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Actividades Paralelas de la Bienal de Flamenco 2018

Vinos con sabor a flamenco

  • Bodegas Barbadillo organizó en el Espacio Santa Clara una cata para asociar cuatro vinos y cuatro 'palos'

El comedor del antiguo Convento de Santa Clara, ahora convertido en sede cultural del Ayuntamiento, abrió sus puertas al vino y al flamenco. Las sanluqueñas Bodegas Barbadillo y la XX Bienal de Flamenco se unieron en un evento que "ya es tradición en la Bienal", como indicó su director Antonio Zoido. Las mesas fabricadas con las primeras caobas que llegaron de América fueron el soporte para las copas, que fueron llenándose y vaciándose progresivamente conforme avanzaba la cata. Y entre vino y vino, flamenco.

El enólogo Francisco Salas fue el encargado de conducir un acto en el se intercalaban explicaciones vinícolas con espectáculos flamencos. Salas, que dio una clase magistral de crianza biológica y oxidativa del vino, fue asociando los cuatro vinos participantes con cuatro palos del flamenco. Comenzó relacionando un vino blanco Mirabrás con los tangos. "Primero observamos el color, luego lo llevamos tres veces a la nariz y acabamos en la boca". Salas fue pormenorizadamente detallando los caldos e introduciendo al quinteto flamenco, formado por Marga de Jerez al cante, Fabiola Barba al baile, Jesule del Puerto a la guitarra y María La Salaíta y María Barba a las palmas.

El medio centenar de asistentes al evento, repartidos entre las dos filas de mesas, atendió con atención las explicaciones del veterano enólogo y ovacionó a los músicos gaditanos. El segundo vino, bailado por sevillanas, fue la manzanilla Solear. Uno de los productos estrella de Barbadillo al que Salas le dedicó unos versos: "tres cosas tienen Sanlúcar que no se pueden igualar: el Coto de Doñana, Bajo de Guía y la manzanilla Solear". Las alegrías de Cádiz acompañaron a la manzanilla pasada Pastora, a la que también le dedicó bellas palabras: "naciste en el campo, te mimaron en la bodega, te bautizaron como Pastora y en Sanlúcar eres señora". El amontillado Príncipe, de 15 de vejez, y una soleá por bulerías pusieron el broche final a esta cata flamenca, en la que se degustaron cuatro etapas diferentes del mismo vino y se disfrutaron cuatro cantes diferentes.

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