Campaña 'Recogida Primavera'

Voluntarios: Los imprescindibles del Banco de Alimentos

De izquierda a derecha, los voluntarios Salvadora Llorente, Justo Carmona, Cristina Sánchez y Rafael Blasco en el Banco de Alimentos de Sevilla.

De izquierda a derecha, los voluntarios Salvadora Llorente, Justo Carmona, Cristina Sánchez y Rafael Blasco en el Banco de Alimentos de Sevilla. / David Domínguez

Salvadora Llorente, Cristina Sánchez, Justo Carmona y Rafael Blasco son una pequeña muestra de las miles de personas que, de manera desinteresada y por razones diversas, dieron en su momento un paso adelante para ayudar a los demás. Son voluntarios del Banco de Alimentos de Sevilla. A alguno, la pandemia lo empujó a enrolarse en las filas de una ONG o institución social, para otros, supuso el reforzamiento y la ampliación de su compromiso con los más vulnerables. Todos, sin excepción, viven "enganchados" a este movimiento social que no para de latir y en el que cada acción, por pequeña que sea, sirve para combatir las situaciones más complejas de la vida.

"Hay acontecimientos que te hacen reaccionar. Y que en pleno siglo XXI haya personas que no tengan en su día a día algo tan básico como es la comida, nos tiene que remover por dentro", comenta Cristina. Una mirada cómplice entre todos dentro de una pequeña oficina en la sede de la Fundación donde resuena el trasiego de otros compañeros que reciben, clasifican y organizan víveres en un gran almacén, algo escaso de recursos en estos momentos, lo dice todo.

El Banco de Alimentos de Sevilla funciona en su día a día con una nómina de 145 voluntarios estructurales, a las que se suma el personal contratado. Unos colaboran en primera línea, en el reparto y recogida de alimentos; otros lo hacen al teléfono, captando voluntarios y donaciones desde la distancia. También los hay que trabajan sin ser vistos, en la clasificación de productos que luego se entregan a organizaciones sociales para que los repartan entre los más vulnerables.

Voluntarios y trabajadores de la entidad social organizan las donaciones en el almacén. Voluntarios y trabajadores de la entidad social organizan las donaciones en el almacén.

Voluntarios y trabajadores de la entidad social organizan las donaciones en el almacén. / David Domínguez

En campañas de recogida, como la de Primavera, que se celebrará los próximos días 24 y 25 de mayo bajo el lema Alimenta una vida mejor, las necesidades se disparan. Según fuentes de la Fundación, serán necesarias unas 5.000 personas para poder cubrir los más de 430 puntos de recogida que se establecerán en toda la provincia. Como en años anteriores, poder reunirlas es un duro reto en el que trabajan Salvadora, Cristina, Justo y Rafael, entre otros compañeros, prácticamente, sin descanso entre campaña y campaña.

Salvadora Llorente lo hace desde los centros educativos. Es profesora jubilada y lleva desde los 15 años haciendo voluntariados. Al Banco de Alimentos llegó hace aproximadamente dos y ha participado ya en tres campañas de recogida. Llegó como colaboradora con los centros docentes de secundaria en una ardua tarea de la Fundación por acercar la labor que desarrollan con los más vulnerables a los más jóvenes a fin de captar voluntarios para participar en las dos grande campañas que se celebran cada año. Esta voluntaria, explica que dentro de este proyecto, el Banco de Alimentos está trabajando para integrarse en la programación de los planes educativos. "Es una Fundación que tiene unos valores que va muy en la línea de las programaciones didácticas y sería un acierto que los centros pudieran establecer una actividad extraescolar con el Banco de Alimentos", explica.

Salvadora Llorente. Salvadora Llorente.

