Del mansplaining a la tradwife: 12 términos del nuevo diccionario feminista para entender este 8M

El feminismo ha llenado de palabras escenas cotidianas, trampas viejas y discursos nuevos que ya no pasan tan fácilmente por normales

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Una joven durante una manifestación feminista.
Una joven durante una manifestación feminista. / Fernando Sánchez

Durante mucho tiempo, muchas mujeres supieron perfectamente lo que les estaba pasando, aunque no siempre tuvieran una palabra exacta para contarlo. Sabían lo que era que las interrumpieran en una reunión, que un compañero repitiera su idea y se llevara el mérito, que en casa alguien "ayudara" mucho pero no organizara nada o que ciertos discursos presentados como modernos sonaran, en realidad, a un manual muy antiguo con filtro de TikTok.

En los últimos años, el vocabulario feminista ha ido incorporando nuevos términos para describir esas situaciones de desigualdad que antes se minimizaban, se normalizaban o simplemente se despachaban con un "no es para tanto". Muchas de esas palabras proceden del inglés. Otras se han ido adaptando al español. Todas responden a una misma necesidad: poner nombre a conductas, inercias y discursos que llevan décadas ahí, aunque hasta hace poco no tuvieran una etiqueta reconocible fuera de determinados círculos.

No es solo una cuestión de lenguaje ni una competición para ver quién maneja más anglicismos. Nombrar una conducta no la corrige por sí sola, pero sí la coloca en el debate público, le quita parte de su impunidad y hace más difícil fingir que es una rareza o una exageración. El nuevo glosario feminista no ha inventado problemas nuevos. Lo que ha hecho es afinar el modo de señalarlos.

Palabras nuevas para escenas muy viejas

1. Machoexplicación (o 'mansplaining')

Es, seguramente, el término más popular de todos. Describe esa escena en la que un hombre le explica a una mujer algo que ella ya sabe, a menudo con una condescendencia que no ha pedido nadie. No se trata solo de explicar. Se trata de hacerlo desde la sospecha de que la otra parte sabe menos por defecto. La escena es tan vieja que casi sorprende que tardara tanto en tener nombre propio.

2. 'Manterrupting'

No toda interrupción merece categoría específica, pero algunas responden a un patrón demasiado repetido como para mirar hacia otro lado. El manterrupting es la interrupción sistemática de mujeres en conversaciones, reuniones o debates. A veces ni siquiera adopta formas bruscas. Puede ser educado en la superficie y bastante elocuente en el fondo: mejor hablo yo.

3. 'Bropropiating'

La secuencia también resulta familiar. Una mujer lanza una idea. La sala sigue respirando con normalidad. Minutos después, un hombre plantea prácticamente lo mismo y la propuesta adquiere de repente una respetabilidad inesperada. Eso es bropropiating, apropiarse de una aportación ajena y recolocarla con firma masculina. El fenómeno no tiene nada de nuevo. Lo novedoso es que cada vez cuesta más colarlo sin que nadie lo señale o se de cuenta, supuestamente.

4. 'Manspreading'

El término nació para describir a quienes se sientan en el transporte público ocupando más espacio del razonable, como si el asiento viniera con escrituras. Puede parecer una anécdota menor, pero no lo es del todo. La forma en que se ocupa el espacio también dice bastante sobre poder, costumbre y jerarquía. Hay gestos muy pequeños que retratan bastante bien un mundo entero.

La desigualdad también se organiza en casa

5. Micromachismo

No es una palabra nueva, pero sí una de las más útiles para entender cómo funcionan ciertas desigualdades. Los micromachismos son gestos, comentarios, automatismos o pequeñas escenas cotidianas que sostienen una estructura más profunda. No suelen entrar haciendo ruido. Más bien se presentan como costumbre, broma o detalle sin importancia. Precisamente por eso han durado tanto.

6. Carga mental

Una de las expresiones que mejor han explicado la trastienda de la desigualdad doméstica. La carga mental no es poner una lavadora ni preparar una mochila. Es recordar que hay que hacerlo. Es prever, organizar, coordinar, anticipar, estar pendiente. Es sostener la logística diaria de una casa o de una familia sin que casi nunca se considere trabajo. Durante años se dio por hecho que esa función venía incorporada de serie en las mujeres. Y todavía hay bastante gente instalada en esa comodidad.

