Los Reyes Magos cambian el pesebre por el hotel

calle rioja

Emotivo y multitudinario reconocimiento de la Tertulia El Homenaje a Fernando de la Portilla, rey Melchor 2025

Lleva 30 años implicado en un proyecto en Guatemala

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De izquierda a derecha, Fernando de la Portilla (Melchor), Jesús García (Gaspar) y Fede Quintero (Baltasar).
De izquierda a derecha, Fernando de la Portilla (Melchor), Jesús García (Gaspar) y Fede Quintero (Baltasar). / Antonio Errazquin

En dos novelas del húngaro Sándor Marái, ‘El último encuentro’ y ‘Último día en Budapest’, se repite la misma escena: de pronto en algún sitio aparecen las iniciales M, G y B. La rúbrica de sus Majestades de Oriente. En el hotel NH Plaza de Armas alguien debió encontrar esas huellas de Melchor, Gaspar y Baltasar. Los Reyes Magos de 2025, los que con el mismo requiebro burlaron al rey Herodes y al príncipe de las isobaras para adelantar un día el cortejo, se volvieron a reunir. La tarde y la noche mágica de hace un año, un mes y cuatro días creó en ellos una alianza epifánica. Han pasado a formar algo mucho más sólido que un triunvirato; ya son una familia.

Allí estaban compartiendo mantel Fernando de la Portilla (Melchor), Jesús García González (Gaspar) y Fede Quintero (Baltasar). El primero recibía el reconocimiento de la Tertulia El Homenaje en su cuadragésimo primer aniversario. Con presencia hegemónica de soleanos (cofrades de la Soledad de San Lorenzo), pero también de la Veracruz, de la que es hermano el doctor De la Portilla, del Gran Poder y de la Bofetá, todo muy San Lorenzo. Esta tertulia nace el 6 de febrero de 1985. Hace tanto tiempo que todavía estaba Gordillo en el Betis y Felipe González no había agotado su primera legislatura en la Moncloa.

La historia de la tertulia la resumió uno de sus fundadores, Rafael de Gabriel, pregonero de la Semana Santa de 2004. Nace la historia en Casa Ovidio que acababa de convertirse en Casa Ricardo, cuando no había una sola fotografía en este Partenón de las croquetas y las torrijas. El regalo para Fernando de la Portilla (un presente para un rey mago, hermosa paradoja) era la primera fotografía que se colgó en las paredes de Casa Ricardo, la del Cristo de la Salud de San Bernardo fotografiada por Roberto Pardo. Uno de los invitados a la reunión era Pepe Moreno, ex hermano mayor de los Gitanos, uno de cuyos titulares es el Cristo de la Salud. Dos imágenes muy acordes para premiar a un médico que tanto ha hecho por la salud de los demás.

De Casa Ricardo fueron a Coloniales y después pasaron por el bar Rocío, en la calle Lumbreras esquina con Santa Clara. El mundo según Fernando de la Portilla. Su padre tenía la farmacia en Santa Clara, la calle donde nace Rafael Montesinos y donde Bécquer tuvo su primer amor, esa calle con la torre de San Lorenzo al fondo; la familia vivía en Álvaro de Bazán, una calle con poca longitud y mucha historia: en ella pasó su infancia Antonio el Bailarín. El mantenedor del acto fue Víctor Manuel de la Portilla, hermano del médico reconocido, Gran Visir en la Cabalgata, timonel radiofónico primero de Radio Sevilla y desde sus comienzos de Canal Sur. A sus muchos honores (académico, catedrático, medalla de la ciudad de Sevilla, rey Melchor en la Cabalgata del Ateneo), Fernando de la Portilla une la condición de escritor. Publicó una historia de la Casa de las Sirenas, que en tiempos perteneció a sus antepasados, y es autor de ‘Relato médico de la Pasión según Sevilla’, un libro que le editó Miguel Gallardo sobre las patologías de Cristo en la cruz y su correlato en imágenes de la Semana Santa de Sevilla.

Los títulos son una ordinariez si no son para mejorar la vida de los demás”

De los honores dice el doctor que “son una ordinariez”, que lo más importante que uno tiene o sabe hacer no tiene ningún valor si no es para mejorar la vida de los demás. Un empeño en el que se implicó con Eva, su esposa y madre de sus tres hijos. Cuando ella lo conoció Fernando tenía novia y era electricista. Nada está escrito en la vida de nadie. Se le aparecieron el amor y la Medicina a la vez y ahora es una eminencia en la cirugía digestiva.

Frente al Avenida 5 cines, se vivió una hermosa película de arte y ensayo. Gaspar y Baltasar quisieron sumarse al homenaje al rey que les precedía en el cortejo, con el que compartieron la coronación en el Ateneo, la confirmación en Capitanía y la apoteosis en el balcón del Rectorado.

El NH Plaza de Armas se adelantó a la cuaresma. Además de Rafael de Gabriel había otro pregonero, Ignacio Montaño, “el único republicano de los presentes”, decía quien nació el 16 de julio de 1936, dos días antes de que todo cambiara. Fue un profesional cualificado de la delegación de Hacienda, donde coincidió con un pregonero inédito como el poeta Juan Sierra; también fue comisario de Sevilla en la Expo 92 y cinco años después pregonó la Semana Santa de Sevilla. El año 1997 que nace la primera de sus cinco nietos, que trabaja en Londres como ingeniera para una escudería de la Fórmula 1.

Rafael de Gabriel nombró a los tertulianos que ya no están: Antonio Salado, Juan Carlos Palomino, Paco Jiménez, letrista de sevillanas, Eduardo García Díaz, hijo de los guardeses del palacio de Bucarelli que aportó la fotografía fundacional. El Homenaje tienen caseta de Feria en la calle Antonio Bienvenida.

El doctor De la Portilla hizo una emotiva reivindicación de San Lorenzo como alfa y omega de las emociones. La vida de barrio como antídoto contra la globalización. Con la maravillosa excepción de su reto oceánico. Se cumplen treinta años desde que Fernando y Eva se implicaron en un proyecto en Guatemala, que es como el segundo patio de la plaza de San Lorenzo. Todos los años viajan a ese país con una puerta que les abrió la madre Mari Luz, que fuera directora de las Mercedarias de San Vicente de la que tantos soleanos y vecinos del barrio fueron alumnos.

Estaba medio san Lorenzo en el NH Plaza de Armas: Sixto Tovar, del Eslava, Paco Gallardo, médico y novelista, Ramón Cañizares, cronista de las cosas ‘laurentinas’ y Pepe Rodríguez García, hermano mayor de la Soledad de san Lorenzo. La tertulia no tendría la mayoría de edad de estas cuatro décadas sin el aliento de Nacho Anso, el navarro que dirigió este hotel y que perdió la vida cuando cruzaba en su motocicleta el puente del Cachorro.

Son magos de verdad. Lo comprobaron los niños de la quinta planta del Macarena a los que visitaron. Hicieron una parada en la tercera, donde les esperaba un niño grande llamado Jesús Méndez Lastrucci, imaginero con taller en la calle Goles, biógrafo de Antonio Susillo, que ya prepara nuevos materiales para recordar el año que viene a Elvis Presley en el cincuentenario de su muerte.

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