Una cosa es sancionar y otra predicar

l Lo del aparcamiento en Almería daría para varios libros de la Antología del disparate. Desde la imposibilidad de hacerlo a determinada hora de la mañana a la falta de una política clara de fomento y utilización del transporte público. Tampoco es muy entendible el excesivo celo que demuestran los agentes de las Fuerzas de Seguridad en algunas ocasiones y la permisividad en otros momentos, como en esa céntrica vía frente a un reputado colegio en el que día sí y día también se entona un elogio a la doble e incluso a la triple fila. Lo del respeto a las plazas especiales para personas que tienen alguna minusvalía, es algo que, sencillamente, no aparece en el Código de la Circulación almeriense. Aún así, sí que parece que habría que pedir que, por lo menos, la policía lo respetara. Este no ha sido el caso.

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