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La conquista de la capital del Guadalquivir en 1248

  • Conferencia del historiador Marcos Pacheco Morales-Padrón, como su abuelo, en el Ateneo Hispalense e Iberoamericano

Marcos Pacheco Morales-Padrón (izq.) con Martín de Miguel, presidente del Ateneo Hispalense e Iberroamericano. Marcos Pacheco Morales-Padrón (izq.) con Martín de Miguel, presidente del Ateneo Hispalense e Iberroamericano.

Marcos Pacheco Morales-Padrón (izq.) con Martín de Miguel, presidente del Ateneo Hispalense e Iberroamericano. / juan carlos muñoz

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El Ateneo Hispalense e Iberoamericano celebró recientemente la conferencia La conquista de la capital del Guadalquivir y el papel de la naciente Marina de Guerra Española (1248), de Marcos Pacheco Morales-Padrón, historiador que investiga sobre en el río Guadalquivir y su navegación, máster en estudios americanos y nieto del afamado historiador Francisco Morales Padrón, que consagró su vida al americanismo desde Sevilla.

En su conferencia expuso que tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212), las tropas de Fernando III, rey de Castilla y León, aprovechando la desintegración política y psicológica del imperio almohade, inician campañas a lo largo del valle del Guadalquivir tomando Jaén (1230) y Córdoba (1236), donde ensayan bloqueos y razias que en el asedio de Sevilla pondrían en práctica.

Tomada la antaño capital del califato de al-Andalus, Fernando III toma en 1246 la poderosa fortaleza de Alcalá de Guadaíra. El monarca reunió a sus notables en Jaén para trazar la campaña sobre la capital del Guadalquivir. Consciente de la necesidad de bloquear el río para evitar el aprovisionamiento y refuerzo del norte de África, hace llamar al alcalde de Burgos, Ramón Bonifaz, para encargale aprestar, en tres meses, una flota con la que acuda a Sevilla.

En 1247, Fernando III se dedicará a envolver a la ciudad tomando las localidades del valle y sus inmediaciones. En agosto Bonifaz llegó a Sanlúcar, donde su flota de 13 a 15 robustas naos se las vieron con una flotilla de naves comandadas por sevillanos, tunecinos y ceutíes. La victoria castellana puso al Guadalquivir expedito. Llegaron cerca del castillo de Aznalfarache, donde fueron escoltados por los caballeros de la orden de Santiago.

Hasta enero de 1248, Fernando III carecía de soldados suficientes. Sus esfuerzos se concentran en defender a las naves cántabras, que sufrirán las embestidas de los sevillanos. Desde enero de 1248 los combates fluviales cesan con la victoria cristiana. En los siguientes meses, hasta mayo, las tropas congregadas en Córdoba por su hijo, Alfonso X, marcharán hasta Sevilla en número de casi 10.000, entre aportaciones concejiles y nobiliarias. Finalmente, a Bonifaz se le encomienda la ruptura del puente de barcas de Triana, para romper la unión de la ciudad con el Aljarafe y su alfoz el día 3 de mayo, quedando la ciudad incomunicada con la otra orilla.

En los próximos meses, la flota realiza patrullas para evitar el intercambio de víveres con el empleo de barcas. Se intentará tomar la inexpugnable fortaleza de Triana (luego castillo de San Jorge o de la Inquisición), de manera infructuosa. Lo mismo ocurrió con la del cerro de Aznalfarache, intacta desde la llegada castellana. Se practicó un desembarco naval en el Arenal, rechazado por los defensores. El 22 de noviembre de 1248 Fernando III aceptó la cuarta proposición de rendición. Un mes después, sus tropas entrarían en la ciudad desde la puerta Real o de Goles. Desde entonces, y hasta la segunda mitad del siglo XVI, Sevilla se convierte en el puerto comercial y estratégico más importante de la corona castellana, vital para el control del estrecho.

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