Corresponsales con causa

El periodista Daniel Arasa disecciona en 'De Hemingway a Barzini' el papel de los cronistas extranjeros que tomaron partido en la Guerra Civil

Ernest Hemingway, en el frente, junto a un soldado republicano.
Ernest Hemingway, en el frente, junto a un soldado republicano.
José Oliva (Efe) Barcelona

27 de marzo 2016 - 05:01

Robert Capa, Gerda Taro, Indro Montanelli, Kim Philby o Jay Allen son algunos de los corresponsales extranjeros en la Guerra Civil recogidos en el ensayo De Hemingway a Barzini, en el que su autor, el periodista Daniel Arasa, señala que "muy pocos intentaron ser neutrales o buscar la imparcialidad".

A partir de julio de 1936, España se convirtió en el campo de batalla de las ideologías que marcaron el siglo XX y "la mayoría de historiadores norteamericanos coinciden en que, hasta entonces, ningún asunto del extranjero había impactado tanto a la opinión pública del país como la Guerra Civil española", destaca Arasa. Ya desde el título del libro, publicado por Stella Maris, el autor centra su atención en dos figuras "especialmente señeras", Ernest Hemingway y Luigi Barzini, el primero en el bando republicano, el segundo en el franquista.

El autor de Por quién dobla las campanas, que además recibiría el Premio Nobel, es sobradamente conocido, aunque mucho menos lo son sus crónicas desde España. Mientras, el italiano Barzini es un desconocido, pero "uno de los reporteros de guerra más relevantes de la historia, aunque su figura haya quedado totalmente apartada y olvidada por ser fascista o colaborar con ellos". En Italia, sin embargo, los expertos sitúan a Barzini en paralelo a Indro Montanelli u Oriana Fallaci, asegura Arasa.

El periodista hace un repaso de los corresponsales extranjeros más destacados de la Guerra Civil en los dos bandos, para centrarse de forma preferente y muy detallada en la información y los avatares que vivieron los reporteros en la ofensiva de Aragón y, sobre todo, en la batalla del Ebro.

En las páginas de De Hemingway a Barzini, Arasa trata las circunstancias que concurren en corresponsales como George L. Steer, Mijail Koltsov, George Orwell, O'Dowd Gallagher, Arthur Koestler, Harold Cardozo, Indro Montanelli, Jay Allen, Herbert L. Matthews, William P. Carney, Louis Fisher, Henry Buckley, Sandro Sandri, Vincent Sheean o Ilyá Ehrenburg, "algunos de los cuales eran algo más que periodistas: confidentes políticos o espías".

Un caso especialmente curioso es el supuesto corresponsal Kim Philby, luego uno de los más famosos espías de la Guerra Fría, que "consiguió ganarse a los dirigentes nacionales simulando ser un ferviente partidario de los nazis, cuando en realidad era espía ruso". Tampoco faltan fotoperiodistas de primer nivel como Robert Capa, David Seymour, Henry Cartier-Bresson o Gerda Taro.

El libro "pone en evidencia el partidismo con que se informó desde los dos bandos", comenta Arasa y lo que considera un "fracaso del periodismo", ya que, "si es bien cierto que la verdad es una primera víctima de la guerra, de muchos corresponsales extranjeros debía esperarse un mayor esfuerzo para distanciarse de la propaganda de los contendientes y no lo hicieron".

Gran parte de la información sobre la batalla del Ebro en el bando republicano se hacía desde el hotel Majéstic de Barcelona, a casi 200 kilómetros del frente, asegura Arasa. Su implicación como parte activa llevó a algunos al punto de dejar la pluma para coger el fusil y convertirse en combatientes, apunta.

Constata Arasa que el interés por la Guerra Civil española fue decreciendo en los rotativos mundiales ante las grandes tensiones que vivía Europa, que desplazaron a aquella de las portadas y acapararon los titulares más destacados. Los países totalitarios, Alemania, Italia y la URSS, sólo disponían de corresponsales en un bando, en tanto que los países democráticos informaban desde los dos lados de las trincheras.

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