feria de san isidro | vigésima cuarta en la plaza de las ventas

La casta de los toros de El Pilar destaca sobre los toreros

  • Colombo, que resultó cogido pero terminó la faena, y Luis David lograron sendas vueltas

Momento de la cogida sufrida por Jesús Enrique Colombo, que se recuperó para estoquear al toro. Momento de la cogida sufrida por Jesús Enrique Colombo, que se recuperó para estoquear al toro.

Momento de la cogida sufrida por Jesús Enrique Colombo, que se recuperó para estoquear al toro. / javier lópez / efe

La casta brava de varios toros de El Pilar destacó muy por encima de la actuación de los toreros. Los de más reciente alternativa, Luis David y Colombo, lograron sendas vueltas protestadas una vez que, en la tónica amable de la feria, el público les solicita otras tantas orejas, aunque su empeño y voluntad no alcanzaran altas cotas de lucimiento.

El encastado juego de los toros pesó más que lo que lograron los toreros, que no acertaron a someter y a sacarles las grandes prestaciones que ofrecían. Los de El Pilar pedían que se mandara en sus embestidas, que se las llevara enganchadas y en trazos largos y bien rematados, lo que es difícil de aplicar cuando se lidia con un planteamiento defensivo y con una técnica conservadora.

Bolívar, que resultó prendido sin consecuencias, le costó dar luego el paso, quizá mermado de ánimos por el percance, con un segundo con entrega y transmisión por el izquierdo. En ese mismo aire encastado, el lado bueno del tercero fue el derecho, por donde más lo pasó Del Álamo, solo que con tan escaso gobierno sobre las repetidas arrancadas que el de Pilar acabó subiéndosele a las barbas.

Bravo pero mostrando un temple y clase más atemperadas fue el cuarto, al que Galdós desperdició desplazándolo a tironazos. Igual de conservador, con un toro de poco celo al que no dejó que se definiera, se vio a Bautista: no pasó de ser un mero trámite para abrir plaza.

Luis David, tuvo fases interesantes en la primera parte del trasteo a un quinto manejable cuando se le llevaba embebido. Colombo bulló con capote y banderillas ante un sexto de arrollador temperamento que, al mínimo desajuste, se violentaba y protestaba. Y así sucedió que cogió al torero aunque se recuperó para matarlo.

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