Vigésima novena de San Isidro

Una 'victorinada' de antaño, muy dura y accidentada

  • Uceda, Ferrera y Aguilar, pitados, fueron tratados en algunos casos injustamente

El encierro enviado por Victorino Martín, por movilidad y dureza, recordó en su conjunto a aquellos de la década de los setenta, cuando la ganadería del Paleto de Galapagar lidiaba toros fieros. El público se puso de parte de estos toros desde el comienzo del festejo, en una función que no fue tarde de pipas; como denomina el propio Victorino padre a los espectáculos de tensión. Salvo con un primer toro suavón, el resto mantuvo la atención del público y la tensión en el ruedo, principalmente con los fieros tercero y quinto. Especialmente, ese quinto, que, tras dos pinchazos y con el acero metido en su cuerpo, se incorporó como un rayo y cogió al veterano banderillero Manolo Rubio para herirlo. Otro percance fue el sufrido por Alberto Aguilar, por un corte con su propia espada.

La terna compuesta por Uceda Leal, Antonio Ferrera y Alberto Aguilar fue despedida entre las protestas del público, muy exigente y desacertado en algunas valoraciones, en una tarde dura y áspera para los tres diestros, quienes además estuvieron muy desacertados con los aceros. El fino estilista Uceda Leal no tuvo su día. Con el lote menos malo anduvo desnortado. Muy mal con el noblón y bien presentado primero, toro al que ovacionaron de salida y con el que no se acopló el torero. Y tampoco hizo el esfuerzo ante el cuarto, otro astado bien presentado ante el que no pasó de probaturas, sin bajar la mano ni dominar al astado.

Antonio Ferrera resolvió con oficio. Con el alto y corniveleto segundo, muy aplaudido en varas y que únicamente se dejó torear por el pitón derecho, reponiendo por el izquierdo, el extremeño toreó con dominio a la verónica y brilló en banderillas (llegó andando en dos pares vibrantes y amarró un tercero muy meritorio por los adentros). Labor meritoria, con muletazos por ambos pitones y que terminó toreando con la diestra sin la ayuda. Tras un pinchazo, mató de una estocada hasta la mano. Con el quinto, alto, descarado, que aplaudió el público de salida por su presentación, Ferrera volvió a jugarse el pellejo en banderillas. El pacense lidió sobre las piernas, con un macheteo eficaz, al listo animal, pero dio un mitin con la espada. Cuando el banderillero Manolo Rubio iba a apuntillar al astado, la fiera se levantó como un rayo y lanzó por los aires al veterano torero, al que propinó una grave cornada y fracturó una rodilla en la refriega.

Alberto Aguilar, con entrega, estuvo dispuesto. Un victorino de nombre Vengativo, encastado y bravo, recordó a aquellos de los setenta. Toro con el añadido de la viveza y fiereza. Aguilar, muy sincero, con entrega, se la jugó. En varias ocasiones estuvo a merced de la cogida. El diestro acabó herido, aunque curiosamente por un corte de la espada. Pasó a la enfermería tras una ovación en agradecimiento a su esfuerzo. Aguilar, tras leve trasteo y un mitin con los aceros, no logró nada con el que cerró plaza, un astado con trapío y que reponía.

El personal se inclinó por los toros, en algunos casos de manera injusta, y despidió a la terna con protestas en una tarde accidentada y muy dura en todos los sentidos.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios