Sevilla

El nobel alemán que se fijó en Sevilla

  • La Academia Sevillana de Ciencias nombra académico de honor al químico Robert Huber, que mantiene un estrecho vínculo con la ciudad, donde tutoriza a jóvenes estudiantes de doctorado

Robert Huber, uno de los químicos más influyentes de las últimas décadas y premio Nobel en 1988, fue nombrado ayer académico de honor de la Real Academia Sevillana de Ciencias en un solemne acto académico celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla. Con este reconocimiento, la institución hispalense puso de manifiesto la estrecha relación de este investigador con Sevilla, a donde acude con frecuencia para pronunciar conferencias, impartir clases o dirigir a jóvenes estudiantes de doctorado, como los del Centro de Investigación Científicas Isla de la Cartuja (cicCartuja).

El acto, que comenzó con más de veinte minutos de retraso, estuvo presidido por el Consejero de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía, Antonio Ramírez de Arellano, y la vicerrectora de Internacionalización de la Universidad de Sevilla, Carmen Vargas Macías, además de José Luis de Justo Alpañés, presidente de la Real Academia Sevillana de Ciencias, y Benito Valdés, presidente del Instituto de Academias de Andalucía. Ninguno de los intervinientes en el acto dudó en utilizar la lengua de Shakespeare para agradecer a Huber su presencia en Sevilla, así como para alabar su trayectoria profesional, como hizo Miguel Ángel de la Rosa, director de CicCartuja.

Más que un discurso propio del ingreso a una academia, el químico alemán pronunció una clase magistral sobre el conocimiento de las proteínas y las posibilidades que éstas ofrecen en el tratamiento de diversas enfermedades dirigida, especialmente, a los jóvenes investigadores que estos días participan en las instalaciones del CicCartuja en el Febs-Iubmb Workshop on Biointeractomics, un campo científico novedoso y supradisciplinar dedicado al estudio de las moléculas desde una perspectiva amplia al integrar enfoques de la Biología, la Bioquímica, la Ingeniería y la Informática.

Durante su conferencia -titulada New ways of vision: Beauty and fitness for purpose of proteins and my experience with translation into medicine-, Huber recordó sus primeros años como estudiante en los 60, así como a su mentor W. Hoppe y los seminarios de invierno que éste organizaba junto con M. Perutz en una pequeña casa de los Alpes. "La misma habitación en la que analizábamos las cristalografías de proteínas nos servía de comedor, salón y auditorio. Hoy, los biólogos organizan grandes congresos con miles de personas y existen cientos de laboratorios especializados en el campo", apuntó.

Su conferencia se centró en la cristalografía de proteínas y en los principales factores que intervienen en su desarrollo: "Algunos ejemplos demostrarán cómo la información de sus estructuras contribuyen para entender las bases de los fenómenos biológicos, químicos y físicos, que pueden llevar a aplicaciones médicas", señaló.

A pesar de la relevancia de sus investigaciones, el mayor impulso a su carrera científica no le llegó hasta la década de los 80, cuando se afianzó como uno de los grandes expertos internacionales en la técnica de difracción de rayos X. Huber se centró entonces en la fotosíntesis biológica y logró determinar la estructura tridimensional de las proteínas esenciales en este proceso. Esto resultó de gran importancia para entender la conversión de la energía lumínica en energía química o, dicho de otro modo, para descifrar la reacción por la que las plantas y algunas bacterias aprovechan el agua y la luz del sol para formar el oxígeno.

Por este hallazgo, Robert Huber recibió el Premio Nobel de Química en 1988, junto a sus compañeros Johann Deisenhofer y Hartmut Michel.

Entre las empresas cofundadas por Huber destacan Proteros y SuppreMol, una spin-off que fue adquirida por la farmacéutica estadounidense Baxter y que está obteniendo resultados positivos en la búsqueda de tratamientos farmacológicos contra la esclerosis múltiple o la artritis reumatoide. De ambas compañías también habló ayer durante su intervención, de más de una hora.

Tras su discurso, el presidente de la Real Academia Sevillana de Ciencias le impuso la medalla de la institución y, tras su juramento como académico numerario, el alemán procedió abrazar a todos los académicos presentes en el Paraninfo.

Este reconocimiento como académico se suma a otras distinciones anteriores en la ciudad, ya que fue nombrado honorario y visitante de la Universidad de Sevilla en 2006 y 2008, respectivamente. Ambos momentos fueron recordados por Miguel Ángel de la Rosa durante la exposición del laudatio del nobel, que acompañó con fotografías personales de sus numerosas visitas a la ciudad desde 1997.

El consejero de Economía y Conocimiento, Antonio Ramírez de Arellano, por su parte, aprovechó la clausura del acto para manifestar su apuesta por consolidar la integración de la ciencia y la investigación andaluza en redes internacionales, "aprovechando las sinergias para participar y, por supuesto, liderar iniciativas más ambicionas y punteras". Arellano también resaltó "su defensa y dedicación a la ciencia básica, donde cada avance, cada nueva aplicación, sólo es posible gracias al trabajo previo de miles de personas y su dedicación", señaló: "Es necesario recordar a la sociedad que si aspiramos a ser referente en innovación, no puede caer el esfuerzo inversor en la investigación más fundamental".

Para el consejero, el profesor Huber es también un ejemplo de cómo compaginar con éxito la actividad científica con la emprendedora, "un paso que", a juicio de Arellano, "aún se ve como ajeno en determinadas áreas, pero que no deja de ser necesario". En una sociedad del conocimiento, añadió, "la economía encuentra en las ideas su principal activo, respetando la ciencia base debemos esforzarnos en transformar el conocimiento en nuevas soluciones a los problemas de las personas".

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