Así era pasear por el centro de Sevilla a finales de los años 90: coches junto a la Catedral y calles sin turistas
Un recorrido audiovisual por el corazón de la ciudad cuando aún era territorio de vecinos, tráfico y comercio local
La intimidad perdida de Sevilla
Pasear hoy por el centro de Sevilla implica convivir con un flujo constante de visitantes, terrazas llenas y calles mayoritariamente peatonales. Sin embargo, hace apenas treinta años, la experiencia urbana era muy distinta. Así lo están recordando estos días una serie de vídeos inéditos publicados en redes sociales por Juan Lebrón, productor de cine y televisión con una reconocida trayectoria internacional y uno de los grandes impulsores del documental audiovisual andaluz.
Lebrón, que ha dedicado buena parte de su carrera a retratar la cultura popular de Andalucía, atesora un archivo de enorme valor histórico, especialmente centrado en Sevilla durante las décadas de los 80 y 90. En la última semana ha ido compartiendo varias grabaciones correspondientes a diferentes zonas del centro histórico a finales de los años noventa, despertando una mezcla de nostalgia y asombro entre los sevillanos.
“Estas imágenes ya no tienen hoy un valor turístico inmediato. La ciudad ha cambiado profundamente, y precisamente por eso su valor es ahora histórico, documental y cultural”, subraya el propio Lebrón en la descripción de uno de los vídeos. Y basta con detenerse en los detalles para comprobarlo.
Uno de los recorridos parte desde la Plaza Virgen de los Reyes, entonces repleta de coches aparcados, una estampa hoy impensable. Desde allí, la cámara avanza hacia la Avenida de la Constitución, cuando aún era una vía abierta al tráfico, con vehículos circulando en ambos sentidos y una presencia humana muy distinta a la actual. El paseo continúa por Mateos Gago, también saturada de coches antes de su peatonalización, y se detiene en el bar Las Columnas, que aparece con apenas unos clientes, lejos de la imagen actual de aglomeración constante.
La grabación prosigue por la calle Tetuán, dominada entonces por comercios locales que, en su mayoría, ya no existen, sustituidos hoy por franquicias y tiendas orientadas al visitante. El pulso comercial era otro, más pausado, más cotidiano.
Otro de los vídeos arranca en la Plaza de la Campana, se adentra en la calle Sierpes, atraviesa la Plaza del Salvador y continúa hasta la Plaza del Pan. Lo que destaca en estas imágenes es la abrumadora presencia de transeúntes locales, vecinos que cruzan el centro como parte de su rutina diaria, en una ciudad que aún no había sido absorbida por el turismo masivo.
“Siete minutos de un travelling sin fin que recorre calles conocidas, íntimas, reconocibles para quienes las habitaron a finales del siglo XX, cuando la ciudad vivía a una escala más ciudadana y más humana”, describe Lebrón en otro de los fragmentos compartidos. En este recorrido, el contraste con la Sevilla actual resulta especialmente evidente.
La cámara parte de Puerta Jerez y recorre de nuevo toda la Avenida de la Constitución, todavía convertida en carretera, antes de adentrarse en la Resolana y regresar después a las calles más estrechas del casco histórico, como la Cuesta del Bacalao. Especialmente llamativa resulta la imagen de la plaza de la Basílica del Gran Poder, con coches aparcados a escasos metros de la puerta del templo, una escena hoy completamente desaparecida.
Más allá de la anécdota visual, estos vídeos ponen de relieve la profunda transformación del centro de Sevilla en menos de tres décadas: del tráfico rodado a la peatonalización, del comercio de proximidad al consumo globalizado, y de una ciudad vivida mayoritariamente por sus vecinos a otra marcada por la presión turística diaria.
Las imágenes de Juan Lebrón no solo rescatan una Sevilla reciente, sino que invitan a reflexionar sobre el modelo de ciudad construido desde entonces.
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