Sevillanas: un baile popular y flamenco

  • Este género popular de baile y cante, que inunda la Feria de Sevilla, tiene su origen en el siglo de oro

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DESDE la noche del lunes suenan obsesivamente en el real de la Feria de Sevilla. Desde ahora hasta septiembre este alegre son amenizará todas las festividades andaluzas. Las sevillanas son seguidillas, es decir, coplas de cuatro versos heptasílabos los impares y pentasílabos los pares, un baile y canto de origen castellano que se aclimata a las condiciones y actitudes de la capital andaluza. Existen las seguidillas manchegas, las seguidillas boleras, las seguidillas murcianas y las seguidillas sevillanas que, con el correr del tiempo, perdieron su primer nombre pasando a ser denominadas simplemente como sevillanas. Con un ritmo de 3 por 4, es un baile popular en pareja, es decir, de galanteo. Actualmente se interpreta en tandas de cuatro coplas, con unos pasos fijos. Sin embargo, en el pasado llegaron a ser hasta siete coplas en una misma tanda. En un principio, dado su carácter festivo, era un cante en tono mayor, aunque hoy presenta una enorme variedad armónica y melódica. Hasta la década de los sesenta es un baile y un cante popular más, que sólo en contadas ocasiones entra en los estudios de grabación o como ambientación castiza en algún film de temática andaluza. Las primeros documentos sonoros por sevillanas nos los ofrece un cantaor de flamenco, El Mochuelo, en los frágiles soportes de la época, cilindros de cera, hacia 1895. Desde entonces hasta los años sesenta se introduce ocasionalmente en los repertorios de Escacena, La Niña de los Peines, La Niña de la Puebla o Bernardo el de los Lobitos. Este genial cantaor de Alcalá de Guadaíra cuenta con una grabación de las sevillanas corraleras (1955) tan delicada e hiriente como grácil. En los primeros sesenta surgen, en las voces de Los Hermanos Toronjo, El Pali o Los Hermanos Reyes, sus primeros cultivadores especializados.

El género da un vuelco a partir de 1970 en las voces de grupos como Los Romeros de la Puebla o Los Marismeños: se aceleró y sufrió la incorporación del bajo eléctrico, las orquestas de cuerda y los sintetizadores. A partir de este momento su temática se va ampliando y su estrofa literaria se torna más flexible. Los ochenta son la década de máximo apogeo, no sólo en Andalucía, en toda España, proliferando los tablaos monográficos y las academias dedicadas a su enseñanza. Intérpretes especializados como Ecos del Rocío, Ana Reverte, Salmarina, María del Monte y Cantores de Híspalis logran éxitos de ventas de sus discos y su presencia en programas de radio y televisión es habitual, como genuinos representantes de un género popular y ligero más. El pueblo de Sevilla las bailó siempre, como podemos comprobar en el Tratado de bailes del maestro José Otero (1912), una obra que expone pormenorizadamente la coreografía contemporánea de la sevillanas, fijada a finales del siglo XIX por este maestro bailador. La excelente película Sevillanas (1992), de Carlos Saura, muestra su diversidad lírica, coreográfica y musical. Matilde Coral o Manuel Salado, entre otros, firman interesantes vídeos didácticos para su aprendizaje. Entre las novedades discográficas de este año destacamos a clásicos como El Mani, que en su nueva entrega Con Poderío muestra la dulzura, el sentimentalismo y la naturalidad que son sus señas de identidad. Más recargada se presenta Toda una vida el último disco de Ecos del Rocío, una reflexión cantada sobre la madurez. En la misma línea de lujosa producción se sitúa Mírame a los ojos, la novedad de los almonteños Requiebros, siempre sensibles a la devoción rociera. De la más joven generación cantaora nos llega en este 2013 una entrega colectiva, Al son de las sevillanas que incluye las voces de Marisol Segura, Caireles, De Caramelo, Calle Mina, Aires de Huelva, Aromas de la Rocina y Brisa Marina. Aunque en ocasiones han sido minusvaloradas en el ámbito flamenco, lo cierto es que las sevillanas encierran todas las claves del arte jondo porque están en sus mismos orígenes.

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