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Las matronas de Sevilla atienden a 70 víctimas de mutilación genital en el último año

Un proyecto piloto pionero en el Distrito Sevilla busca sistematizar la detección, valoración y acompañamiento integral de mujeres y niñas afectadas, conectando Atención Primaria con asociaciones y ONG para ofrecer un abordaje sanitario y socioeducativo

El Hospital Macarena realiza su primera reconstrucción genital a una víctima de mutilación femenina

Participantes en un taller formativo celebrado en el Colegio de Enfermería de Sevilla.
Participantes en un taller formativo celebrado en el Colegio de Enfermería de Sevilla. / M. G.

La escena se repite en cualquier centro de salud. Una mujer llega a su cita en Sevilla para una revisión ginecológica o para el seguimiento de su embarazo. En la agenda figura una consulta rutinaria, nada que haga pensar que, después de la exploración, pueda surgir una conversación difícil. Pero a veces ocurre. La matrona detecta signos de mutilación genital femenina. En algunas ocasiones es la propia paciente quien lo menciona. En otras, el silencio pesa más. Y es ahí cuando empieza un trabajo que va mucho más allá de la atención médica.

Durante el último año, las matronas del Distrito Sanitario Sevilla han atendido a alrededor de 70 mujeres que habían sufrido mutilación genital femenina (MGF). El dato forma parte de un estudio piloto que busca ordenar y mejorar la detección, la valoración y el acompañamiento de las supervivientes de esta práctica, considerada una de las formas más graves de violencia contra las mujeres. La iniciativa conecta la Atención Primaria con asociaciones de acogida y organizaciones como Médicos del Mundo, al tiempo que refuerza las acciones de prevención y sensibilización.

La matrona Vanessa Mata, coordinadora de Solidaridad Enfermera Sevilla, está al frente de este proyecto. Explica que hasta ahora muchas de estas situaciones se registraban principalmente a través de organizaciones sociales. "La idea es que el propio sistema público pueda ofrecer una valoración completa de la salud de estas mujeres, registrarla en su historia clínica y coordinar la atención con el resto del equipo sanitario: médicos, psicólogos o pediatras", señala.

El proyecto funciona como una fase de prueba para estudiar cómo podría integrarse de forma estable en el Servicio Andaluz de Salud (SAS). En cada caso se documentan las necesidades médicas, el apoyo psicológico o la coordinación con las asociaciones que acompañan a las pacientes. Si los resultados confirman que el modelo funciona, podría servir de base para implantar un programa oficial de atención integral a supervivientes de MGF en Andalucía.

Los primeros datos muestran además que algunos centros de salud atienden más casos que otros, especialmente en zonas con mayor población procedente de países donde esta práctica sigue presente, como Somalia, Gambia o Mali. Este mapa permite ajustar mejor los recursos, reforzar la formación de los profesionales y asegurar un seguimiento adecuado de las pacientes.

Cómo funciona el circuito de atención

El proyecto nació de la experiencia directa de varias matronas de Atención Primaria, coordinadas por Rafaela Fernández Domínguez. "Nos dimos cuenta de que muchas mujeres que llegaban derivadas por asociaciones de acogida no encontraban profesionales con formación específica para atenderlas", explica. "Decidimos cubrir esa necesidad desde nuestras consultas", afirma.

En la práctica, son las propias asociaciones las que gestionan las citas con las matronas participantes. Durante la consulta se realiza una valoración completa que va desde la detección del tipo de mutilación hasta revisiones ginecológicas habituales, pruebas para infecciones de transmisión sexual o programas de prevención del cáncer de cérvix.

Pero, según subraya Fernández Domínguez, la parte médica es sólo una parte del proceso. "Lo esencial es generar confianza, explicar con calma lo que ocurre y acompañar a la mujer en todo el proceso", sostiene.

La atención exige también una mirada sensible hacia el contexto cultural y el trauma que muchas de estas mujeres arrastran. "No hablamos solo de una exploración ginecológica. Muchas han vivido experiencias muy duras: mutilación en la infancia, matrimonios forzados o situaciones de violencia durante la migración", señala. Por eso, añade, prefieren referirse a ellas como supervivientes y no únicamente como víctimas.

Las matronas y enfermeras implicadas reciben formación específica para abordar estos casos, una preparación que se prevé ampliar también a médicos y pediatras del distrito y, progresivamente, a otros profesionales de la provincia.

El programa incluye además talleres socioeducativos dirigidos a familias y comunidades migrantes. El objetivo es claro: evitar que la mutilación genital femenina se repita en las nuevas generaciones. "Se trata de un enfoque integral con atención sanitaria, prevención y educación", resume Fernández Domínguez.

Testimonios que ponen rostro a la realidad

Durante la III Jornada Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, organizada por Solidaridad Enfermera Sevilla en el Colegio de Enfermería de Sevilla, se escucharon voces que ayudan a comprender la dimensión del problema.

Entre ellas estuvo la de Asha Asmail, superviviente de MGF, que contó cómo su propia experiencia marcó su compromiso con la defensa de niñas y mujeres. "Un día decidí que mi hija no pasaría por la violencia que yo viví", relató. Desde entonces trabaja para proteger a menores tanto en España como en Kenia. Su historia recuerda que la mutilación genital femenina rara vez aparece aislada. Suele formar parte de un contexto más amplio de desigualdad y violencia que afecta a muchas mujeres migrantes.

Para Jorge Romero, vocal de matronas del Colegio de Enfermería de Sevilla, iniciativas como esta cubren un vacío importante. "Hasta ahora no existe un circuito claro dentro del sistema público. Con este proyecto, las supervivientes pueden recibir una valoración completa y acceder a los recursos que necesiten", explica.

Aunque el programa aún se encuentra en fase piloto, cada consulta abre una puerta a la atención y al acompañamiento. Para muchas mujeres, esa primera conversación con la matrona es también el inicio de un proceso de recuperación y de reconstrucción de sus vidas después de experiencias extremadamente duras.

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