La rentabilidad de la gripe a Las farmacéuticas se pelean por el primer puesto en la venta de antivirales

Un virus muy lucrativo

  • Los medicamentos contra la gripe A compiten por ser el más rentable en un periodo en el que los gobiernos de todo el mundo pretenden abastecer a todos los ciudadanos

Mientras el virus H1N1 prosigue su expansión por el hemisferio sur del globo y sus cepas se preparan a mutar el próximo otoño en el norte del mundo, los ejecutivos de las grandes multinacionales farmacéuticas, entre ellas la belga Solvay, se frotan las manos con el incremento exponencial del precio de sus "productos milagro" contra la gripe A.

La primera gran "alegría" para los grandes laboratorios internacionales se produjo cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió elevar la escala de peligrosidad del H1N1 hasta la categoría de "pandemia" global. Como si de una carrera de obstáculos se tratase, desde Bruselas, Basilea, Londres, París o Nueva York, las grandes empresas farmacéuticas iniciaron su particular rally en pos del mejor antiviral y, en última instancia, de la vacuna definitiva. Sus primeros clientes, los gobiernos del mundo, no vacilaron -y siguen en ese proceso- en hacer acopio de medicamentos para proteger mejor a sus poblaciones, en una iniciativa a medio camino entre la necesidad puramente sanitaria y las relaciones públicas ante su electorado.

Si hubiese que establecer como en la Fórmula Uno una pole position, el primer puesto iría de forma incontestable para el Tamiflú de la multinacional suiza Roche. La historia del ahora producto milagro (es uno de los dos únicos que combaten con eficacia la gripe A, según los expertos), es más que curiosa. Hace cerca de una década, cuando Roche comercializó por primera vez y sólo en Estados Unidos el Tamiflú como producto antigripal, ni los expertos ni el público en general mostraron gran interés.

Cuando en 2004 estalló la gripe aviar y se registraron víctimas mortales el producto inició una escalada imparable al éxito en las estanterías de las farmacias y en los vademécum de los médicos generalistas, que empezaron a recetarlo como si de la poción mágica de Astérix se tratara. Si el éxito del Tamiflú era ya considerable, la nueva gripe A acaba de darle categoría de brebaje milagroso o elixir de los dioses. En términos estrictamente comerciales se podría decir que el H1N1 ha llegado "en el momento justo".

De acuerdo con datos de la propia empresa helvética, en la primera mitad de 2009 las ventas de Tamiflú se han triplicado hasta totalizar 653 millones de euros (930 millones de dólares), en comparación con los 213 millones de euros (304 millones de dólares) en el mismo período de 2008. Con estas cifras sobre la mesa, el Tamiflú se ha convertido en el sexto producto más competitivo de Roche, desde su fundación como empresa allá por finales del siglo XIX.

Quién habría dicho a Fritz Hoffmann y a su mujer Adele la Roche, con cuyos apellidos nació en 1896 la multinacional de Basilea, Suiza, que sus nombres volverían a ser famosos en las recetas de los médicos de cabecera de medio mundo. De acuerdo con cifras de la empresa, dos terceras partes de sus ventas de Tamiflú en lo que va de 2009 han ido a gobiernos, sobre todo de los países ricos, preocupados ante una eventual pandemia de cara al otoño (boreal). Para enero de 2010, Roche piensa alcanzar una capacidad de producción de 400 millones de dosis anuales.

Pero en la batalla por el negocio de la gripe A, Roche no está totalmente solo en el ring. En la otra parte del cuadrilátero virtual aparece con fuerza el antigripal Relenza, de los laboratorios británicos GSK. Debido a que se trata de un medicamento que se inhala, resulta menos "popular" que el Tamiflú (en pastillas), aunque consigue plantarle cara. No obstante, Tamiflú no las tiene todas consigo. Debido a la especial facilidad del H1N1 para hacerse resistente, los gobiernos del mundo rico han optado por almacenar también grandes cantidades de Relenza, como alternativa en caso de que falle el primero.

Ahí es donde precisamente GSK encuentra su hueco comercial. De acuerdo con cifras del propio laboratorio, en la primera mitad de 2009 vendió Relenza por valor de 327 millones de euros (467 millones de dólares): nueve veces más que los 37 millones de euros de Relenza vendidos en la primera mitad de 2008. Sus previsiones son alcanzar una producción, a partir de fines de este año, de más de 190 millones de dosis anuales.

El otro terreno de agria batalla entre las multinacionales es el de la próxima vacuna contra el H1N1. Entre los grandes contendientes se encuentra también la multinacional belga Solvay, además de los gigantes Baxter, Novartis o Sanofi-Pasteur, según la prensa belga. La OMS confía en que, en total, estén disponibles 4.900 millones de vacunas en un año, lo que equivale a una producción de 94 millones por semana.

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