Sevilla FC Toda la presión, para Monchi

  • El director deportivo es la máxima figura del proyecto para una afición desencantada y su regreso ha inspirado muchísima expectación y una peligrosa garantía de éxito.

  • Su primera misión, elegir y acertar con el entrenador.

Toda la presión, para Monchi Toda la presión, para Monchi

Toda la presión, para Monchi / Joaquín Corchero

El sevillismo va a acabar la temporada con una mezcla de sensaciones. Por un lado no puede esconder la amargura que le ha provocado una segunda vuelta infame, con volantazos por parte de los dirigentes en la planificación y un remiendo con Joaquín Caparrós al frente del equipo que no contenta a nadie. Aunque desde el club se vende el éxito de una nueva clasificación europea (la decimoquinta en dieciséis años) fuera de las oficinas el sentimiento es otro bien distinto.

La oportunidad perdida con el cuarto puesto más barato de los últimos tiempos –todo si al final la lógica se impone en la última jornada y las carambolas no favorecen al Sevilla– suena a fracaso, sobre todo con la diferencia de puntos que el equipo llegó a tener sobre sus rivales en la mejor época del equipo con Pablo Machín al mando del grupo.

Pero por otro lado está la figura de Monchi y aquí hay que matizar quizá que el de San Fernando puede empezar a soportar una presión excesiva. Hay que entender que el director general deportivo –se quiera o no– ha regresado como salvador, como un superhéroe que, si bien ha demostrado una eficiencia al alcance de muy pocos en lo suyo (prácticamente nadie ha logrado lo que hizo en el Sevilla), también hay que matizar que no tiene poderes ni puede hacer milagros. Monchi tiene la fórmula del triunfo apelando a un plan de trabajo organizado y bien estructurado que, bien llevado a cabo, ayuda a obtener resultados, pero existe el peligro de pensar que todo lo que toque se va a convertir en oro y que con él volverá en sólo un año el Sevilla de los títulos y el que peleaba con los grandes de verdad, no sólo de boquilla.

 

Monchi, además, está en un proceso de adaptación a lo que dejó y a lo que se ha encontrado. Es verdad que el gaditano ha ganado bastante al llegar con la temporada en su recta final, lo que le permite ir viendo cosas de cara al futuro y adelantar tiempo. Y también es cierto que el ex guardameta nunca llegó a irse del todo y que desde Roma conocía grosso modo si no el día a día, sí los movimientos importantes que este club ha dado.

Le queda una difícil tarea y, sobre todo, con la espada de Damocles de toda la admiración que ha despertado y la expectación que ha generado su regreso. Es la máxima figura del proyecto, puesto que la de José Castro está muy tocada por las decepciones acumuladas durante la presente campaña, porque la bala Caparrós está quemada y porque Pablo Machín, que en su momento parecía para la afición el líder al que seguir, ya es historia en el Sevilla.

Ésa precisamente es la primera responsabilidad que debe asumir Monchi. Aunque lógicamente no puede de puertas hacia fuera confirmar que Caparrós no va a seguir en el cargo, porque hay puntos y objetivos en juego, sólo hay que conocer un poquito al de San Fernando para saber que el del utrerano no es el perfil que querría para un proyecto en el que, además, va a poner mucho corazón y entusiasmo.

Monchi ha cambiado en su manera de ver las cosas en cuanto a lo profesional durante su estancia en Italia. Tiene más amplitud de miras, demuestra más autocontrol en sus actuaciones y sopesa mucho las cosas. Mantiene una de sus virtudes de siempre, escuchar a todos, pero sabe en su fuero interno que no se puede equivocar porque el sevillismo espera mucho de él, ya que ahora mismo es la única esperanza para muchos aficionados de a pie que también están preocupados por la situación accionarial de la entidad y los rumores, es verdad que algo más calmados en los últimos meses, de venta.

Una vez elegido entrenador, todo debe marchar sobre ruedas. Tal y como la secretaría técnica ha trabajado sin él y el acelerón que le ha obligado a dar a sus técnicos en determinados campos, la maquinaria está al servicio del mejor piloto. En cuanto el nuevo entrenador determine bajas a dar, refuerzos y perfiles, Monchi comenzará el trabajo que más gusta al sevillismo, sacar conejos de su chistera. Pero es verdad que a su vuelta se ha encontrado con la realidad que dejó: sin Champions no habrá la liquidez que tiene un gran club en Europa, los competidores volverán a acechar a los jugadores que toque Monchi y éste tendrá que trabajar sigilosamente, “con imaginación” y con la responsabilidad de toda la expectación creada. Como Messi, puede que sea el mejor en lo suyo, pero no es un superhéroe.

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