Salvadora Llorente. / David Domínguez

Sin abandonar ese programa, Salvadora se pasó al voluntariado activo como supervisora de los grupos que participan en las recogidas de alimentos en los supermercados que participan en las campañas agrupados por zonas, garantizando, junto con la persona que nombran capitán, que todo el horario de apertura del establecimiento cuente con la presencia de voluntarios para fomentar la donación entre las personas anónimas que acuden a hacer sus compras. "Esa es la teoría", se apresura Salvadora a matizar durante la entrevista. "Nos está costando mucho encontrar capitanes que coordinen los grupos y los supervisores estamos haciendo de todo. Sólo en la última semana he hecho más de 200 llamadas para poder reunir los voluntarios necesarios", apostilla.

Y es que, la mayor parte del trabajo de este grupo de voluntarios se basa en una labor previa, invisible, pero fundamental para que las campañas de recogida funcionen y cumplan su objetivo: obtener la mayor cantidad de donaciones posibles que garanticen la cobertura de las necesidades básicas de alimentación, pero también de aseo e higiene personal, de las cerca de 45.000 personas que desde la Fundación se atienden en la provincia. En concreto, para esta próxima campaña el aceite, la leche, el arroz, legumbres y caldo son los alimentos más necesarios. Las donaciones pueden ser físicas o económicas, que se destinarán a la compra de productos. 

"Mientras más voluntarios tengamos, más donaciones se reciben. Es una realidad y de ahí nuestro empeño", añade Cristina Sánchez, quien, bajo su experiencia, pone en valor el impacto positivo del voluntariado joven. "Lo tengo comprobado. En las tiendas donde hay voluntarios chavales se recoge hasta cinco veces más que en aquellas donde sólo hay adultos. No sé por qué. Si es que dan más alegría o transmiten más a otros perfiles de población, quizás, más dura de roer", afirma.

Cristina Sánchez. Cristina Sánchez.

Cristina Sánchez. / David Domínguez

Cristina llegó al Banco de Alimentos como voluntaria de a pie y a partir de 2016 se pasó a la supervisión de las grandes recogidas. Apunta que ser voluntario "no es un trabajo", sino "una historia de humanidad". Por ello, tanto ella como el resto de entrevistados, recalcan que la participación de cada uno en las campañas depende de cada uno. "Las horas que quieran y puedan dedicar son bienvenidas. Solemos hacer turnos de dos horas para que nadie se cargue y se canse. No se exige nada y se agradece todo muchísimo", recuerda esta voluntaria.

Justo Carmona comparte labor con Salvadora dentro de su voluntariado en el Banco de Alimentos. Es profesor jubilado desde el año pasado y desde hace más de diez colabora con esta entidad donde ha sido "casi de todo". "Empecé en el primer almacén que tuvo el Banco en la Avenida de las Razas haciendo clasificación de alimentos. A eso le dedicaba un par de horas al día, cuando se me necesitaba. Tras las grandes recogidas hay que organizar todo lo recaudado y son necesarias personas que se encarguen de ordenar los productos para poder luego distribuirlos con mayor facilidad", explica. Cuenta que todo empezó siguiendo a un familiar, que le comentó su colaboración y se decidió a hacerlo también, y que, más tarde reforzó su compromiso cuando coincidió con un compañero en el instituto que trabajaba que colaboraba en las campañas de recogida.

Como Salvadora, al margen de su participación en el programa del Equipo Docente, también es supervisor en las grandes recogidas de alimentos. Asegura que en su zona "hay mucho compromiso" por parte de la comunidad educativa. "Llevo la zona de Mairena del Aljarafe y puedo decir con tranquilidad que intervienen en estas campañas todos los centros educativos de secundarias como voluntarios", afirma.

Justo Carmona. Justo Carmona.

Justo Carmona. / David Domínguez

Explica que el modelo con el que están trabajando en esta zona va más allá de la caza del voluntario como persona individual, que insiste, y asienten junto a él el resto de protagonistas de este reportaje, "es complicadísimo". Su objetivo ahora es trabajar con entidades y el resultado le está permitiendo poder completar los grupos necesarios para poder desarrollar las campañas de recogida con más facilidad. "Hablamos de hermandades, por ejemplo, que se involucran muchísimo. Los centros docentes de secundaria, como ya hemos apuntados, que lo están integrando como una actividad anual más, u otras asociaciones y colectivos sociales. Está siendo una vía muy buena para poder llegar a ese volumen de personas voluntarias que requieren estas campañas y que, cada vez, nos cuesta más cubrir. Yo diría que puede ser el futuro para poder continuar con las grandes recogidas", apostilla. Salvadora apunta otra vía de captación de voluntarios, con muy buenos resultados. "Queremos que los colectivos y las asociaciones a los que ayudamos con la donación de alimentos se involucren en las recogidas de los mismos y estamos viendo mucha implicación cuando les pedimos ayuda", afirma.

