En La Maestranza brilla la entrega del novillero de Madrid Gonzalo Caballero

Debuta el chiclanero José Ruiz, sobrino nieto de Curro Romero, que da lo mejor de sí mismo con el capote en su primero

José Ruiz Muñoz, con el novillo de su debut con caballos.
Álvaro Del Moral Sevilla

28 de abril 2014 - 01:00

Gonzalo Caballero se la jugó de verdad ante el manso cuarto y justificó con creces su inclusión, mientras que Lama pasó de puntillas y Ruiz Muñoz anduvo muy pendiente de sus espejos familiares.

Novillos de Matilla: dentro del decepcionante juego del encierro se dejó mucho -antes de rajarse- el segundo. El cuarto fue manso de solemnidad y casi todos, rajados y deslucidos.

Gonzalo Caballero, ovación y vuelta tras leve petición. Lama de Góngora, silencio tras aviso y silencio. José Ruiz Muñoz, que debutaba con picadores, ovación y silencio. Dos tercios.

Caballero se había esforzado de verdad con el primero, que le echaba la cara arriba por el derecho pero que no consiguió desanimarle. Gonzalo gustó y se gustó al natural antes de jugársela en un toma y daca metido entre los pitones y pasándose el utrero por la espalda. Le sobraron las bernardinas finales, que estuvieron a punto de costarle un disgusto. Una estocada trasera dio paso a una ovación aunque el madrileño aún guardaba fuelle.

Dio lo mejor de sí con el mansísimo cuarto, al que planteó toda la faena en su querencia entregándose, apostando de verdad en cada embroque. La sincera labor de Caballero, que también extrajo algún muletazo de excelente corte, fue rematada por una estocada soltando la muleta que habría merecido la oreja que no le pidieron. Ha dado un paso cualitativo a tener en cuenta.

Lama de Góngora no logró acoplarse con el único novillo verdaderamente potable, el segundo. Duró poco, pero en las arrancadas que brindó antes de rajarse se abrió con importancia. Sí logró cogerle el aire al natural pero tuvo en la mano una oportunidad que se llevó el viento. Con el quinto, tan aplomado como rajado, poco había que hacer.

El sobrino nieto de Curro Romero, que dio lo mejor de sí recibiendo con el capote al tercero de la tarde. Con la muleta no pasó de detalles, excesivamente pendiente del poderoso modelo familiar. El sexto, un sobrero manso que navegó a su aire, evidenció el verdor de su condición de debutante.

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