Qarabag - Sevilla | El otro partido

Chicharito ya trae cosas 'chingonas'

  • El Sevilla solventó con autoridad una salida con muchos de los condicionantes que en años anteriores evitaron las victorias

  • El mexicano quiere postularse como solución a un ataque inocuo

Diego Carlos trata de cazar una botella de agua con la piña de sevillistas celebrando un gol. Diego Carlos trata de cazar una botella de agua con la piña de sevillistas celebrando un gol.

Diego Carlos trata de cazar una botella de agua con la piña de sevillistas celebrando un gol. / Tatiana Zenkovich (Efe)

Este Sevilla que está a punto de frisar los 200 partidos europeos había resabiado a los suyos ante partidos de pelaje similar al de ayer. Partidos en los confines del Viejo Continente, bajo un tenebroso celaje de novela gótica, sobre pasto irregular y árbitros permisivos con la animosidad de los limitados pero enfervorizados rivales.

A manojitos ha negociado mal el Sevilla partidos así por Europa. Casi nunca introdujeron estos encuentros de aire prosaico buenas noticias en la bodega del avión de vuelta. Por eso lo de ayer, en una cita con todos los condicionantes para la distracción, inminente visita del Real Madrid a Nervión incluida, supuso una señal inequívoca de que este Sevilla quiere ir más allá. Más allá de Bakú, incluso, con lo lejos que la capital azerí queda de La Campana.

Vaya por delante que al emergente bloque que está modelando Julen Lopetegui aún se le revelan notorias carencias, sobre todo en la finalización de lo mucho y bueno que genera. Pero salir con esa personalidad y mando en rodeo tan extraño, sin atenuar un ápice el ímpetu a pesar de lo que se anuncia para este domingo en Nervión, y con el grueso de los titulares en el banquillo (o la grada, en el caso de Ocampos) distingue a un equipo llamado a luchar por empresas nobles de aquí a mayo.

Pozo convenció como relevo de Jesús Navas, trabajó su ala sin desmayo a pesar de la brusquedad de Ailton e incluso fue el mejor exponente en ataque durante esa primera parte en la que el Sevilla volvió a evidenciar su falta de pegada, el talón de Aquiles a tenor de lo visto en los cinco primeros partidos oficiales. El canterano levantó sus enjutos brazos para reclamar a Lopetegui que ahí está para cuando don Jesús tenga que descansar o se vea obligado a parar por una lesión.

A su izquierda, Koundé jugó sobrado. Y sobrado, en el mejor sentido de la palabra. Dio la sensación de no tener que meter la quinta marcha de su motor jamás para dominar sus acciones. Y jugando es un primor. Apunta a recambio de lujo, de momento, con trazas de acabar de titular más pronto que tarde.

Gudelj gozó de su primera titularidad y, tras sus dubitativos minutos en Vitoria ante el Alavés, recuperó el orden táctico y la conveniencia de lo simple en un puesto clave, donde el veterano Fernando no podrá jugarlo todo.

Otro refuerzo que en Bakú serenó a quienes miraban con escepticismo a la segunda línea fue Óliver Torres, que dio un curso de cómo encauzar la pelota por las zonas más descongestionadas para que el conato de fuego fuera un hecho.

Y finalmente, en vanguardia, Chicharito. El mediático delantero mexicano, con su perfil tan distinto a De Jong, pronto empezó a bullir con su movilidad. Pero en su juego sin la pelota no siempre estuvo atento a la línea del fuera de juego, y en su juego con el cuero, pecó de imprecisión en toques y remates: bien se reflejó en el cabezazo tras el caramelo que Pozo le sirvió al cuarto de hora y en el atropellado control tras otro pase del canterano, esta vez raso (35’). Defectos propios del que acaba de llegar y está ansioso por mostrar sus virtudes.

El mexicano tiene toda la pinta de granjearse pronto, muy pronto, una indisimulada ascendencia en el vestuario. Ya lo insinuó con su torrencial verbo durante su presentación, en la que apenas dejó hablar a Castro y Monchi. Ayer, agarró el balón con firmeza para lanzar la falta y en lo que el árbitro tardó en situar la barrera, el chico, ya no tan chico, estaba tan impaciente como un niño antes de golpear una piñata. Con su violento y preciso golpeo, Chicharito iluminó para el Sevilla una noche que amenazaba con volver a traer al cochero del conde Drácula a la puerta del estadio.

Esta vez no fue así. Esta vez, hasta Escudero y Franco Vázquez, víctimas de la última de esas noches en Praga, se vinieron arriba en la segunda parte. Tanto cambió todo con el cohete multicolor de Chicharito, que Munir y Óliver, al abrochar la goleada, harán hoy el partido mejor de lo que fue en la conciencia del sevillismo. Esto empieza a ser chingón por Nervión.

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