A Rafael Blasco sus ganas de ayudar a los demás, que su etapa laboral activa no le había permitido, le llevó tras su jubilación del mundo de la banca al área de captación de recursos alimentarios del Banco de Alimentos de Sevilla. Una labor que consiste en buscar con entidades y empresas la donación. "No me veía en casa todo el día metido o en un club de mayores jugando al dominó".

Rafael Blasco. Rafael Blasco.

Rafael Blasco. / David Domínguez

Cuenta que, en su caso, la crisis desatada por el Covid-19 le ha hecho reforzar su compromiso con el Banco de Alimentos. Desde la pandemia, colabora, además, en las dos campaña de recogida de alimentos que realiza la entidad, en noviembre (la Gran Recogida de Alimentos) y en mayo (la Recogida de Primavera). Lamenta, no obstante, que esa crisis no haya despertado en la ciudadanía esa voluntariedad por ayudar al prójimo que se vio al principio de la misma. "Me ha sorprendido mucho lo que me está costando captar voluntarios. Yo pensaba que después de lo que habíamos visto en la pandemia esto iba a ser coser y cantar, pero no es lo que estoy observando. Veo que la solidaridad ha bajado. Donde antes conseguía grupos enteros de voluntarios, ahora consigo una única persona, y con trabajo", lamenta.  

El voluntario apunta que de las dos vías de donación, la tradicional recogida de alimentos y la aportación económica en línea de caja, la segunda requiere "un esfuerzo extra de los voluntarios", que tienen que explicar para qué y hacia donde va ese dinero, lo cual requiere una mayor atención para no perder otros posibles donantes. Cuenta que ha encontrado en la figura del encargado un factor clave para tratar de implicar a los propios empleados de las tiendas en las que están presentes.

"El dinero es dinero, no es lo mismo que aportar un paquete de garbanzos, y a la gente le cuesta un poco más entender qué se hace con él y hay que pararse a explicarles que todo va destinado a la compra de alimentos que luego se reparten a las familias vulnerables y necesitadas. Aquí no hay trampa, ni cartón. El Banco de Alimentos es la entidad más transparente que existe. Nunca toca el dinero. El supermercado en cuestión nos aporta la cantidad que se ha recogido y eso se traduce en alimentos de ese mismo establecimiento. No hay que desconfiar", recuerda.

Un tiempo repleto de trabajo desinteresado que nos les hace perder la esperanza antes y después de cada campaña. "El Banco de Alimentos tiene dos misiones muy claras. Dar de comer a muchas familias cada día, pero también remover conciencias y despertar en la ciudadanía su empatía con aquellos que más no lo necesitan", sostiene Justo. "La gente debe saber que, bien como voluntario, o bien haciendo alguna donación, económica o con alimentos, por mínima que sea, se está ayudando a familias como la suya. Que haya personas que no tengan para comer en nuestro propio entorno, debe hacer pensar", añade Salvadora. "La incertidumbre marca cada campaña, pero yo siempre mantengo la esperanza y confío en la solidaridad de las personas. Unos años se recoge más y otros menos, pero me mantengo aquí porque creo que la labor que hacemos es muy buena y, sobre todo, porque estamos en una entidad que es totalmente transparente y que lo que persigue es crucial, darle de comer a personas en las que podemos vernos reflejados en algún momento de nuestra vida", apostilla Cristina. "Ayudar al prójimo es lo más gratificante que hay en el mundo. Para los demás, y para uno mismo", sentencia Rafael.

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