Vivir

Un viaje a la vida

  • Juan Torres emprendió en 2016 su sueño: dar la vuelta al mundo, que fue relatando en su blog 'Juan por el mundo'

  • En Vietnam sufrió un accidente que cambió todo

En la aventura pudo caminar sobre un glaciar. En la aventura pudo caminar sobre un glaciar.

En la aventura pudo caminar sobre un glaciar. / m. g.

Después de cuatro años y medio, para Juan, la vida en París sigue siendo maravillosa. Aunque, tras soplar treinta velas en la tarta, quizás sea hora de emprender el sueño de su vida: vivir en el mundo. Son sus últimos días en la Ciudad del amor, preparando un millón de papeles y cosas varias y, en poco tiempo, partirá desde Lisboa hasta Río de Janeiro. Su primer destino, y el comienzo de una nueva vida.

Al fin llegó ese 11 de octubre de 2016, y despegó rumbo a la experiencia de su vida, que a pesar de todo, le ha enseñado a este andaluz que es maravillosa y que la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas.

El primer destino fue Brasil y a partir de ahí llegó a rincones de Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Colombia y México. Australia fue el siguiente punto, tras el que siguió Indonesia, Singapur, Malasia, Tailandia y Camboya. Países que pusieron frente a sus ojos paisajes de película y que, sobre todo, le demostraron que en el mundo la gente que menos tiene es la que más da. Subió una montaña de 6.000 metros, escaló un volcán activo, y caminó sobre un glaciar, hizo el ramadán en Malasia, entre otras muchas experiencias, que fue relatando en su blog Juan por el mundo.

A muchos, tal y como cuenta él mismo, les parecerá un imposible recorrer el mundo sin un gran respaldo económico. Nada más lejos de la realidad. Pues el mayor reto es salir de la comodidad de una vida sencilla, plantarse una mochila y darse al mundo dispuesto a conocer a personas que te guíen en un viaje y te acojan en su casa.

Después de diez meses de emprender este viaje, Juan se encuentra en Vietnam, en el sudeste asiático. Había conducido otras motos en lugares tan "peligrosos" como Bali o Camboya: "Supongo que me vine arriba y, al ver que en Vietnam todo el mundo lo hacía así, yo también quería disfrutar del país a mi ritmo, a mi bola". Así que decidió comprarse una para recorrer de sur a norte el territorio.

Se despidió del chico que lo había estado acogiendo en su casa, y con algún consejo resonando aún en su cabeza, se subió a ella, sin saber que poco después le iba a tener que poner un punto y seguido a esta aventura. "No sé cómo pasó, y me da igual de quién fue la culpa, ya que eso no cambia nada ya. Solo sé que sentí que algo me tocaba mientras conducía. Eché la vista atrás: un camión estaba muy cerca, tan cerca que había tocado mi mochila y me había hecho perder el control. Luego todo ocurrió muy rápido. De repente, estaba boca abajo sobre el asfalto. Algo me bloqueaba, no podía moverme. Me di cuenta que estaba debajo del camión, atrapado. Y tenía miedo". "Esa pierna no podía ser la mía, eso no podía estar pasándome a mí. Incluso cerré los ojos para que, al volver a abrirlos, todo eso no hubiese sido más que una horrible pesadilla. Pero no. Me estaba pasando. La pesadilla era real". Juan pensó entonces que siendo extranjero y sin apenas poder comunicarse con aquellas personas, la posibilidad de volver a ver su pierna era muy pequeña. Al llegar al hospital, le pidió al cirujano que por favor la salvase, aunque éste no pudo prometérselo. Pero lo consiguieron. Después de unos días, y tras treinta horas de viaje, volvió a España, donde permaneció ingresado un tiempo.

Siete meses y nueve intervenciones quirúrgicas después, Juan vuelve a caminar y se manifiesta como el "más feliz del mundo de ver que, en primer lugar, sigo vivo y de que, increíblemente, mi pierna sigue aquí, conmigo". Y ahora, más que nunca, tiene la certeza de que sólo se vive una vez.

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