Sevilla

La vacuna contra el covid, el alivio de los adolescentes

  • "El virus se está expandiendo y es la mejor forma de protegernos", dice una chica de 16 años antes de vacunarse en la Cartuja

  • Los menores de hasta 12 años pueden vacunarse a partir de este lunes en Andalucía

Rocío, de 16 años, recibe la vacuna en presencia de su hermana pequeña, de 10.

Rocío, de 16 años, recibe la vacuna en presencia de su hermana pequeña, de 10. / Juan Carlos Vázquez

Rocío, de 16 años, avanza en la cola de personas que esperan la vacuna contra el covid-19 en el estadio de la Cartuja. Son aproximadamente las 12 del mediodía del lunes 9 de agosto, el primer día en que los menores de hasta doce años pueden vacunarse. La acompaña su madre, Antonia Muñoz, y su hermana pequeña, de diez, que aún no puede recibir el antídoto contra el coronavirus que se le va a aplicar en breve a su hermana mayor.

Está tranquila, a diferencia de otros menores que le seguirán luego unos minutos más tarde. "El virus se está expandiendo mucho y tenemos que ser conscientes de que la vacuna es la mejor forma de protegernos", dice la chica. "Estoy muy concienciada", añade, y explica que supone un alivio para ella recibir la primera dosis de la vacuna, pues a partir de ahora no tendrá miedo de contagiar a nadie.

"Aconsejo a todo el mundo que se ponga la vacuna, espero que pronto se la pueda poner también a la chica", recalca la madre, que la acompaña en todo momento. Las tres mujeres avanzan en la fila por dentro del estadio y llegan hasta el box que le ha tocado para vacunarse. Llega el momento del pinchazo. Un fotógrafo de prensa capta el momento y a la chica se le intuye una sonrisa debajo de la enorme mascarilla FFP2 que le cubre el rostro. "No me ha dolido nada, casi ni lo he notado", explica, antes de marcharse a la sala de espera. Tendrá que aguardar 15 minutos hasta poder irse a casa.

El vacunódromo de la Cartuja está menos concurrido este lunes que semanas atrás, cuando las colas le daban la vuelta al estadio y había que esperar un buen rato a pleno sol antes de poder acceder al recinto. Esta vez apenas hay cola fuera, aunque sí hay cierto bullicio. La cafetería está repleta de acompañantes que esperan a que salgan sus familiares y un vendedor de la ONCE anuncia la suerte en la grada de preferencia, junto a la puerta de un gimnasio en el que unos cuantos deportistas entrenan ajenos a las miradas de los curiosos.

Ana, de 15 años, durante su vacunación en el estadio de la Cartuja. Ana, de 15 años, durante su vacunación en el estadio de la Cartuja.

Ana, de 15 años, durante su vacunación en el estadio de la Cartuja. / Juan Carlos Vázquez

A diferencia de otros días, no hay gorrillas pidiendo dinero por aparcar ni tampoco policías locales regulando el tráfico en los accesos. No parece necesario. Hay menos gente, menos citas y menos vacunas que los días de finales de junio y principios de julio. Hay cientos de coches aparcados en las inmediaciones del estadio pero prevalece el orden entre ellos y los conductores se muestran de lo más cívico, se ceden unos a otros el paso ante un cruce con dudas en la prioridad y se saludan amablemente. Parece que la vacunación une.

En la zona del Gol Norte está la puerta 14, por la que se accede al interior. Un par de vigilantes de seguridad se encargan de que no entre nadie sin cita. Piden a todos que muestren su cita en el móvil, o en un papel, que es lo que suelen llevar quienes reciben la segunda dosis. Una vez dentro, todo está muy bien organizado. Hay que hacer un recorrido por las galerías interiores que casi le da la vuelta al completo al coliseo. La cola serpentea antes de llegar a unos mostradores en los que el personal sanitario pide el DNI y entrega un papel con un número a quienes van llegando. Luego vuelta a la cola, que avanza a buen ritmo en todo momento.

Una vez llegado al final del recorrido, una persona va ordenando la entrada e indicando a cada uno cuál será el box en el que se vacunará. En cada box, el personal sanitario se encarga de preguntar alergias, intolerancias y fármacos que se estén tomando, por si hay alguna contraindicación, meterá los datos en el sistema y entregará un papel con la cita para la segunda dosis. 

Cynthia, de 16 años, recibe la primera dosis de Pfizer. Cynthia, de 16 años, recibe la primera dosis de Pfizer.

Cynthia, de 16 años, recibe la primera dosis de Pfizer. / Juan Carlos Vázquez

Hay pocos niños en la cola. Ninguno de 12, 13 y 14. Sí se encuentran algunos de 15 y 16. No parece haber sido fácil obtener cita para la vacunación. Ana tiene 15 años. Es vecina de Pino Montano y acude con su madre. "He querido vacunarme antes de que me pudiera contagiar y transmitir el virus", cuenta, mientras se prepara para recibir la primera dosis de Pfizer. Explica la madre que venía un poco nerviosa pero se ha ido tranquilizando a medida que han ido hablando en la cola y ha visto que hay mucha gente. La madre le hace una foto con el móvil para inmortalizar el momento del pinchazo.

Más nerviosa se encuentra otra joven de 17 a la que la madre trata de calmar antes de entrar a los puntos de vacunación. También lo está Cynthia, de 16, vecina de la Macarena y que viene también con su madre. Tampoco nota el pinchazo. "Es lo mejor que podemos hacer, porque dentro de un mes empezará el curso y ya vamos a estar mucho más tranquilos", señala la progenitora.

Hay muchos jóvenes en la fila, aunque la mayoría tienen ya cumplidos los 18 años. Algunos cuentan que recibir la vacuna supone para ellos un alivio y una tranquilidad. Podrán salir sin tener tanto miedo a contagiar a algún familiar. "En casa están todos vacunados, pero no quería ser yo quien metiera el virus allí", dice una chica mientras espera en la cola. 

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