Una lacra del pasado Malestar vecinal por la profusión incontrolada de roedores

Las ratas no se van de vacaciones

  • División en el Cerro ante la pasividad municipal y la propuesta del PP de costear la desratización en Juan Talavera

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Las han visto el chapista, el carnicero y la peluquera. Se detienen en su tamaño y en la repugnancia. En la heráldica imaginaria del Cerro mandan el águila y el toro -cuna de Diego Puerta, del Távora torero y de los chiquillos que hicieron del Matadero escuela oficiosa de tauromaquia-, y se les han incorporado las ratas que campan por doquier. Sólo en la calle Juan Talavera Heredia han localizado cinco madrigueras o escondrijos. Una sorpresa muy desagradable para los que han vuelto de las vacaciones.

Manuel Lara, 59 años, carnicero jubilado, tiene que volver a comprar veneno en la droguería de Tere. "Se metieron por el ojopatio de mi casa. Lo malo es que me he quedado sin veneno y hoy es domingo", decía ayer este hombre que vivía en las Tres Mil Viviendas y se mudó al Cerro después de divorciarse de su mujer. "Estuve unos días de vacaciones en Matalascañas y al volver eché veneno". Le pegó un golpe a la lavadora para animarlas a salir. "Se fundió la luz y cuando estaba cambiando la bombilla las oí chillar, pegándose unas a otras, atontadas por el veneno".

El remedio de Miguel es más clásico y expeditivo. Un remedio que se llama Tito, un gato color piel de león que cuando no descansa bajo las panzas de los coches se enseñorea por las desiertas calles del Cerro en este domingo de medallas. "Yo no las he visto. Será porque tengo gatos. La puerta siempre está abierta", dice Miguel, originario de Villalba del Alcor. Plácidamente sentado en la silla que los días laborables ocupan los clientes de su barbería, le gustan más las motos que el tenis y no sabe cómo irá Nadal. "He vuelto de pescar en el pantano de Zufre. Íbamos por barbos, pero sólo cogimos carpas".

Antonio Sánchez es vecino del Cerro de toda la vida. Hasta 1968 formó con su vecino Pepe Suero el dúo Alegría. Ese año se incorporó al grupo de sevillanas Los Maravilla. "Hay ratas que parecen gatos del tamaño que tienen", dice Antonio, que llegó a tener en su casa del Cerro estudio de grabación "porque yo soy cantante y guitarrista". Las ratas se han convertido en la canción del verano en la calle que desemboca en los terrenos de Hytasa.

Julia Mármol ha perdido la cuenta del tiempo que lleva en el Cerro. Tiene 86 años y ha vivido épocas más propias de estos episodios tercermundistas. Está en el balcón con una de sus hijas y las dos han visto corretear a las ratas y merodear por las raíces de unos árboles que ni sombra dan y a los que casi todo el vecindario les tiene una inquina mayor que a los malditos roedores.

"Podían haber plantado los naranjitos de la calle Lisboa. Estos árboles sólo dejan porquería". Rafael Díaz Palma, 70 años, sale de un cuarto donde unos hombres juegan la partidita del domingo. "Aquí hay hasta cocodrilos", dice quien trabajó en el campo y después fue refinador de aceite en la Punta El Verde. Uno de los espectadores de la partida asoma la cabeza para decir que "el alcalde es un sinvergüenza". Rafael entra en polémica. "El alcalde no tiene culpa ninguna; los políticos son empleados". Pero coinciden en que las ratas "son un peligro para la salud y la higiene".

Las ratas del Cerro del Águila han propiciado el último episodio de enfrentamiento entre gobierno y oposición municipal en el Ayuntamiento de Sevilla. En la calle Juan Talavera no se explican la predilección de las ratas por la acera de los impares. "Esas casas tienen ratas y hasta en la peluquería han entrado", dice una vecina que acaba de regresar con su marido de unas vacaciones en El Portil.

"Con que diga que soy el presidente de la comunidad de vecinos del bloque número 6 es suficiente", dice su marido, que tiene un taller de chapa y pintura en el Tiro de Línea. Se compraron el piso antes de casarse. Sus hijos viven en Sevilla Este. "Muchas mañanas, mi hija viene a dejarme al niño, cuando bajo a por el nieto a las siete y media de la mañana veo a las ratas por la calle", dice el chapista. Junto a su casa hay un coche marca Renault 4, matrícula de Cádiz, que lleva abandonado cuatro años. "Se lo dijimos a los municipales y como si nada". Un hotel de cinco estrellas para las ratas. "Se esconderán debajo". El presidente del bloque, elegido en enero, le declaró y ganó la guerra a las cucarachas.

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