Árboles del Cerro del Águila La 'oscuridad' de Juan de Ledesma

  • Vecinos del Cerro del Águila se quejan de que los árboles tapan las farolas

La calle Juan de Ledesma y sus frondosos árboles. La calle Juan de Ledesma y sus frondosos árboles.

La calle Juan de Ledesma y sus frondosos árboles. / Juan Carlos Vázquez

"De noche no se ve". Eso asegura María del Carmen Soto, vecina de la calle Juan de Ledesma, en el barrio del Cerro del Águila. Esta vecina alerta de que "los árboles tapan las farolas y lo que más ilumina es la farmacia". Estos árboles son naranjos, que según ella, "hace 4 o 5 años que no los podan de verdad". No obstante, una queja suya hizo que "cortaran tres ramas". Una medida que no ha solucionado su problema y el de otros vecinos. A algunos se le meten las ramas por la ventana.

La excesiva frondosidad de estos árboles, además de tapar las farolas que están sujetas de las fachadas, tiene otras consecuencias. "Tampoco puedo echar el toldo", avisa. Es decir, estos naranjos impiden protegerse del sol de día y alumbrar la acera de noche. A ello se le unen unos alcorques en mal estado que están repletos de naranjas caídas y hierbas varias. Hasta que esta poda se realice, Soto asegura que tendrá que seguir desviándose hasta la Avenida de Hytasa, en busca de vías mejor iluminadas, para llegar a su domicilio tras acudir a misa a la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores. La crítica al estado de la flora del barrio del Cerro del Águila la extiende a otros aspectos, pues asegura que "nunca ha estado tan descuidado y sucio", aparte de alertar de la falta de efectivos policiales que pasen por la zona para dotar de seguridad a sus calles.

Así están los naranjos de la esquina de las calles Juan de Ledesma y Párroco Antonio Gómez Villalobos Así están los naranjos de la esquina de las calles Juan de Ledesma y Párroco Antonio Gómez Villalobos

Así están los naranjos de la esquina de las calles Juan de Ledesma y Párroco Antonio Gómez Villalobos / Juan Carlos Vázquez

Pedro Mateo también vive en Juan de Ledesma. Coincide con con su vecina: "Los árboles tapan las ventanas". Además de constatar la oscuridad cuando cae el sol, le preocupa que "cuando hace viento, las ramas dan en la persianas y tengo miedo de que me las partan". Él vive en una primera planta, lo cual le permite "coger naranjas" y si quisiera, hacer la poda él mismo. Mateo denuncia que se quejó durante el confinamiento y consiguió hablar con Parques y Jardines, pero "no arreglaron el problema". La descontrolada altura de los naranjos es motivo de preocupación por la posibilidad de que roedores "trepen por las ramas y accedan al bloque", finaliza este joven vecino, que en contraste con María del Carmen, lleva poco tiempo residiendo en el Cerro del Águila.

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