• El Covid ha abierto una nueva línea de mercado para estos profesionales, que vieron mermada la carga de trabajo durante el confinamiento 

  • El uso obligatorio de la mascarilla dificulta la labor de investigación que llevan a cabo

Los cambios laborales con la pandemia

El teletrabajo, bajo la lupa de los detectives sevillanos

Ilustración sobre el trabajo de los detectives en la pandemia. Ilustración sobre el trabajo de los detectives en la pandemia.

Ilustración sobre el trabajo de los detectives en la pandemia.

Rosell

"Era administrativo y en su empresa se dio de baja por problemas musculares, que le obligaban a tomar relajantes. Esta medicación, supuestamente, le impedía teletrabajar. Sin embargo, lo descubrimos realizando actividades que requerían de cierto ejercicio físico". Manuela Martín acumula más de 30 años trabajando como detective. Está al cargo de la empresa Manel Detectives. Aprendió el oficio de su padre, "uno de los primeros de España en dedicarse a esta profesión", recuerda. 

Esta labor, como tantas otras, también se ha visto afectada por la pandemia. Tanto en el número de encargos -que se ha reducido- como en su tipología. El teletrabajo ha pasado a ocupar un lugar preferente a la hora de descubrir ciertas indisciplinas por parte de los empleados de las empresas. Cierto es que esta modalidad laboral, por la que se ha decantado un alto volumen de compañías para evitar los contagios de Covid en sus sedes, permite cierta relajación en los horarios y compatibilizar las obligaciones profesionales con las familiares, pero también es verdad que ha disparado las sospechas sobre posibles fraudes por parte de los empleados, de ahí que se acuda a los detectives. 

"Antes, por ejemplo, podíamos llegar a acumular 25 casos en un mes, y ahora con la pandemia hemos estado sólo con cinco", precisa esta profesional, quien también apunta a otros cambios que ha provocado el coronavirus en la profesión, la cual se ha visto dificultada con las medidas de seguridad e higiene obligatorias. "Ha cambiado la forma de trabajar, ya que al llevar todas las personas mascarilla muchas veces la fotografía no sirve, por lo que hay que acercarse mucho al investigado o, incluso, recurrir a la cámara oculta", precisa Martín. 

La primera promoción de la UPO

Jesús Marchenero lleva sólo dos años trabajando como detective. Pertenece a la primera promoción de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) que logró esta titulación. Pese a que se inició en este cometido en 2019, ha podido comprobar en este breve periodo de tiempo cómo la instauración del teletrabajo en la mayoría de las empresas se ha convertido en uno de los temas de investigación más demandado. "Nos piden que comprobemos si ciertos empleados trabajan realmente durante la jornada laboral", refiere Marchenero. 

Uno de los casos en los que tuvo que indagar a las pocas semanas de decretarse el primer estado de alarma fue el de una psicóloga a la que se hizo una vigilancia porque en su gabinete existían dudas de que estuviera realmente prestando el servicio debido desde su domicilio. "Practicamos un seguimiento y comprobamos que trabajaba la mitad de la semana. Un día estaba en su casa y al otro se encontraba fuera, pero claro, el teletrabajo tampoco tiene unos horarios estrictos y permite cierta relajación, por lo que no se podía deducir claramente que estuviera incumpliendo su contrato", explica este detective. 

Casi 40 años lleva en este oficio Fernando Ostos, quien considera que los cambios en la profesión se vienen produciendo, prácticamente, desde la crisis económica desatada a finales de 2007. Una alteración que, a su juicio, se ha producido tanto en el número de casos investigados como en las horas que se emplean en ellos. Esta situación se ha acentuado con el Covid. "Han llegado nuevos temas, como la vigilancia sobre el teletrabajo y también sobre el cumplimiento del confinamiento de hijos de padres separados", subraya Ostos. 

La custodia de los menores en el Covid

En este aspecto, el detective recuerda que ha recibido encargos para comprobar que un padre o una madre, cuando le compete la custodia de un menor, lo ha llevado a casa de sus abuelos, pese a que no podían salir del domicilio en el que vivían ni relacionarse con personas que formaban parte de la población de alto riesgo. "El objetivo último es llevar a la ex pareja a los juzgados por dicho incumplimiento", añade Ostos. 

No han faltado casos en los que se ha constatado que algunos empleados aprovechan el trabajo en remoto para hacer reformas en casa, paseos largos y deporte. "Todo ello puede suponer una falta grave o muy grave", como afirma José Alberto Domíguez, delegado en Andalucía de la Asociación Profesional de Detectives Privados de España (Apdpe), quien advierte que el “porcentaje de infractores ha crecido en la misma proporción que el teletrabajo”. “Nos hemos encontrado a empleados saliendo a correr y a hacer compras en jornada laboral. Si de cinco horas pierden dos, trabajan la mitad”, afirma este detective, quien defiende que el cometido de este colectivo no es otro que “documentar lo que está ocurriendo” para que la empresa, su cliente, pueda tomar medidas, ya sea un despido disciplinario o un cambio de área.

Un detective vigila a una persona tras un cristal. Un detective vigila a una persona tras un cristal.

Un detective vigila a una persona tras un cristal. / D. S.

