Día del seminario

Seminaristas de Sevilla: Ni frikis, ni raros, ni anticuados

  • El Seminario Metropolitano deja atrás el invierno vocacional

  • Los últimos años mantiene el número de incorporaciones, con jóvenes dispuestos a cambiar por completo de vida

Ignacio del Rey, Fernando Martín y José Pablo Hoyo. Tres seminaristas sevillanos. Ignacio del Rey, Fernando Martín y José Pablo Hoyo. Tres seminaristas sevillanos.

Ignacio del Rey, Fernando Martín y José Pablo Hoyo. Tres seminaristas sevillanos. / Juan Carlos Muñoz

“Para mi familia fue un gran impacto”. Así relata Fernando Martín, de 22 años, cómo recibieron sus padres la decisión de entrar en el seminario. “Estaba terminando la carrera de Derecho. Ellos creían que me había olvidado de mi vocación, de esa inquietud que tuve desde primero de Bachillerato”, relata este joven. Pero no. Durante su época universitaria la idea del sacerdocio se fue consolidando. En cinco años será una realidad. “Hay un momento en la vida en el que sientes que Dios te ha llamado. Al principio te resistes, lo niegas. Pero al final, siempre sigues el camino marcado”, añade.

Fernando es uno de los seis alumnos nuevos con los que cuenta el Seminario Metropolitano de Sevilla, que los últimos años logra mantener un nivel de incorporaciones que se sitúa entre las cinco y las ocho. Actualmente cuenta con 42 seminaristas. Su época más dura, la del invierno vocacional, quedó atrás. Este martes, 19 de marzo, festividad de San José, es el día de ellos, de los que se preparan para el sacerdocio.

La situación del seminario sevillano es mejor que la que se vive en los de otras diócesis andaluzas, donde el número de ingresos se reduce, a excepción de Córdoba. Durante los días pasados, varios alumnos han acudido a diversos institutos públicos y privados para mostrarles la realidad que se vive en las instalaciones de la Avenida de la Palmera. “No se trata de despertar la vocación en los adolescentes, sino de naturalizar la vida que llevamos, mostrarles que no somos extraños”, explica Ignacio del Rey, que con 26 años cursa cuarto.

“Basta conocernos un poco para constatar que somos hombres salidos de este mundo, que compartimos las alegrías y los sufrimientos de la sociedad, que nos gusta el fútbol y tomar una cerveza fría, nos fascina irnos de excursión a la montaña o ver una película con amigos. Nos encanta participar en una comida familiar o darnos un chapuzón en la playa”. Así lo detalla Arsenio Fernández de Mesa, alumno del Seminario de Conciliar de Madrid, en una publicación que se ha hecho viral estos días.

El volumen de ingresos se mantiene los últimos años entre cinco y ocho incorporaciones

Unas palabras que ratifican los tres seminaristas sevillanos con los que ha hablado este periódico. “La pérdida de cultura religiosa provoca que mucha gente se extrañe cuando vamos a ingresar en el seminario”, incide Fernando Martín, cuyos compañeros universitarios “aún no entienden” la decisión que tomó hace un año. “No es habitual que una persona de nuestra edad, en plena juventud, se sacrifique y lo deje todo por una causa. Pero también nosotros ganamos mucho con esta decisión”, subraya el veinteañero.

Para ingresar en el seminario hay que aprobar la Selectividad. Así ocurrió con José Pablo, el más joven de todos, quien con 19 años ya se encuentra en el segundo curso. “La sociedad actual padece un miedo progresivo al compromiso. No sólo para ser sacerdote, sino en otros ámbitos de la vida pública y personal. Ahí están las tasas de divorcio que lo demuestran. Los jóvenes de hoy día optan por metas cortas”, asevera este seminarista.

La vocación sacerdotal despertó a distinta edad en Fernando, Ignacio y José Pablo. La vocación sacerdotal despertó a distinta edad en Fernando, Ignacio y José Pablo.

La vocación sacerdotal despertó a distinta edad en Fernando, Ignacio y José Pablo. / Juan Carlos Muñoz

Una opinión que comparte su compañero José Ignacio del Rey. Este joven está licenciado en Ciencias Políticas. Cursó un máster en Madrid, mientras trabajaba en el Parlamento de Andalucía. “Ámbitos de escasas o nulas referencias religiosas”, recuerda. Cuando tomó esta decisión tenía novia. En aquel momento pesó el consejo que siempre le había dado su abuela, “mi gran guía en la fe”:“Lo importante en esta vida es encontrar la voluntad de Dios”.

Estos jóvenes gastan bromas. Ríen. Comentan todo tipo de actualidad. La política. La futbolística. Y hasta la cofradiera. Dos de ellos son hermanos del Silencio. A la hora de hacerse la foto, como cualquier humano, encogen la barriga. Intentan esconder esos kilos de más que engordan la silueta “En el seminario se come muy bien”, comenta uno de ellos. Tienen gimnasio, aunque reconocen que lo usan poco. La vida saludable es haber respondido a la vocación que se despertó en ellos en distintos momentos. Ni son raros. Ni frikis. Ni mucho menos están anticuados. “Sólo somos jóvenes comprometidos”.

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