7. Corresponsabilidad

Es el reverso lógico de la carga mental. No consiste en "echar una mano", fórmula que suele sonar más generosa de lo que realmente es. La corresponsabilidad implica asumir en igualdad tareas, cuidados, planificación y responsabilidad. No basta con ejecutar instrucciones como si una parte de la pareja fuera el departamento de estrategia y la otra, mano de obra auxiliar. Compartir la vida exige compartir también la cabeza.

Redes sociales, afectos y viejos discursos con envoltorio nuevo

8. 'Pick me'

La expresión se usa sobre todo para describir a mujeres que buscan validación masculina a base de desmarcarse de otras mujeres. Suele aparecer en frases del tipo "yo no soy como las demás" o "yo me llevo mejor con los hombres porque hay menos drama", fórmulas que casi nunca dejan en buen lugar a quien las pronuncia. El término puede simplificar demasiado algunas conductas, pero señala bien una lógica conocida: ganar aprobación a costa de tomar distancia del propio grupo.

9. 'Wokefishing'

Es uno de los términos más afilados del repertorio reciente. Se refiere a quienes exhiben un feminismo impecable, una sensibilidad progresista envidiable o una deconstrucción de escaparate no tanto por convicción como por conveniencia. A veces para ligar. A veces para construirse una imagen pública aceptable. A veces para ambas cosas. No es exactamente hipocresía clásica, aunque se le parece bastante.

10. 'Gaslighting'

Aquí conviene bajar el tono. El gaslighting es una forma de manipulación psicológica por la que una persona termina dudando de su propia percepción, de su memoria o de su juicio porque otra insiste en negar, retorcer o minimizar lo ocurrido. "Te lo estás inventando", "eso no pasó así", "estás exagerando", "estás loca". El mecanismo no es nuevo. Lo que ha cambiado es que hoy se reconoce antes y se tolera menos.

El regreso de lo de siempre, mejor empaquetado

11. 'Tradwife'

La abreviatura de traditional wife ha ganado espacio en redes y medios como etiqueta de un modelo de feminidad que reivindica la vuelta a roles tradicionales. Ama de casa impecable, estética cuidada, dulzura obligatoria y una puesta en escena que convierte la desigualdad en estilo de vida aspiracional. El problema no está en hacer pan casero o en ordenar una cocina. El problema está en vender dependencia como libertad y retroceso como elección sofisticada.

12. Mujer de alto valor

Pocas expresiones resumen tan bien el clima cultural de este momento. Bajo apariencia de autoayuda, consejo sentimental o desarrollo personal, la idea de la "mujer de alto valor" suele esconder un modelo femenino muy reconocible: bella, contenida, agradable, serena, complaciente y, a ser posible, poco conflictiva. Parece una fórmula nueva, pero en el fondo actualiza un ideal bastante antiguo con lenguaje de algoritmo y embalaje de coaching.

Un diccionario para discutir lo que antes se aguantaba

La proliferación de estos términos ha abierto también su propio debate. Hay quien cuestiona su utilidad, quien los considera excesivos o quien cree que algunos se aplican con demasiada alegría. Es una discusión razonable. No todas las palabras tendrán el mismo recorrido ni todas resistirán el paso del tiempo con igual precisión.

Pero sería un error despacharlas como simple moda verbal. Lo que revelan es algo más de fondo: que muchas mujeres han dejado de describir ciertas escenas a base de rodeos. Ahora las nombran. Y cuando algo se nombra, entra en discusión. Ya no se diluye tan fácilmente en la costumbre, en la broma o en ese viejo reflejo de acusar de exageración a quien simplemente está señalando lo evidente.

El lenguaje no resuelve por sí solo las desigualdades estructurales, pero sí modifica el umbral de tolerancia con el que una sociedad las mira. Quizá el problema no sea que existan demasiadas palabras nuevas. Quizá el problema sea que siguen haciendo falta.

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