Sevilla

"En la vida todo se torea"

  • El ex torero Eduardo Dávila Miura fue el ponente de un desayuno organizado por Adacem.

Dávila Miura durante un momento de la ponencia. Dávila Miura durante un momento de la ponencia.

Dávila Miura durante un momento de la ponencia. / MG

La Asociación de Directivos de Andalucía, Ceuta y Melilla (Adacem) organizó un desayuno-coloquio, siendo el ponente el ex matador de toros Eduardo Dávila Miura. El ponente fue presentado por Rufino Parra y por Luis Miguel Martín Rubio, presidente y vicepresidente de Adacem. Martín hizo una presentación del ponente con matices personales y profesionales, siempre desde un punto de vista muy cercano: "Eduardo ha hecho de todo, es una figura polifacética". Narró sus orígenes desde la niñez hasta hoy. Desde el mundo del toro hasta el mundo empresarial.

Dávila, que dijo sentirse arropado al mirar al tendido de la conferencia de Adacem, reconoció que "nunca pensé que pudiera sentarme a dar una conferencia a directivos porque me siento torero, aunque esté retirado". Contó que con 7 años fue la primera vez que se puso delante de una becerra, en la finca familiar Zahariche. Por circunstancias, siguió con su vida alejado y terminó sus estudios en la Universidad de Córdoba.  A los 21 años descubrió que quería ser torero, aunque sabía que es una profesión difícil. "En la vida hay momentos puntuales en los que hay que tomar una decisión y saber donde quieres estar", explicó el ex diestro sevillano. Compaginó sus estudios con su carrera como novillero y en abril de 1997 tomó la alternativa en la Real Maestranza de Sevilla. Tras 10 años como matador y haber toreado una 400 corridas, decidió retirarse: "para ser torero hay que estar al cien por cien y en ese momento dije basta".

A partir de 2007, empezó a dar conferencias a directivos, transmitiendo la filosofía resumidad en una frase de Joselito El Gallo: "en la vida todo se torea". La búsqueda del éxito y de los objetivos centran sus ponencias. Toma como experiencia su carrera taurina: "el mayor miedo que siente un torero, no es una cornada, sino es el fracaso". Dávila compara las sensaciones que tiene un torero con las de un directivo en su día a día. Considera que para triunfar es muy importante el proceso tanto de mentalización como de preparación para el éxito.

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