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Intenciones insuficientes

  • El esquema ofensivo del Betis sólo traspasó líneas enemigas cuando éstas lo permitieron · La posesión sigue sin dar frutos ante la ausencia de ideas creativas.

El Betis se despidió de la Copa del Rey con una imagen semejante a la de muchas de sus derrotas ligueras. Lo hizo con cinco atacantes en el terreno de juego y sin la capacidad de crear ocasiones claras a un Córdoba convertido en víctima de sus propios miedos.

El Betis inició el duelo sin encontrar espacios suficientes para hacer daño a un rival que sí los tenía. La lentitud de Amaya y Dorado era aprovechada por la facilidad en la transición del Córdoba, que llegaba a posiciones avanzadas con muchos hombres, obligando a Cañas y Beñat a retrasar sus posiciones en exceso.

Con el marcador en contra, mejoró tácticamente por la simple novedad de adelantar líneas. Álex Martínez y Nelson buscaron más el campo contrario y eso ayudó a que Pozuelo y Jefferson entraran en juego. A ello también contribuyó la presencia de Iriney, que aportó más dinamismo al centro del campo desde su entrada y liberó a Beñat, que tuvo más brillo en el segundo tiempo.

Defensa

El obligado cambio de Amaya cambió el panorama de la zaga bética, que mejoró con Cañas, más incisivo en la anticipación. Nelson y Álex Martínez se convirtieron en espectadores del segundo tiempo y sólo intervinieron para cerrar espacios en los contragolpes visitantes. El despliegue físico de Iriney ayudó a dar rapidez a la recuperación, ayudado siempre por un Beñat que cerraba la salida de balón del Córdoba.

Ataque

Beñat generó juego con demasiados contrarios por delante, obligando a los extremos a buscar el desborde para lograr superioridad. Pero el Córdoba sufrió por ambos flancos por la rapidez de Jefferson y el atrevimiento de Pozuelo. Con el 2-1, el Betis perdió cabeza y nunca encontró el buen camino con el corazón.

La entrada de Santa Cruz no mejoró el ya difícil escenario. Las triangulaciones cerca del área fueron más difíciles aún con más delanteros en la zona media, por lo que Santa Cruz cayó demasiado a la banda en vez de ser un rematador más. Rubén Castro se vuelve más pequeño con pocos espacios y sólo las opciones a balón parado acercaron la posibilidad del tercer gol.

Virtudes

La intensidad del segundo tiempo ahogó las buenas intenciones del rival gracias a una buena presión y a intenciones más dañinas.

Talón de Aquiles

La debilidad defensiva siempre existió, además de una falta de ideas en los últimos metros.

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