Calle Rioja

El párroco vuelve con la cantera

  • Emotiva y multitudinaria despedida a Marcelino Manzano como párroco de San Vicente para asumir su nuevo destino en la dirección espiritual del Seminario Metropolitano

Marcelino Manzano, precedido por quienes concelebraron con él la misa en San Vicente. Marcelino Manzano, precedido por quienes concelebraron con él la misa en San Vicente.

Marcelino Manzano, precedido por quienes concelebraron con él la misa en San Vicente. / Juan Carlos Muñoz

EN tiempos de turbación, a este cura no le importa hace mudanza. La parroquia de San Vicente Mártir se llenó el pasado viernes para despedir a su párroco, Marcelino Manzano (Sevilla, 1972), que tras cinco años al frente de este barco de fe junto a la plaza de Teresa Enríquez recibió de Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla, la encomienda de la dirección espiritual del Seminario.

Acudió tanta gente a despedir al cura, un vecino más, un tipo cercano y asequible, que hubo que cambiar el lugar del convite posterior a la misa multitudinaria. De la casa-hermandad de la Vera-Cruz se pasó al patio del convento de las franciscanas de Santa Rosalía. “Para mí lo más emotivo ha sido ver la iglesia a rebosar un viernes de verano por la noche estando la Virgen del Rocío esa madrugada en la calle”.

Como seguirá siendo delegado diocesano de Cofradías y Hermandades, no tenía problemas para saludar a tanto cofrade como se dio cita en la iglesia. Como párroco ha tenido relaciones con seis hermandades: las Penas de San Vicente y las Siete Palabras, que tienen su sede elesiástica en este templo, la Vera-Cruz, el Museo, Mercedes de la Puerta Real y Rosario de la Capilla de los Humeros. Por proximidad, también hubo representación del Santo Entierro. En total, nueve hermanos y ex hermanos mayores. Mañana tendrá lugar la toma de posesión de su sustituto en la parroquia, Carlos Coloma.

Ya ha empezado a trabajar en el Seminario. En su nuevo destino basta con la profesión de fe para asumir los nuevos compromisos. De los 45 seminaristas, Manzano se hará cargo de la dirección espiritual de los 17 que cursan primero y segundo en el centro de la Avenida Bueno Monreal. Más que aumentar –y fortalecer– las vocaciones, dice Manzano que su misión consiste “en acompañarlos espiritualmente, ser como un padre para ellos”.

Es como volver a sus orígenes pastorales. Estudió en el Seminario en la promoción 1995-2000. Allí vivió otra mudanza. “En 1997 tuvimos que dejar el seminario del Palacio de San Telmo. La convivencia fue muy cordial. El presidente Manuel Chaves nos invitó a todos los seminaristas a una cena de despedida”.

Depositario del galardón que anualmente entrega la contratertulia del Homo Cofrade, le divierte la metáfora balompédica de pasar de entrenador a seleccionador en su cambio de destino. Empezó como cura rural, con la nomenclatura de la novela de Bernanos, vicario parroquial en La Puebla de los Infantes y en Peñaflor, donde se casó Blas Infante. Su primer destino parroquial fue en Lora del Río. De los dominios de la Virgen de Setefilla dio el salto a la capital, a esta iglesia de San Vicente. Una de las antiguas mezquitas que San Fernando convirtió en iglesia cristiana, parroquia desde el siglo XIV.

“Una iglesia con muchas raíces en la que hemos ido construyendo la vida parroquial con la fe del barrio, esperanza y caridad”. Virtudes teologales que no son para la galería o los golpes de pecho. Marcelino Manzano impulsó con el grupo de Cáritas el proyecto Levántate y Anda, rutas nocturnas por calles de la feligresía para atender a personas sin hogar.

Mañana volverá a San Vicente para acompañar a su sustituto. En la misa de despedida le acompañaron Jesús González, antiguo párroco, capellán del Museo y la Vera-Cruz, y el diácono Alberto Álvarez, con el omnipresente José Manuel Adame, sacristán y licenciado en Historia del Arte, guía oficioso de una de las joyas de la religiosidad hispalense.

De los pueblos a la capital y ahora a cuidar de la cantera, volviendo al símil balompédico. Marcelino Manzano creció en una familia trabajadora. Su padre tenía una tienda de comestibles en la calle Guadalupe, donde nacieron sus dos hermanos. Benjamín de tres, nace cuando su progenitor cambió de oficio, conserje en un edificio de Kansas City. Trasiego que traduce en la pertenencia a numerosas cofradías como hermano. En su caso, no hay fricciones entre fe y esta manifestación de la religiosidad popular. Por vínculos de infancia está muy unido a San Roque, San Benito y los Servitas.

No va a tener sitio en su casa para tantos presentes, incluido un cuadro de la pintora Nuria Barrera. Tenía diez años cuando llegó a Sevilla Amigo Vallejo, bajo cuyo mandato episcopal empezó sus estudios en el Seminario. Los comenzó en 1995, el año que se casa en Sevilla la infanta Elena. En San Vicente habrá oficiado “en torno a las cien bodas, más en las capillas que en la parroquia”. Es tan sevillano que nació un jueves entre Semana Santa y Feria.

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