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Un retiro de espíritu abierto

  • Los alumnos de Turismo del taller de empleo de Espartinas organizan visitas guiadas al Monasterio de Nuestra Señora de Loreto para dar a conocer el valioso patrimonio que alberga

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Hace 36 años, Fray Lucas llegó al Monasterio de Nuestra Señora de Loreto, en Espartinas, procedente de Las Palmas de Gran Canaria para iniciar su formación. Tras un periplo por distintos monasterios de la geografía española, hace siete años volvió a recalar en esta abadía del Aljarafe como guardián de la misma. Con él habitan en el edificio 18 frailes, que van de los 22 a los 92 años. Una enfermería con habitaciones, rehabilitadas hace 15 años para una mejor atención de aquellos que están enfermos, hace que éste lugar sea el idóneo para retirarse. Atender el santuario y las ceremonias religiosas que allí y en las parroquias de Umbrete y Espartinas se ofician es la principal tarea de estos frailes pertenecientes a la orden franciscana. Un remanso de paz ahora abierto a aquellos que deseen visitarlo y conocer lo que en su interior se esconde a través de visitas guiadas y que, en breve, permitirá al ciudadano alojarse en su hospedería.

Hasta el 16 de mayo, de lunes a viernes en horario de 09:00 a 14:00, y el resto del año los martes, la decena de alumnos del módulo de Turismo del Taller de Empleo Loreto, cofinanciado por la Mancomunidad de Municipios del Aljarafe y el Ayuntamiento de Espartinas, son los responsables de guiar las visitas gratuitas por el monasterio. Ofrecen dos modalidades: infantil (para niños teatralizadas) y para adultos; ambas, de una hora de duración aproximadamente.

El recorrido se inicia en el acceso al monasterio, donde un guía recibe al visitante e introduce al grupo en la historia del lugar. Una narración que se retrae hasta el siglo XIV, cuando surge la leyenda de la aparición de la Virgen de Loreto cerca de la Torre Mocha, torre militar de construcción cristiana que data de 1250 y que hoy pertenece al monasterio. En este punto de partida se aclara que, "aunque la construcción actual corresponde, en su mayor parte, al siglo XVIII, ya en el XVI existía un santuario".

Las leyendas se suceden a lo largo del circuito y hacen más atractivas las explicaciones. De la historia de la aparición de la Virgen se pasa al porqué de su ubicación en este lugar. El Loreto como tal se construyó en una hacienda propiedad de Enrique de Guzmán y María Manuel. La leyenda cuenta cómo doña María donó a los frailes franciscanos este espacio tras sobrevivir a un accidente y tomar esto como una señal divina. Como curiosidad, se detiene el guía, la bodega de la hacienda, contigua al monasterio. No pertenece a la orden, pero hoy sigue activa y en ella puede comprarse vino.

El Loreto tuvo su máximo esplendor en el siglo XVI, cuando el edifico albergó a más frailes, llegando a la treintena. Entre detalles, se narra durante el recorrido la presencia de 1614 a 1617 de religiosos japoneses; de ahí que en la reciente visita del emperador nipón a Sevilla el Loreto fuera parada obligada. Una placa recuerda en la entrada este acto y una exposición fotográfica, en uno de sus claustros, homenajea a las víctimas del tsunami.

Otras fechas significativas transportan al visitante al siglo XVIII, cuando se rehízo el convento casi en su totalidad, y a 1835, cuando, con la desamortización de Mendizábal, el lugar se quedó prácticamente inhabitado y al frente del mismo permaneció Fray Miguel, Padre Miguelito, a quien se debe la conservación del material eclesiástico y de la huerta. Más cercano en el tiempo y aún en la memoria de muchos, también es una fecha destacable 1953, cuando un incendio arrasó el camarín.

Tras cruzar el pórtico de entrada, con dos azulejos (uno de San Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana, y otro de San Francisco Solano, que habitó el monasterio), se halla el compás, donde se levanta un pilar con azulejos de la escuela de Triana. Continúa el paseo para acceder a la iglesia, creada a modo de ampliación de la sacristía. Destacan, entre obras de arte, un órgano del XVII y un retablo churrigueresco, de Manuel García de Santiago, a quien se le atribuye los otros cinco retablos más pequeños del templo.

Acceder al camarín de la Virgen, reconstruido en su totalidad tras el incendio por Aurelio Gómez Millán, autor de la Basílica de la Macarena, es un privilegio. Además de presenciar de cerca la imagen de la patrona del Aljarafe (datada en el siglo XIV) puede contemplarse la lámpara de plata mexicana que ilumina el lugar. "Por un error en el envío de un feligrés italiano, recaló en este monasterio. Como iba dirigida a la Virgen de Loreto, pero de Génova, decidieron que se quedará aquí; con la autorización del feligrés, claro", reseñan.

El camarín también da entrada a la sacristía. Decorada con frescos, -"muchos no se conservan porque en época de la peste las paredes se encalaban para prevenirla"-, la leyenda y la historia vuelven a unirse en su retablo, donde se cobijan como reliquias unos huesos que, "se cree, forman parte de frailes mártires en Japón".

En el recorrido, el visitante pasará por diferentes claustros, entre otros, el más antiguo, el del Aljibe, del siglo XVI, o el Nuevo, del XVIII, rebosante de flores y plantas.

Aunque no todas las joyas del monasterio pueden ser vistas, -como su biblioteca, que guarda obras de arte de la literatura eclesiástica y civil, legajos, cartas de Alfonso X el Sabio, entre otros-, sí se exponen algunos de sus tesoros en la Sala Fray Miguel del Toro, donde ornamentos y vestiduras litúrgicas, incunables editados por la imprenta de Gutenberg en el siglo XV y otras joyas documentales se exhiben detrás de las vitrinas; y en la Sala Fray Luis de Bolaños de tesoros litúrgicos, donde se muestran retablos procedentes de los tres conventos que había en la calle Sierpes, un crucificado de marfil de nácar filipino o muebles de los Marqueses de Pickman, entre otras valiosas donaciones.

La visita concluye en el patio exterior, el más grande del monasterio. Destaca la Torre Mocha, en cuyo interior se encuentra una imagen de la Virgen de Lourdes y, bajo la misma, uno de los misterios por desvelar del lugar. "Se piensa que hay una serie de pasadizos, que aún no sabemos dónde llevan". Una incógnita que deja con ganas de regresar a quien pisa este "este corazón del Aljarafe a nivel espiritual y cultural".

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