El flamenquín echa un pulso a la tortilla y al pimiento frito

  • Los hosteleros instalados en las casetas no han notado grandes diferencias respecto a otras ferias y hablan de consumo moderado

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LOS únicos brotes verdes que han visto los hosteleros de la Feria de Abril son los pimientos fritos, uno de los platos estrella. El consumo sigue estancado, aunque aseguran que lo peor se vivió el año pasado. El calor contribuye a beber más para aliviar el gaznate, pero también retrasa la llegada de muchas familias al real de Los Remedios. Lo comido por lo servido. Los fritos siguen siendo una apuesta segura. Platos para compartir con muchos tenedores. La tortilla y el ya mencionado pimiento frito siguen reinando en las trastiendas de las casetas, eso sí, como permiso del flamenquín que se ha destapado como un manjar más que socorrido con el que agasajar a los invitados y amigos. Lejos quedan aquellas ferias en las que las gambas, las cigalas de tronco o las raciones de jamón, se despachaban con suma alegría.

Prácticamente todos los hosteleros afirman sin tapujos que el consumo se mantiene, y aunque no sea una gran alegría, no supone una resta en las expectativas que siempre genera la Feria de Abril para este colectivo que tanto está sufriendo por la crisis. "No veo diferencias respecto al año pasado. Sí hay menos gente a medio día por el calor tan tremendo que está haciendo, pero a última hora de la tarde remonta y ya aparece más público", asegura Antonio Romero, uno de los camareros de Juan Belmonte, 65. En esta caseta, que es de las que tiene poco fondo, y por tanto menos capacidad, se despachan mayoritariamente tortillas y pimientos. Y, por supuesto, la revelación de la feria: el flamenquín. "Tenía gambas y las he tenido que tirar porque nadie las pide. Los platos de jamón sí salen más". En cuanto a las bebidas, cuenta que hay de todo, aunque con el calor ha repuntado la venta de cerveza. La manzanilla y el rebujito no le van a la zaga. Y como no son ajenos a las dificultades, este año han tenido la deferencia de bajar un poco los precios para animar el consumo. "A ver si por esas...".

Con Antonio Romero está Manuel Caballar. Su caseta se llama El Rincón, y está en Pascual Márquez, 239. Coincide con su colega en que no ha notado grandes cambios respecto a años anteriores, y ya lleva seis años trabajando bajo las lonas. En esta caseta familiar se dispensa de todo, aunque los reyes también mandan aquí, "El pimiento frito y la tortilla. Podemos hacer unas 200 al día. Por supuesto el flamenquín", afirma esta persona que durante el resto del año regenta el bar de la peña bética de Chucena. El miércoles, día festivo, fue muy bueno para las ventas, así que esperan que el Ayuntamiento busque la fórmula para institucionalizarlo todos los años. El fin de semana ya es otra cosa. La gente va menos a la Feria. Los precios llevan tiempo congelados: "La tortilla y los pimientos están a cinco euros y la media de manzanilla, a seis". Y para beber no lo duda: cerveza y rebujito.

Una percepción un tanto diferente tiene Manuel Morales, Manolo el del Aero, como es conocido. Es el encargado de la caseta del Aero Club, situada en la calle Joselito el Gallo, 75. "Está todo muy tranquilo. Creía que iba a estar algo mejor. Este año se ha notado la crisis todavía más". Esta clásica caseta, tanto como su sede social de la Avenida de la Constitución, suele recibir más público al medio día para disfrutar de la buena comida a la carta que ofrece el catering de Juliá, aunque su responsable echa en falta más alegría: "No hay el ambiente de otros años. Las noches son muy tranquilas. Yo creo que las casetas se están abriendo más al público en general para que puedan vender lo necesario para cubrir todos los gastos que genera una Feria como ésta".

Sí hay algunos brotes verdes en la caseta Los Armaritos, en Chicuelo 49-51. El motivo, lo explica Andrés López, uno de los camareros: "Se ha producido una apertura en los socios. Han entrado los hijos y están viniendo mucho y el ambiente está mucho más animado que otros años. Se ha notado el cambio". El calor también ha modificado los hábitos en esta caseta de corte familiar: acuden más después de comer y por la noche. Entre las raciones que más se piden, como no podía ser de otro modo, están el flamenquín, la carrillada, o los chocos fritos, y los precios son más que moderados.

Donde la crisis apenas se percibe por el gran trasiego de personas que copan las mesas y las sillas desde primera hora es en las casetas de distritos. Así ocurre, por ejemplo, en la del Cerro-Amate, situada al final de Pascual Márquez. "Está siempre llena. Lo que más se consume es la tortilla y el pimiento frito. Y mucho rebujito y cerveza".

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