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Toros

Otra vez Escribano con 'Datilero'

  • El gerenense le cortó las dos orejas a ‘Cuajarito’, digno descendiente del toro que en 2013 lo encumbró

  • Morante se inventó una faena rica en matices y no hubo opciones para Moral

Manuel Escribano toreando a su primer 'miura'.

Manuel Escribano toreando a su primer 'miura'. / Juan Carlos Muñoz

Siempre hay un señuelo que nos atrae para ir a los toros y en esta ocasión se llamaba Morante de La Puebla y la verdad es que no defraudó, pero íbamos a encontrarnos con el grato suceso de que Manuel Escribano se reencontraría en su primero con aquel Datilero del mismo hierro que lo catapultó en la Feria de 2013. Ocho años después, Manuel encontraba en Cuajarito lo que su antepasado le dio y eso nos encontramos. Como en la Feria de toda la vida, este ciclo sanmigueleño remata en tablas con la corrida de Miura. Y como en tiempos muy pretéritos, en el cartel está la gran figura del toreo actual y que se reafirmó en la tarde gloriosa del viernes elevando a la cima más alta su nombre en diálogo apasionado con un juampedro. Y como las grandes figuras de antaño, José Antonio Morante se anuncia con la de Miura.

Y con el orfebre cigarrero hacen el paseo dos toreros muy cualificados en este apartado de vérselas con los que pastan en Zahariche. Son el gerenense Manuel Escribano, que se relanzó al toreo con aquel Datilero por la vía de la sustitución al Juli, y el palaciego Pepe Moral, un especialista en corridas de este tipo y un artífice con la mano izquierda para componer uno de los vértices de la temporada, que es el de cerrar la Feria con la corrida de Miura. Se trata de una clausura ciertamente sentimental y muy de agradecer a ese José Antonio Morante Camacho que tan alto va dejando el pabellón del toreo, pero la tarde nos guardaba sorpresas.

Morante llegaba luciendo un precioso y original vestido con la novedad de lucir medias blancas. Recibido con una ovación clamorosa que compartió con sus compañeros, el cigarrero anduvo con el primer miura como si no fuese de ese hierro. Lidió con el capote y galleó por chicuelinas. Andaba a gorrazos con el morlaco, lo toreó sin probarlo, dando los pases de uno en uno, léase ayudados, trincherillas, de pecho, pero aquello duró lo que duró el toro, se demoró con el descabello y todo quedó en saludos. El cuarto fue sustituido por un toro de la ganadería Virgen María, que tiene procedencia mayoritaria de Victoriano del Río, y ahí inventó una faena made in Morante llena de singularidades, como la de torear de muleta con un sombre que le habían arrojado en la otra mano o lo de hacer gestos ostensibles el público de que no le pidiesen la oreja, negándose a dar la vuelta que el público pedía. Él había llegado para matar una de Miura y ese toro cuarto no venía de Zahariche.

Morante aparte, el triunfo se lo llevó Manuel Escribano en el segundo de la tarde. A los dos de su lote los recibió a portagayola, banderilleó a ambos y estuvo cumbre con Cuajarito. El animal tenía un gran pitón derecho y lo exprimió, pero al intentar el natural cogió espectacularmente a Manuel, mató de un estoconazo sensacional y las dos orejas las paseó tras recibir la felicitación de Morante y luego de Moral. El segundo lo hizo todo con la cara alta y sabiendo dónde estaba el torero en todo momento. Lo mató de pinchazo y estocada a toro arrancado, escuchó un aviso y saludó desde el tercio.

Bailó Pepe Moral con la más fea, con el lote menos colaborador, peros e ganó el respeto de la Maestranza por su insistencia en querer sacar agua de un erial. El primero parecía prometer juego, pero se fue quedando corto y el segundo no bajó la cara en ningún momento. Y ahí se acabó una feria de San Miguel atípica y que dejó cosas muy interesantes junto a una eclosión ocurrida el viernes gracias a los buenos oficios de un mago cigarrero.

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