Todo por la Antártida

El sevillano Eduardo Macías se va a una misión con el Ejército para dar apoyo a la comunidad científica

1. El capitán Eduardo Macías, con una camiseta promocional de la Campaña Antártica. 2. Miembros de la tropa durante la preparación en Huesca.
1. El capitán Eduardo Macías, con una camiseta promocional de la Campaña Antártica. 2. Miembros de la tropa durante la preparación en Huesca.
Pilar Larrondo

06 de septiembre 2015 - 01:00

Hablar del Ejército, para muchos, es pensar en conflictos bélicos, en ayuda humanitaria en campos de refugiados o en cooperar en labores de rescate. Pero no todo se reduce a estos campos. El Ejército lleva a cabo multitud de campañas que van más allá del mundo bélico y que contribuyen al desarrollo, entre otros muchos, científico. Prueba de ello es la empresa que realiza desde 1986 el Ejército de Tierra Español en un lugar tan lejano como es la Antártida. La Campaña Antártica, que así se llama la iniciativa, vive este año su vigésimo novena edición y, como en anteriores ocasiones, vuelve a desarrollarse para dar apoyo a la comunidad científica española que allí se encuentra.

A principios de noviembre, 13 valientes emprenderán su marcha para estar cuatro meses en la Isla Decepción, que es donde los científicos españoles desarrollan su actividad. De entre todos ellos, uno es sevillano y espera la llegada del undécimo mes del año casi como agua de mayo. Eduardo Macías Martínez, único representante de la capital andaluza en la XXIX Campaña Antártica, es capitán de Transmisiones y, en el tiempo que ésta dure, será el jefe del Área de los Sistemas de Comunicaciones.

Destinado en el extranjero en anteriores ocasiones, este sevillano lo tiene muy claro: es militar de vocación y para él ésta es una experiencia única, además de irrepetible. Estas campañas se realizan todos los años, pero en cada una se cambian los militares que participan. Cuando se acerca la fecha, se convocan una serie de plazas y todo el que lo desee se apunta a ellas. Después, el comandante que se responsabilice de ella, en esta ocasión el comandante Salas, selecciona a los que van a ir con él a la Antártida. "Los criterios de selección se rigen, evidentemente, por las condiciones físicas, pero también son muy importantes las capacidades psíquicas", señala Eduardo Macías. Los participantes deben demostrar que son capaces de empatizar con el prójimo, que son sociables y que pueden convivir en armonía, ya que "son cuatro meses con las mismas personas y por mucho que se sea el mejor en una materia, si no se sociabiliza no sirve de nada". Es por eso por lo que conseguir enrolarse en esta misión es tan dificultoso y Macías, consciente de ello, se siente todo un privilegiado.

Una vez que los integrantes de la campaña son seleccionados pasan un periodo de formación. Para aprender a convivir con la climatología tan adversa de la Antártida estuvieron el pasado julio en el Parque Natural Posets-Maladeta, en Huesca. Allí probaron sus indumentarias, vieron cómo se trabaja en equipo y cuáles son las consecuencias de ir mal equipado. Otro de los lugares a los que se desplazaron fue Valencia, donde Eduardo Macías trabajó con una maqueta idéntica a la que construirá en la Isla Decepción. "Hay que ver el funcionamiento de los materiales antes de desplazarnos, si allí falla algo no tiene solución", apunta.

Férreo en sus ideas y militar de corazón, Macías sabe que hay que compaginar la vida personal con la profesional. Casado y padre de dos niñas, el capitán cuenta orgulloso que todos los niños del colegio de sus hijas podrán ver qué es lo que el Ejército hace en la Antártida con los científicos. Macías participará en una serie de charlas que terminarán con una videoconferencia desde la base militar. "Mi misión es dar a conocer esta campaña y una buena forma de hacerlo es con los niños", recalca.

Eduardo Macías, además, se define como un sevillano de pro, "pero con perspectiva". Haber estado fuera le ha enseñado a querer a la ciudad pero sin caer en los tópicos. Siente adoración por la Semana Santa y es costalero de Jesús Despojado, Cristo que puede convertirse en el patrón de este cometido. Enamorado de la capital, todavía está más orgulloso de ser un sevillano que se sale del cliché y se marcha de misión a la Antártida.

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