Villarreal - Sevilla | Contracrónica La desconexión emocional

  • Bacca, paradigma de la efectividad de la temporada del récord, castiga duramente la falta de acierto del Sevilla, que ahora jugará por ser tercero, ya fuera de la Supercopa de España

El Sevilla de Julen Lopetegui aún tiene la posibilidad de concretar el récord de puntos de la Liga. Pero Unai Emery decidió que no iba a colaborar a ese logro, del que fue artífice en la temporada 2014-15, en su casa y en el primer partido con público. De entrada eligió a dos ex sevillistas para el once titular, Alberto Moreno y Bacca, sin que éstos fueran sus únicas opciones. Pero quiso conectar a su equipo emocionalmente ante un Sevilla que se desconectó demasiado pronto de una jornada de emociones fuertes, si bien éstas fluyeron lejos del Estadio de la Cerámica.

La puesta en escena del Sevilla fue la que podría haber esperado cualquier aficionado sevillano: el sevillista por el prurito de ver ganar a su equipo y, con ello, superar los 76 puntos de hace seis años y seguir pujando por entrar en la Supercopa de España, un trofeo del que ya está descartado. Y el bético para que el Villarreal no tuviera fácil arrebatarle la quinta plaza que ostentan los de Pellegrini.

Pero el Sevilla ha llegado al final de la temporada demasiado justito y ante el primer zamarreón a su intención cedió con gentileza frente el acierto de Bacca y compañía. El delantero ex sevillista marcó de una tacada más goles que todos los que llevaba en esta Liga, dos. El primero, de cabeza, en un córner muy bien botado por Parejo; y dos aprovechando los errores de la zaga sevillista, primero de Koundé, blando en la pugna, y luego de Bono, que le dio el balón en bandeja en su intento de arreglar otro error en la salida de la zaga. El otro goleador fue Gerard Moreno, que agradeció asimismo la deferencia de Rakitic, al dar un pase atrás en busca de Fernando sin mirar.

La exhibición de Bacca, paradigma de la efectividad de aquel Sevilla de récord, fue como el duro castigo a varios de los males que acompañan a este equipo: la falta de efectividad y el excesivo gusto por mirar hacia atrás con el balón. El equipo de Lopetegui construyó, con líneas adelantadas, presionó, no dejó salir a su rival, hilvanó jugadas, percutió con cambios de juego... Pero Suso, Ocampos, finalmente De Jong no pudieron superar a Sergio Asenjo.

Bacca, en la primera que tuvo, enseñó a los atacantes del Sevilla cómo se remata un córner bien botado. Y ahí empezó a desconectarse el Sevilla de esta jornada de emociones fuertes, para disfrute de los 5.000 espectadores que presenciaron in situ el partido, después de más de un año sin público.

Goles, la expulsión de Diego Carlos, errores más o menos provocados... Toda un muestrario de gestos futbolísticos que hicieron disfrutar a los aficionados locales en su vuelta al estadio, ante un Sevilla maniatado primero por su pertinaz falta de eficacia ofensiva y luego por la dejación de funciones de los que nunca suelen fallar.

Diego Carlos se puede llevar la palma en este capítulo: se lo comió Bacca en el gol, vio la amarilla por un brazazo gratuito a Gerard Moreno y luego erró en un balón largo a Yéremi Pino, al que tuvo que agarrar, para ser expulsado. Pero el brasileño sólo le puso la rúbrica más grosera al feo partido de su equipo.

Se puede sacar una moraleja: el Sevilla de Lopetegui necesita competir de verdad, por objetivos de auténtica enjundia, porque le cuesta tanto ganar los partidos que no regala goles ni fútbol gratuitamente. Y aun así, pese a su escaso acierto goleador, aún puede ser tercero. Vaya mérito.

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