado su carácter obrero y popular, condicionado por la ola de la heroína en los 80-90 y determinado en la actualidad por la falta de futuro d gran parte de la vecindad que vuelve a perder la esperanza y el respeto", continúa el documento, que denuncia "la falta de medidas institucionales" que los vecinos llevan tiempo solicitando y "que no llegan".
El presidente de la asociación del Rocío, Borja Romero, leyó este manifiesto y cedió la palabra a un grupo de vecinos, siempre dejando claro que no toleraría mensajes racistas, xenófobos o que fomentaran el odio hacia la numerosa comunidad extranjera de la zona. "Nos gusta la diversidad que tienen nuestros barrios. Es una riqueza". El representante vecinal hizo un breve repaso a la historia del barrio, levantado en los años sesenta en una zona que era de huertas. En las últimas décadas el barrio fue adquiriendo la multiculturalidad de la que presumen muchos vecinos y que los dos sucesos recientes han puesto ahora en duda. Prueba de la buena integración es la presencia en la asamblea del imán de la mezquita del Cerezo, Mohamed Idrissi, que además es el vicepresidente de la asociación de vecinos.
Fueron varios los residentes que intervinieron. Sus discursos pueden servir para realizar un diagnóstico de la situación del barrio, en el que la falta de empleo o el empleo precario se ha traducido en un empeoramiento de buena parte de la población. "La falta de vivienda, de empleo, las adicciones generan frustración y malestar creciente", apuntó el presidente de la asociación. "Aquí están fallando las medidas de seguridad, que pueden ser que hacen falta más patrullas de la Policía y también que las farolas estén encendidas. Ya hemos visto lo peor, que es el asesinato de una persona en plena calle".
Una de las participantes incidió en esa falta de seguridad. "Aquí no viene la Policía. Se le llama y no aparece. No hay un control sobre los gorrillas, a los que no podemos decirles que no les damos dinero. En ese caso nos amenazan, nos dicen que nos van a rajar", aseguró esta mujer. "La Policía sí viene, pero a multar a los coches mal aparcados", añadió otro vecino.
Los vecinos coincidieron en la falta de limpieza del barrio. Alguna de las personas que intervino considera esta suciedad como el principal problema de la zona. "Cuando la suciedad está en las calles, esto lleva al desamparo y a la discusión, a que haya gente que crea que a los demás no les gusta el orden".
Especialmente interesantes fueron las palabras de una ciudadana hondureña que lleva dos décadas viviendo en la Macarena. Coincidió con la falta de limpieza y destacó que su perro se ha cortado las patas varias veces al pincharse con unos restos de vidrio abandonados en la calle. Eso le llevó a recoger ella misma las botellas rotas y una vez se encaró con ella una empleada de Lipasam, que le afeó que le estuviera quitando el trabajo. "Y otra cosa, antes daban las bolsas para recoger los excrementos de los perros en el distrito. Hoy llevan cuatro meses sin bolsas".
Esta mujer defendió a al comunidad latina y destacó el malestar que siente cuando se relaciona a todos los latinos con la delincuencia. "Son los mismos latinos que van a las fincas a trabajar, que cuidamos a los padres de las personas que no pueden hacerse cargos de ellos. Soy de Honduras, pero llevo veinte años acá y me siento de Sevilla. Lo que más necesitamos es seguridad".
Otro vecino sacó a relucir el problema de los coches discoteca y el exceso de ruido, que choca con el derecho al descanso de los vecinos. "El ruido es insoportable. Cualquiera pone música a todo volumen en la calle, o la pone en el coche. Y si no, llega un vendedor ambulante, que yo no me opongo a que la gente se gane la vida, pero que no sea a costa de castigar a los vecinos. Esto es algo que incide directamente en la salud de las personas. No se puede poner música de discoteca a cualquier hora".
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