Análisis del Corpus 2018 en Sevilla No tengáis miedo a la procesión

  • Los rezos y cantos aumentan la solemnidad en una gran mañana eucarística

  • El cortejo no se redujo y tardó más tiempo en completar el recorrido que en 2017

La salida de la Custodia de Arfe de la Catedral

Era una mañana soleada y fresca, más apropiada para ver la procesión eucarística que para irse a las playas. Los cambios moderados que han sido introducidos, para darle un mayor sentido religioso, se pueden considerar un éxito del arzobispo, Juan José Asenjo. Porque fue él quien afirmó que la procesión necesitaba una mayor devoción. Más cánticos y oraciones y menos representaciones (de capillitas), era la conclusión obtenida. En lo primero, ha sido un éxito; aunque en lo segundo, no.

Este año se ha rezado y se ha cantado en las calles. Sevilla como templo. En la plaza del Salvador hubo cánticos eucarísticos, oraciones y también se cantó el Ave María cuando la banda de música militar interpretó Encarnación coronada, de Abel Moreno. Los aplausos a los soldados rompieron los récords de los últimos años. Había más sensibilidad. Y también se notaba que a la gente le había gustado mucho la procesión.

Se está creando conciencia de abono a las sillas de Corpus. Es la antesala de que ocurra como en Semana Santa. Cuanto más difícil sea conseguir una silla, más demanda habrá. Como reservan el sitio para el próximo año, eso confiere conciencia de abonado, que ya es un estatus diferente al que se pasa la mañana de pie.

Por la plaza del Salvador la procesión tardó en pasar 170 minutos (casi tres horas). En 2017 se había reducido a 150 minutos, mientras que en 2016 duró 160 minutos. No se ha aligerado el cortejo. Al revés, con los cánticos y oraciones hay más paradas y tarda más en pasar.

Algunas representaciones se han reducido, pero muy levemente. La mayoría están en el entorno de los 30/40 hermanos. El ranking de hermanos lo ganó con clara mayoría la Macarena, a la que le conté 170 (con un margen de error, iba sin máquina contadora), seguida de Los Gitanos, con unos 115. También superaron levemente los 100 hermanos El Gran Poder y la Esperanza de Triana. Las cuatro primeras eran de la Madrugada. La quinta fue San Gonzalo, con alrededor de 80.

El rey San Fernando enmarcado en una de las cadenas de la Catedral. El rey San Fernando enmarcado en una de las cadenas de la Catedral.

El rey San Fernando enmarcado en una de las cadenas de la Catedral. / Juan Carlos Vázquez

Las representaciones están en el punto de mira. También se habla de numerus clausus, como en la Madrugada, precisamente. Por cierto, se debe advertir que tengan cuidado para ir correctamente vestidos en el cortejo. Después de años bastante buenos, se empieza a notar cierta relajación. El protocolo es de traje oscuro los caballeros, pero también las señoras deben ir de oscuro. Eso se entiende y se aplica en la zona VIP de las representaciones académicas, profesionales e institucionales.

Esta procesión no es como la Mercedes Fashion Week de Madrid. Atención al calzado de las señoras, que debe ser de tacón o medio tacón, incluso plano si no hay más remedio. Pero en ningún caso deben lucir sandalias de plataformas elevadas ni de cuñas, que van dando el cante a destiempo. Estamos en situación de riesgo. Se debe atajar o llegaremos hasta las sneakers de Nike y Adidas en el Corpus. Tampoco se entendió que una Sacramental (de las de muy rancio abolengo) permitiera salir a una hermana joven con un short muy short. Después decimos de los turistas en la Catedral.

El paso de la Custodia de Arfe detenido en la Plaza de San Francisco. El paso de la Custodia de Arfe detenido en la Plaza de San Francisco.

El paso de la Custodia de Arfe detenido en la Plaza de San Francisco. / Juan Carlos Vázquez

Son casos excepcionales. El cortejo es largo, pero bonito. Los pasos iban impecables, en línea clásica y sobria. Perfecto el exorno de la Custodia. También iba muy bien la Inmaculada, con detalles cuidados. El Niño Jesús del Sagrario, como de costumbre, en una línea más rompedora, pero atinada. San Isidoro fue el santo de los claveles y San Leandro el de las margaritas, a la hora de diferenciar.

El Corpus suele ser un banco de pruebas. Ciertas mezclas florales (que ya han llegado a la Semana Santa) se ensayaron aquí. En un altar se vio un detalle raro, pues si bien es cierto que habitualmente se mezclan las flores con espigas de trigo y uva, e incluso algunos les han añadido frutas, en esos ramos había bollos de pan. Se puede acabar como en un supermercado.

El Señor de la Sagrada Cena de regreso a San Román. El Señor de la Sagrada Cena de regreso a San Román.

El Señor de la Sagrada Cena de regreso a San Román.

Aparte de alguna rareza, los altares estuvieron a buen nivel, con los clásicos de casi todos los años. Excepto la Avenida, que es de una tristeza manifiestamente evitable, aunque sea la parte más fea de la procesión. Así como la calle Francos es la más bonita. A destacar la presencia metropolitana de Dos Hermanas, con la Hermandad de Valme, ante el edificio del Círculo Mercantil, en Sierpes; y de San Juan de Aznalfarache, con la Virgen del Consuelo, de la Hermandad de San Juan Bautista, en la plaza del Salvador.

La Coral Sacra y la Escolanía de María Auxiliadora crearon ambiente adecuado. La Banda Sinfónica Municipal estuvo bien en esa posición que no es para lucirse, y la Militar fue a lo práctico.

Las autoridades cumplieron de mínimos. Estaban el alcalde, Juan Espadas (que hacía reverencias y se santiguaba en los altares), así como el portavoz del PP, Beltrán Pérez, y el de Ciudadanos, Javier Millán, entre otros ediles. ¿Quién diría que a esas horas se debatía una moción de censura a Rajoy?

Una mañana en la que se recuperaron buenas vibraciones para que el Corpus de Sevilla se pueda volver a consolidar como la Fiesta Grande. No voy a decir que incluso puede ser un gran aliciente para el turismo. Pero sí añado que me parece el mejor de España, hoy por hoy, incluyendo a Toledo.

Una mañana radiante, que tuvo el epílogo del regreso del Señor de la Sagrada Cena. Y el recuerdo latente al Papa San Juan Pablo II, que estuvo en Sevilla hace 25 años. Comenzó su Pontificado pidiendo que no tengamos miedo. A ver si le hacemos caso.

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