El cuello ya aprieta de verdad
Las urgencias ahogan a los de Almeyda, obligados a sumar si no quieren acabar la jornada al borde del desfiladero del descenso
Almeyda, sobre los refuerzos: "No me detengo en cosas que son irreales"
Las urgencias aprietan ya de verdad el cuello de este Sevilla al que la jornada ha colocado en el punto exacto en el que lo dejó Caparrós al final de la temporada pasada, una de las peores de su historia: a un punto del descenso. La diferencia, para peor, es que la plantilla tiene cada vez menos calidad y que la campaña no se ha acabado, por lo que ese suspiro hondo ahora mismo está muy lejos.
Con la afición más pendiente de los movimientos de Sergio Ramos y los dirigentes también distraídos en una cuestión que no debería desviar la atención en lo que verdaderamente importa, hacer lo posible por enderezar el rumbo deportivo, ahi va otra vez ese Quijote que es Matías Almeyda a chocarse con los molinos de turno. En esta ocasión un Elche que le puede esconder la pelota de una manera que acabe resultando grotesca con los futbolistas del Sevilla persiguiendo sombras de aquí para allá en ese modelo que el argentino ya no va a cambiar, evidentemente. Podrá variar el esquema, la estructura del bloque, el estilo... El modelo es el ADN que lo ha traído hasta aquí tras convencer a Antonio Cordón y que ya veremos hacia dónde lo lleva.
Porque si hay un partido en el que las persecuciones individuales pueden llevar al Sevilla a una situación ridícula ése es, por las características del rival y de su entrenador, ante el Elche. O no, quién sabe. En la primera vuelta el partido en el que mejor fútbol practicó el conjunto de Almeyda fue ante el de Eder Sarabia. Pero los equipos evolucionan, entonces la temporada acababa de empezar y ahora el cuadro ilicitano ha alcanzado ajustar el traje al gusto del entrenador y tiene un fútbol muy marcado, con el que además ha logrado resultados. Es un ejemplo de cómo se pueden hacer las cosas bien o se pueden hacer mal. Un recién ascendido tiene las buenas sensaciones y un heptacampeón de Europa, las malas. Así y todo, sólo hay tres puntos de diferencia, por lo que ganar haría ver la película con unas gafas con un cristal mucho mejor graduado y limpio.
Pero, claro, aquí llegan los problemas. Para ganar hay que marcar y eso del gol es algo que se le ha olvidado por completo al Sevilla. Para ello llegan Akor Adams y Ejuke como si se tratasen de Suker y Zamorano y al sevillista, sinceramente, le entran ganas de llorar. Cuatro partidos sin festejar un gol, lo que no pasaba desde 2002, y la clasificación cada vez más dejando el proyecto en paños menores. La victorias de Valencia y Mallorca han dejado a los de Almeyda a un solo punto del precipicio y con unas sensaciones muy negativas tras dos partidos en casa en las que ni siquiera ha sido capaz de sumar. Almeyda sigue solo ante el peligro, pero el peligro ya es una cosa seria. El cuello le aprieta al argentino y nadie sale a su rescate.
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