'Cachitos': Misión Rescate de Lazarov

El recopilatorio de La 2 dedica la entrega de esta noche al inquieto realizador rumano, que fue el primer director de la cascabelera Telecinco

Lazarov entre las azafatas de 'Señoras y señores': Ángela Carrasco, María José Cantudo, Victoria Vera, futuras estrellas, y la filipina Sharim Zaragoza.
Lazarov entre las azafatas de 'Señoras y señores': Ángela Carrasco, María José Cantudo, Victoria Vera, futuras estrellas, y la filipina Sharim Zaragoza.
F. A. Gallardo

16 de noviembre 2014 - 05:00

Mareaba a los españoles cuando todo era tan gris en los movimientos sincopados del zoom y unos programas musicales que nos simulaban vivir en un país cascabelero y sobre todo moderno: su estilo de programación que imprimiría en la primera Telecinco. Cachitos de hierro y cromo desempolva a las diez de la noche en La 2 el legado de Valerio Lazarov en TVE. Delirio Valerio recorrerá algunos de aquellos números musicales que profetizaron los videoclips que se aposentaron en los años 80.

"Nada se pierde, todo se transforma…", a lo Lavoisier, este lema fue la carta de presentación de Valerio Lazarov en España. Una declaración de principios de quien sería el importador de la más vivaracha telecaspa italiana hace un cuarto de siglo. El realizador de los rizos fue un fan de las cachas, las estrellas, los vaivenes y el gag de humor sin más zarandajas. Cascarrabias, subidito e intuitivo, confió siempre en su criterio del entretenimiento y los fuegos artificiales por encima de todas las cosas, sobre todo si había nombres famosos por delante. En sus programas dio la oportunidad a decenas de cantantes y humoristas, buenos, malos y malísimos, y esa televisión que tanto se transformaba le superó como una ola gigante cuando, con el nuevo siglo, unos modernizaban las parrillas y otros refinaban el afán del rumano por las naderías .

Lazarov (1935-2009) vivió varias vidas en una y siempre en torno a un televisor. Aquel niño que padeció lo suyo durante la Segunda Guerra Mundial, en la encrucijada carpática, se convirtió en el alumno más aventajado de la televisión de Ceaucescu. El más imaginativo y creativo realizador de aquel régimen comunista de careta progre. En cuanto despuntaba por allá fue fichado por el juguete de otro dictador, la TVE de Franco, que intentaba ser un escaparate de modernidad ante Europa para esconder su auténtico reality de los Pirineos para dentro. Siendo director de TVE Adolfo Suárez, qué cosas, su mano derecha en Prado del Rey, Juan José Rosón, lo fichó en el Festival de Montecarlo de 1968. La tele franquista necesitaba alguien experto en convertir la pantalla en blanco y negro en un sonajero de lentejuelas. Algunos de esos trabajos fueron El irreal Madrid, un potaje de canciones con críticas veladas e imágenes oníricas que fue zarandeado por los directivos y periodistas conservadores.

Lo que parecía ser el espíritu de Dalí en la tele se convirtió en la traslación al monitor de lo que sería el landismo y el posterior estesopajarismo. Se especializó en las Nocheviejas y en los especiales musicales, cuando TVE se convertía en una sala de fiestas. Su figura y su acento de entrenador yugoslavo lo convirtieron en un tipo influyente y hasta se permitió estrenar las cámaras en color, las que estaban reservadas para el funeral de Franco. Durante la agonía de la dictadura el rumano se encargaba de hacernos creer que vivíamos en un mundo superfeliz, con Señoras y Señores (donde estalló el Ballet Zoom, materialización de la esencia Lazarov), 360 grados en torno a... o La noche de… .

En 1978, para animar a los espectadores que estrenaban el televisor en color, dirigó Sumarísimo, con Manolo Codeso en el papel de juez de los famosos. Este fracaso, muy criticado, le hizo emigrar con desdén hacia Italia. Valerio pasó de la pública RAI al Canale 5 de Berlusconi, donde en los 80 fue madurando, sin saberlo, lo que después nos traería en la Telecinco de las Mamachichos.

A tan rápido auge le sobrevino un meteórico cataclismo y el anquilosado concepto de Lazarov fue relevado por una reinventada programación de la que sobresaldría Caiga quien caiga. Lazarov fundó la productora Prime Time, con la que regresó a TVE para hacer Hostal Royal Manzanares con Lina Morgan. La propia televisión le superó, pero él fue el primer surfero que se subió a la nueva ola. Lo comprobaremos esta noche en Cachitos de hierro y cromo en La 2.

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