Uno con nombre de poeta grande

Tras el festejo de Paterna, los novilleros Alejandro Pavón, David de Miranda y Juan Ramón Jiménez son los tres nombre que haran el paseíllo el próximo día 4 de agosto en la plaza de toros de la Merced

El novillero onubense Juan Ramón Jiménez cocretó sore el albero de la plaza de toros de Paterna la faena más rotunda de toda la tarde.
El novillero onubense Juan Ramón Jiménez cocretó sore el albero de la plaza de toros de Paterna la faena más rotunda de toda la tarde.
Paco Guerrero / Huelva

18 de julio 2011 - 01:00

Una buena gorra sirve para mucho en los toros. Sobre todo si ésta tiene una generosa visera y además se trata de una tarde de jovenes noveles, con poco oficio a sus espaldas y un mucho de ilusión que uno no quiere dislocar con una crónica borde.

Una buena gorra, digo, sirve para inclinarla hacia abajo y así no te deja ver las tremendas carencias de un novel que se presenta en público, y al que el novillo le gana descaradamente la pelea.

Y uno se le echa más abajo, más abajo, más abajo, hasta que , caray, uno no puede más y tiene que levantarla para ver como la presidencia, condescendiente (se entiende), le ha mandado cortar para el neófito una oreja del novillote.

De todas las cosas más importantes que ayer ocurrieron en Paterna del Campo, la mayoría de ellas llevan el sello de Juan Ramón Jiménez. Suya fue la labor más 'profesional' y torera de toda la tarde. Colocación, sentido del temple, medida en la distancia y valor, me hicieron mantener la visera de mi gorra más arriba de la línea que marcaba la cámara de fotos.

No la bajé porque si desde luego Huelva va buscando un torero, este chaval le puede dar bastantes alegrías. Claro está que todo está empezando y que uno ya ha visto principiar demasiadas carreras sin terminar. Pero al menos, éste lusiona porque tiene mimbres y con los mimbres y el tiempo se hace un canasto bueno si se tiene fe.

Con eso, con fe, se le vino arriba una faena importante donde la merma del novillo la tapó con temple Juan Ramón Jimenez.

No sorprende mucho Alejandro Pavón porque desde aquella presentación suya en Zufre, ya se le veían venir esas maneras que con tanta garra expone frente al novillo. Le falta a veces serenidad para no atropellar la razón, pero sabe colocarse y tirar con decisión del animal que tiene enfrente. Valentía y decisión son dos armas importantes cuando las maneja la ilusión por llegar y desde luego se le visualiza con posibilidades de triunfo.

Habitualmente Trigueros se desplazó durante estos últimos años para ver a sus toros. De plaza en plaza viendo y siguiendo a los productos ganaderos de esas dehesas de las que alardean.

Ayer se fueron, en gran numero a ver a su torero. Un chaval que les tiene ilusionados y que desde luego los va a seguir manteniendo porque David de Miranda es otro de esos nombres que se ha clasificado para la final onubense de Colombinas.

Hasta ahora, a este David le habiamos contabilizado la quietud y el valor exhibido en los tentaderos, mas desde ayer , el de Trigueros ha demostrado que sabe construir con armonía una faena completa. Labor de menos a más que se fue creciendo al mismo rítmo que al torero se le calentaba la sangre y andaba por la plaza con torería dejando reponerse al novillo que le cupo en suerte y al que fraguó con el capote de forma muy variada. Lo mismo que después haría con la muleta y la espada para entusiasmar sin límites a sus paisanos.

Por otro lado, el festejo dejó la sensación de que Carlos Martín, tiene condiciones que explotar pero a veces se contagia de la embestida lánguida de un novillo y no surge la chispa necesaria para el tendido y tambien de que Paco Pizarro no está aun en condiciones de afrontar un compromiso más serio en público y sobre todo que alguien debe explicarle que asi no se puede matar, aunque algunas veces acierte.

Si su intención es ser torero deberá darle tiempoal tiempo porque la juventud merece desde luego esas oportunidades.

En cuanto a David Palanco, posiblemente la organización le deba una oportunidad en igualdad de suerte que a sus compañeros. La visera de mi gorra no me dejó ver para nada la impotencia que le supongo ante tan poco oponente.

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