Sevilla | murcia · el otro partido

Maresca y la teoría de la manta

  • Jiménez, tras el aire fresco del italiano en Pamplona, apostó de nuevo por su fútbol control, antídoto contra la ansiedad · El pichichi Luis Fabiano facilitó la calma chicha de un partido frío y de murmullos

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En el estado de cosas que está viviendo este curso el Sevilla, que alguien baje el balón al suelo y temple los nervios es como una balsa a la que agarrarse en medio del temporal. El equipo de Jiménez necesitaba ganar para evitar la histeria general y lo logró con la nueva apuesta por Maresca, que ya aportó una bocanada de aire fresco en Pamplona. Fue una apuesta un poco a contracorriente de los que se exasperan con su fútbol frío y de control, en las antípodas del patadón y el juego directo que tanto se denostó ante el Mallorca, por ejemplo, y que es el camino más fácil hacia la ansiedad. Aun así, Maresca recibió pitos y fue protagonista de muchos murmullos en la primera parte.

Lo de Maresca ayer se puede glosar con la famosa teoría de la manta que exponía Joaquín Caparrós. Si me tapo la cabeza, me destapo los pies: el fútbol control o la rapidez en la conducción y la distribución. En sustitución de Poulsen, estaba en la posición en la que arrancaba el ataque sevillista y ahí le dio una buena salida al balón, desde la premisa indiscutible, según su forma de ver el fútbol, de buscar al mejor compañero con calma y sólo arriesgar cuando viera a algún jugador de ataque buscando un óptimo desmarque. Quiso triangular buscando a jugadores de toque, como Daniel, Duda o Luis Fabiano, y eso despertó los primeros murmullos.

Sin embargo, fueron sus caracoleos en la medular en un par de ocasiones con opciones de contraataque los que hicieron sonar algunos pitidos. El respetable exigía más rapidez, más tensión en el ataque. Y eso en medio de un partido de calma chicha por el escaso nombre del rival, su forma de juego con muchos hombres por detrás del balón y el cierto sosiego que dio el gol inicial de Luis Fabiano, que enfrió el encuentro a las primeras de cambio con su formidable control de espaldas, su apertura a Jesús Navas y el golpeo mordido que engañó a Notario.

Los pitos arreciaron en la jugada final de la primera parte, cuando Maresca condujo un contragolpe con visos de peligro cierto y se equivocó en la opción. Miró a Duda y le envió un balón imposible y no se dio cuenta de que Jesús Navas estaba solo en el otro flanco del ataque. El palaciego pidió explicaciones con los brazos abiertos mientras buena parte del público mostraba su claro desacuerdo. Maresca se fue a los vestuarios como si tal cosa.

Detrás de su teoría de la manta está a su vez el debate público que ha mantenido el italiano en los últimos días con su propio entrenador. El jugador reflexiona sobre la necesidad de aprender a empatar y el técnico replica con su insatisfacción total por el punto de Pamplona. El futbolista habla de que mira a los de abajo de la tabla cuando termina la jornada y su míster exige mirar arriba por la calidad y el potencial de la plantilla que tiene entre manos.

Lo cierto es que, tal y como se dio el partido, con Luis Fabiano -10 goles en la Liga, 17 en total ya- ejerciendo de taumaturgo contra la ansiedad, salió cara la apuesta por Maresca, que además marcó de penalti después de mucho tiempo. Con lo que había en juego, es justo darle importancia a su discurso del sosiego, que imperó sobre el miedo a las faltas en contra, un síndrome con una nueva víctima, Palop, que se lastimó al despejar un córner.

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