La visión sobre la incidencia de la pandemia en esta actividad difiere levemente si se atiende a las declaraciones de Javier Cross, presidente de la Asociación de Detectives Autónomos de España (Adae) y también responsable de esta entidad a nivel andaluz. Según Cross, entre los miembros de la asociación y, a título personal, no ha recibido ningún encargo para vigilar el teletrabajo. "Nadie me ha llamado para eso", asegura este detective, que incide en que "las empresas ya cuentan con sistemas propios para comprobar si un empleado se ausenta durante la jornada laboral". Sin embargo, reconoce que el trabajo a distancia ha abierto "una nueva línea de mercado para el sector". "En realidad, ya existía antes, pero ahora se aplica de otra manera", abunda. 

La solvencia de las empresas

Respecto a la carga de trabajo, Cross puntualiza que ha bajado bastante durante los periodos de confinamiento severo, pues el seguimiento a las personas resulta muy complicado, ya que en tales circunstancias sólo se permite salir del domicilio para ir a hacer la compra, sacar al perro y a las ocho de la tarde había que estar en casa. También apunta a otro encargo que ha aumentado durante la pandemia: los proveedores que encargan informes sobre la solvencia de las empresas clientes para averiguar si finalmente podrán afrontar los pagos, una petición que obedece a las pérdidas económicas provocadas por la crisis del Covid. "Las funciones de los detectives abarcan tantos ámbitos que, si decae un tipo de operación, se tira la red por otro lado", asevera. 

Reconoce que las medidas de higiene establecidas en la pandemia han dificultado el seguimiento, ya que el uso de las mascarillas impide muchas veces identificar correctamente a las personas. Por contra, el distanciamiento de seguridad no ha supuesto ningún óbice, puesto que el oficio obliga a mantenerlo siempre para no levantar sospechas sobre la posible presencia de un detective.  

Entre los "clásicos" que no han perdido vigencia, pese a la irrupción de la pandemia, se encuentra la investigación de padres separados que aducen no poder pasar la pensión de los hijos al quedarse en paro y luego descubrir que trabajan en la economía sumergida. Es lo que comprobó Manuela Martín con un padre de familia que alegaba encontrarse en dicha situación, pero del que posteriormente descubrió que tenía a su cargo un taller clandestino de reparación de coches. "Pagaba a una persona que se ponía en la puerta para vigilar que no hubiera ningún sospechoso. Tuvimos que irnos a un bar cercano a grabar con cámara oculta y constatar que obtenía ingresos en B", detalla Martín. 

La escolarización, un clásico

Tampoco faltan en estos encargos los relacionados con la escolarización, debido a los fraudes que cometen muchas familias para lograr plaza para sus hijos en el colegio deseado. "Antes era más fácil descubrirlos, ahora lo hacen todo con mucha cautela. Hay que acudir muy temprano al domicilio que han notificado como el familiar para comprobar que los niños no duermen allí y que los traen por la mañana del hogar verdadero. He visto cómo en casa de muchos abuelos dejaban las ropas de los menores en las camas para intentar demostrar que vivían allí", refiere Martín, que también asegura que ha llegado presenciar casos en los que una familia avisaba mediante carteles a los vecinos de que no hablaran sobre dónde residían sus hijos, para no perder la plaza escolar. "Es de tal interés este asunto para algunos padres que décadas atrás se han domiciliado en un solar donde sólo había una lámpara encendida que justificaba un contrato de luz y, por tanto, que allí residía una familia", abunda. 

Esta profesión, incluso, ha destapado indirectamente hasta importantes redes de narcotráfico. Es lo que le ocurrió a Jesús Marchenero en un caso que investigó relacionado con la custodia familiar y que acabó con una importante redada en Castilblanco de los Arroyos, donde se destapó un negocio de contrabando de estupefacientes. "En el momento en que descubrimos un delito, lo tenemos que denunciar a la Policía Nacional", destaca Marchenero, quien señala que cada año estos profesionales reciben inspecciones policiales para controlar el buen funcionamiento de su actividad y que se atienen en todo momento a la ley

El código ético

El trabajo de un detective es reclamado, incluso, después de la muerte del cliente. Así lo destaca Fernando Ostos, quien asegura que algunos familiares han encontrado su tarjeta en los bolsillos del finado o al tener acceso a sus cuentas y han venido a preguntarle por el motivo por el que fue contratado. "Por código ético no puedo decir nada, ya que podrían sancionarme por desvelar secretos", advierte Ostos, que abunda en otro aspecto en el que ha cambiado bastante la profesión: la globalización. "Ahora me llaman personas de cualquier punto del mundo para que investigue la vida de un tercero que vive en Sevilla y con el que mantiene algún tipo de relación, ya sea laboral, comercial o sentimental, a través de internet". "He tenido que ir dos veces en un mes a Alemania para averiguar datos sobre varias personas, esto se ha vuelto frecuente en la última década, cuando antes apenas ocurría", añade. 

Lo que tampoco ha cambiado es el intrusismo que sufre la profesión. Por tal motivo, Javier Cross aconseja siempre a quienes vayan a contratar un servicio de detective que comprueben que se encuentra inscrito en el Registro Nacional de Seguridad Privada y que posee una licencia del Ministerio del Interior:"Deben desconfiar de aquéllos que los citan por primera vez en un bar u otro local. Debe hacerse en un despacho, como cualquier profesional. Nadie va a hablar con un médico en una cafetería, sino en su consulta. Pues lo mismo ha de ocurrir aquí".