Armamento

Exoesqueletos, láseres o armas de energía, objetivos tecnológicos de Defensa

Un soldado prueba un prototipo de exoesqueleto Un soldado prueba un prototipo de exoesqueleto

Un soldado prueba un prototipo de exoesqueleto

Exoesqueletos, láseres de alta potencia, armas de energía, pequeños satélites o vehículos terrestres y submarinos no tripulados son algunos de los objetivos de la Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa 2020, que dibuja el camino a seguir en este ámbito para los próximos seis años.

La estrategia, publicada por la Dirección General de Armamento y Material del Ministerio de Defensa, pretende actualizar la última de 2015 para incluir los avances tecnológicos y encarar lo que llama "nuevos dominios de confrontación", que se suman a los ámbitos físicos tradicionales (terrestre, marítimo y aéreo), como el ciberespacio, el "cognitivo" y el "ultraterrestre" o espacial.

El documento apuesta por la cooperación entre ministerios y con universidades y pymes, dentro de España, y con la UE y la OTAN, fuera, para desarrollar programas tecnológicos en los próximos años relacionados con el ámbito de la defensa.

Pone el acento en la necesidad de actuar en el ámbito del ciberespacio, que "constituye ya una realidad preocupante cuya importancia se ve favorecida por la creciente globalización e interconexión de sistemas y el bajo coste e importante impacto de atacar los sistemas de información de gobiernos, empresas, infraestructuras críticas o incluso a los propios sistemas de armas".

También en el "dominio cognitivo", es decir, combatir la "manipulación o desinformación a través de campañas en las que noticias o contenidos multimedia falsos difícilmente detectables se propagan masivamente de forma instantánea para alterar la opinión o el estado de ánimo de grandes grupos de población, llegando a afectar a la gobernabilidad de las naciones".

Finalmente, en el "espacio ultraterrestre", donde, dice la estrategia, "confluye una creciente competencia por la hegemonía espacial entre las grandes potencias", especialmente con el abaratamiento de la tecnología espacial, lo que "puede dar lugar a conflictos que pongan en peligro los recursos espaciales de observación y telecomunicaciones, así como a una mayor militarización del espacio".

El documento expone los objetivos tecnológicos en base a las tendencias observadas, como la creciente utilización de sistemas remotamente tripulados, tanto terrestres, como navales y aéreos. Los de menor tamaño, apunta, son de bajo coste y rápido despliegue, con lo que "pueden llegar a crear enjambres difíciles de neutralizar".

También el aumento "masivo" del número de sensores interconectados en redes que aportan una gran cantidad de datos y que se deben poner explotar de forma ágil e inteligente, y "un espectro electromagnético cada vez más complejo y con más probabilidad de ser denegado mediante el uso de sistemas de guerra electrónica más sofisticados".

Por ello, aboga por sistemas para repeler ciberataques y otros que hagan frente a las "armas de energía" que se desplegarán para proteger, por ejemplo, el espacio aéreo neutralizando los sistemas de "software" y electrónicos de las aeronaves.

Apuesta asimismo por proteger mejor a los soldados sobre el terreno e incide en la necesidad de mejorar la detección y protección ante amenazas químicas y biológicas que puedan ser usadas contra los militares o la población civil.

Para hacer frente a estos retos, la estrategia establece como prioridades avanzar en los sistemas de lucha contra los drones, usar la inteligencia artificial para procesar datos y la robótica en plataformas terrestres, vehículos submarinos y de superficie no tripulados.

En el espacio, prevé el uso de pequeños satélites y "pseudosatélites" y para los militares que combaten a pie de exoesqueletos o armazones que se colocan en el cuerpo para ayudar a la persona a caminar, llevar peso o disparar.

También apuesta por tecnologías para el desarrollo de armas láser de alta potencia y de armas de energía de radiofrecuencia, así como de otros sistemas de energía de altos pulsos de potencia eléctrica.

Para poder avanzar en estos proyectos, el documento defiende potenciar la coordinación con el Sistema Español de Ciencia, Tecnología e Innovación, así como seguir participando en foros de cooperación internacional como la Agencia Europea de la Defensa (EDA, en sus siglas en inglés) y la Organización de Ciencia y Tecnlogía (STO) de la OTAN.

En la UE, incide en la conveniencia de "participar de modo decidido y con la máxima intensidad posible" en el Fondo Europeo de Defensa (EDF) que la Comisión Europea va a poner en marcha en el periodo 2021-2027.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios