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Moral No Ni Ná, unos manjares de película

  • El antiguo cine Las Vegas, en la localidad sevillana de Los Palacios y Villafranca, esconde un templo gastronómico que fusiona la innovación con recetas tradicionales

Moral No Ni Ná, unos manjares de película Moral No Ni Ná, unos manjares de película

Moral No Ni Ná, unos manjares de película / Archivo

Los Palacios y Villafranca es una de las localidades más ricas en lo que ha gastronomía se refiere. La fusión de la agricultura y la ganadería llega a su culmen en la glorieta de los Cuatro Vientos que, por cierto, también es epicentro del arte culinario , un arte culinario que llega a su máxima expresión en Moral No Ni Ná, un restaurante que enamora a sus comensales con una cocina tradicional pero siempre aderezada con una corriente innovadora.

Ya van a hacer seis años desde que el matrimonio formado por María Dolores y Antonio Moral decidieran emprender este viaje gastronómico. Miedos pero ninguna duda y muchas ganas ante algo completamente nuevo. Ella dedicada a sus quehaceres, él un experto profesional de la construcción y el amor de ambos como base para llevar a cabo un negocio que brilla en toda la provincia. Además, entre manjares que hipnotizan al paladar más sibarita, una arquitectura con reminiscencias del cine Las Vegas, uno de los pocos lugares que había de ocio en Los Palacios y Villafranca y que ahora sirve para alimentar el alma de los palaciegos y cualquier erudito del buen comer.

No hay palomitas ni refrescos pero sí un vestíbulo con dos grandes salones donde los grandes estrenos se dan en una carta con numerosas especialidades que María Dolores cocina con todo su cariño y buen hacer: milhoja de presa ibérica, coquinas de Isla Cristina al ajillo, ensaladilla de pulpo con patatas moradas, bombón de merluza a la marinera, chipirón en salsa de foie o alcachofas maceradas a la romana con langostinos, taquitos de jamón y reducción de mosto de Los Palacios, toda una sublime creación para conquistar cualquier galardón que se precie. Además, en los días en los que el Lorenzo saca su mejor cara, las taquillas no venden entradas pero sí ofrecen una terraza de ensueño en la que disfrutar de una tradición ejemplificada en los guisos, los menús diarios o arroces como el cortijero, negro con alioli, de bogavantes o con carrillera y setas. Sin más preámbulos, una realidad entre fogones que supera, con creces, a la ficción.

Ante un futuro poco alentador, el restaurante Moral No Ni Ná ha conseguido erigirse como uno de los establecimientos más aclamados de la villa. Todo ello, gracias a la calidad de unos productos de proximidad con los que se quiere ensalzar la riqueza y el cultivo de una tierra única. Por otro lado, la crisis que asola el país deja poco margen, un margen que han sabido aprovechar a la perfección para ofrecer a sus comensales la mejor calidad a un precio muy asequible.

Entre medidas y restricciones, si en algún momento existe un resquicio para huir de la terrible “nueva normalidad”, unas cervezas heladas, unas buenas gambas “al puñao” y el gozo de comer sin prisas, son características fundamentales de este templo de alta cocina a los pies de los mortales. Ocupen sus butacones que la vida va a empezar.

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