Salir al cine

Una trompeta nocturna y melancólica

  • Dentro de la programación del 22º Festival de Jazz, el Cicus proyecta 'Ascensor para el cadalso' (1958, Louis Malle), con música de Miles Davis, y 'Blow-up' (1966, Michelangelo Antonioni), con banda sonora de Herbie Hancock. En Filmin, arranca la 9ª edición del Atlàntida Film Fest y en el patio de la Diputación, cine de verano.  

Cuenta la leyenda (por boca de Boris Vian, testigo de excepción de aquellas sesiones) que Miles Davis se dejó literalmente un trozo de piel de sus labios en la boquilla de su trompeta durante la grabación de la banda sonora de Ascensor para el cadalso, el mítico film inaugural de la nouvelle vague dirigido por Louis Malle en 1957. Y cuenta esa misma leyenda que la peculiar vibración de aquella trompeta triste y melancólica se debe precisamente a esa imperfección, a ese elemento extraño que se coló entre los micrófonos y la cinta de grabación y que el siempre exigente Davis dio por buena en su constante búsqueda de nuevos sonidos.

Más allá de esta anécdota, la banda sonora de Ascensor para el cadalso, filme que podrá verse este próximo lunes 1 de julio (22:30h.) en el ciclo que el Cicus le dedica a las relaciones entre el jazz y el cine y que se completa con la proyección el martes 2 de la no menos extraordinaria Blow-up (1966), de Antonioni, esta con música de Herbie Hancock, marca un hito en la historia del jazz y el cine, de la misma manera que anticipa, en sus hallazgos tonales, melódicos y atmosféricos, muchos de los elementos que, pocos meses más tarde, iban a hacer de los discos Milestones y, sobre todo, Kind of blue, dos obras maestras de la renovación más cool de la tradición jazzística hasta la fecha.

Davis venía de deshacer el quinteto con el que se despegó del bebop en los primeros años 50 y de grabar el mítico Miles Ahead con la big band de Gil Evans cuando el promotor Marcel Romano le propone una gira por Europa para cambiar de aires y conocer nuevos músicos. Francia vive por entonces un idilio con la cultura norteamericana, con su literatura, su cine y, por supuesto, su música, y los jazzistas tienen allí un estatus de prestigio artístico entre el público joven que no encuentran en su país de origen.     

Es en ese ambiente en el que aterriza Davis y en el que se encuentra con un joven cineasta de 24 años que acaba de rodar un documental sobre el mundo submarino de Jacques Cousteau y que admira profundamente su música. Romano los pone en contacto y organiza un par de proyecciones previas y una sesión de no más de tres horas en la que, entre los cócteles servidos por Jeanne Moreau, protagonista del filme y fascinante musa del nuevo cine, se graban los 60 minutos de música de los que luego Malle iba a utilizar apenas 20 en el montaje final de su primera película.    

René Urtreger al piano, Pierre Michelot al contrabajo, Barney Wilen al saxo tenor y el gran Kenny Clarke a la batería iban a ser los escuderos seleccionados para tan memorable sesión basada en la improvisación frente a las imágenes, cuatro músicos que comprendieron perfectamente que el juego aquí estaba en una nueva manera de entender los relevos, las escalas, los diálogos o las estructuras para potenciar ese “jazz modal” que apuntaba hacia el futuro liberado del canon, los clichés armónicos del bebop o los acordes del jazz más tradicional.

Ascensor para el cadalso

La banda sonora de Ascensor para el cadalso se impregna así, desde los rostros en primer plano de Maurice Ronet y Jeanne Moreau hablando por teléfono en la secuencia de créditos, de una particular y premonitoria atmósfera que, sobre la forma de un blues lento y libre, va buscando sus huecos de intervención no exactamente donde dictaría la vieja lógica dramática, sino en nuevos espacios, separados entre sí, que conforman una insólita aproximación a las relaciones significativas entre el cine y la música.

Las sencillas y brillantes ideas melódicas de Davis se abren paso sobre elementos mínimos, por ejemplo, en el icónico acompañamiento nocturno a Jeanne Moreau por las calles y los escaparates iluminados de la ciudad, o emergiendo de nuevo, de manera poderosa, de esa fotografía de la pareja que se revela en la comisaría ante nuestros ojos en la secuencia final de la película.

Más ideas: el diálogo entre el contrabajo y la batería en la no menos memorable escena del ascensor, partida en dos partes entre el silencio (siempre determinante en Davis y en este filme) y la aparición del vigilante nocturno que lo activa al tiempo en que conecta el interruptor de la luz; o ese otro entre la trompeta y el saxo que materializa un diálogo y un juego de réplicas entre parejas en un bar; una más, en el uso del contrabajo solo como recurso rítmico, dramático y temporal en la escena del robo del coche o de la fuga del personaje de Julien. 

9º Atlàntida Film Fest

Nueve ediciones alumbran ya al Atlàntida Film Fest como “el mayor festival de cine online del mundo”, una iniciativa de la plataforma Filmin que cuenta además con su edición física en Palma de Mallorca.Entre el 1 de julio y el 1 de agosto, aquellos que decidan comprar el abono (15 euros, 5 si ya son suscriptores de la plataforma) tendrán a su disposición 110 títulos del cine reciente que toman el pulso a la creación de autor en la ficción y el documental.

Europa continúa siendo el eje de una programación con películas procedentes de un total de 25 países: 41 estrenos absolutos en España, 52 óperas primas y 44 títulos dirigidos por mujeres agrupados en torno a temáticas y epígrafes como Memoria histórica (obras centradas en los errores del pasado de Europa), Política y controversia (historias hacia las que está prohibida la indiferencia), Muros y fronteras (las barreras reales o imaginadas de la Unión Europea), Generación (películas que analizan el comportamiento de las jóvenes generaciones europeas), Identidad (cine de temática LGBTI) y Domestik (sobre la intimidad del ciudadano dinamitada por la política y la economía).

Si la edición presencial está dedicada este año al maestro de realismo social británico Ken Loach, la edición online dedica una completa retrospectiva a Andrés Duque, uno de los mejores valores del ‘otro cine español’ y del que se podrá ver en exclusiva su último documental, Carelia; Internacional con monumento, viaje a las purgas estalinistas y la represión soviética, pero también a los rigores crecientes de la globalización.

Trailer Atlàntida Film fest

Cine en el Patio de Diputación

Ayer miércoles 26 arrancaba en el patio de la Diputación una nueva edición de su ya tradicional y bien programado cine de verano: Pina, el documental en 3D sobre Pina Bausch de Wim Wenders, abría una semana de proyecciones en la que también se podrán ver otros dos filmes sobre la danza, Yuli, de Icíar Bollaín, y Girl, de Lukas Dhont, y que continuará con títulos premiados como Carmen y Lola, El repostero de Berlín, de Ofir Raul Grazier, El reino, de Rodrigo Sorogoyen, o Ha nacido una estrella, de Bradley Cooper.